Con cadena humana exigen desaparición de Poderes en el estado

Con cadena humana exigen desaparición de Poderes en el estado

Foto: Mayra Guarneros
Foto: Mayra Guarneros
Josué Cantorán

@josuedcv

A las 6:20 de la tarde seguía habiendo poca gente detrás de la lona blanca que decía «Renuncia Moreno Valle, los pobladores no te queremos», así que los asistentes a la manifestación pacífica en la que se formaría una cadena humana desde el zócalo hasta Casa Puebla decidieron dar una vuelta completa alrededor de la plaza, mientras gritaban consignas, para motivar a más marchantes y esperar a los que estuvieran aún por llegar.

Funcionó. Cuando la lona blanca –ilustrada con fotos del líder campesino Antonio Esteban Cruz, el menor José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo y el luchador social Delfino Flores Mora, muertos entre junio y julio en diferentes acciones cuya responsabilidad se ha adjudicado al gobierno del estado– regresó al frente del Palacio Municipal, el contingente encabezado por representantes de organizaciones sociales y políticas ya comenzaba a cobrar más seguidores.

La convocatoria se había hecho de manera sencilla, sobre todo a través de las redes sociales, y la demanda era clara: la desaparición de los Poderes en el estado de Puebla, esto debido a las políticas consideradas represivas implementadas desde el gobierno estatal, encabezado por Rafael Moreno Valle Rosas, así como al actuar del Congreso local, que ha aprobado leyes enviadas desde el Poder Ejecutivo, casi sin discusión, que han causado perjuicios en la ciudadanía.

Tras esa lona blanca, tan grande que era cargada entre unas cinco personas, estaban las panistas Ana Teresa Aranda y Violeta Lagunas, opositoras, pese a su filiación partidista, a la gestión morenovallista, pero estaban también líderes y simpatizantes del Movimiento de Regeneración Nacional, como su consejero René Sánchez Galindo, e integrantes de organizaciones civiles como el Movimiento de Trabajadores Administrativos Sindicalista, El Barzón, el Movimiento Alternativa Social o el Contingente Puebla.

Y también llegaron, y así se hacía un total de unos 500 manifestantes, aquellos ciudadanos que, sin origen partidista ni necesariamente integrantes de la llamada sociedad civil organizada, salieron a marchar invitados por convocatorias de las redes sociales y motivados por una indignación genuina ante los distintos casos documentados en los últimos meses de represión y autoritarismo.

(…) pese al agotador camino en picada que lleva a Casa a Puebla, la residencia oficial del gobernador en turno, muchos llegaron hasta la puerta de entrada y colocaron sus veladoras en la entrada principal formando dos cruces, y colocaron también sus pancartas, las que exigían la liberación de Enedina y las que decían «Góber bala, Puebla no te aguanta» o «Moreno Valle, Puebla no acepta asesinos», formando un gran tapete de exigencias.

«Queremos frijoles, queremos maíz, queremos a Moreno fuera del país», gritaba un grupo de personas, para luego seguir con «Moreno decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería», además de las consignas más comunes como «El pueblo unido jamás será vencido».

Cuando la marcha se abrió paso sobre la avenida Juan de Palafox, un gran listón negro al frente de todos los manifestantes no dejaba duda sobre el carácter luctuoso de la manifestación, debido a la muerte del niño José Luis Alberto, y pese a una organización insuficiente, la gente empezó a formarse en fila india, una persona tras otra, de manera que cuando el contingente caminaba sobre el bulevar 5 de Mayo ya tenía aspecto de una verdadera cadena humana.

–Los que estamos aquí estamos conscientes que nuestra presencia significa –dijo Ana Teresa Aranda en un breve acercamiento con la prensa– el repudio total a la represión de Moreno Valle, el repudio total al atropello que está viviendo la ciudadanía poblana, el pueblo de Puebla, que se manifiesta de muchas maneras, porque ya no tenemos división de poderes, porque tenemos a un Congreso arrodillado a las órdenes del gobernador, que aprueba leyes que lastiman al pueblo, como la Ley Bala y la Ley de Expropiación.

Detrás de Ana Teresa venían otras mujeres vestidas con mandiles y sencillos vestidos que portaban pancartas con las que exigían la liberación inmediata de Enedina Rosas Vélez, comisaria ejidal de San Felipe Xonacayucan, presa en el Cereso de Atlixco por oponerse a la construcción del gasoducto Morelos en su comunidad.

Unos jóvenes repartían veladoras entre los asistentes a la marcha, unas mujeres que observaban el paso de los manifestantes desde la acera opinaban que los organizadores debieron mandar a hacer botones o pines con la leyenda «Moreno Valle renuncia», y de vez en cuando algún auto en el carril del sentido opuesto hizo sonar el claxon en aprobación a la marcha.

–Tenemos que recordar que se aproximan las elecciones, inicia el proceso electoral en noviembre –dijo Misraim Hernández, del Contingente Puebla–. Éste es un mensaje para todo aquel que quiera ser representante de elección popular: no vamos a permitir que sigan abusando del poder para coartar nuestros derechos y nuestras libertades, mucho menos para hacernos despojo de nuestras propiedades.

Alrededor de las 7:15, cuando la vanguardia de la manifestación caminaba cuesta arriba sobre la 10 Norte, a un costado de las instalaciones de la Cruz Roja, las primeras gotas de lluvia cayeron sobre los manifestantes, apagaron las mechas de las veladoras encendidas en memoria de José Luis Alberto Tehuatlie y dispersaron a unos cuantos manifestantes que se resguardaron donde pudieron.

Pero otros siguieron, y pese al agotador camino en picada que lleva a Casa a Puebla, la residencia oficial del gobernador en turno, muchos llegaron hasta la puerta de entrada y colocaron sus veladoras en la entrada principal formando dos cruces, y colocaron también sus pancartas, las que exigían la liberación de Enedina y las que decían «Góber bala, Puebla no te aguanta» o «Moreno Valle, Puebla no acepta asesinos», formando un gran tapete de exigencias.

En primera fila, junto a la puerta, se formaron Ana Teresa Aranda, Violeta Lagunes y sus acompañantes, y gritaron consignas como «Si Zapata viviera, con nosotros estuviera», y cuando una mujer que iba en ese grupo propuso que Aranda diera unas palabras al resto de los manifestantes, otra mujer, molesta, gritó: «Esta lucha no es de Ana Tere, es de los ciudadanos». Y alrededor de las 8:00, casi para finalizar, los manifestantes cantaron el Himno Nacional.

Ahí estuvieron un rato más todos los manifestantes, de ideologías diversas y hasta contrarias, el panismo disidente del gobierno estatal, las organizaciones políticas con discursos de vieja izquierda y los ciudadanos que llegaron en lo particular, sin representar a nadie más que a sí mismos, hasta que los fotoperiodistas tuvieron tomas suficientes de las veladoras y las pancartas, y la luz del día empezó a apagarse por completo.

Nadie salió de Casa Puebla, nadie atendió la puerta, pero ahí se quedaron las dos cruces de veladoras en memoria de José Luis Alberto.

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