Apuntes del frío extremo

Apuntes del frío extremo

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El Monte Real en invierno. Foto tomada de: revistareplicante.com
Jaime Porras Ferreyra | Revista Replicante

@replicantemag

Días después de la llegada del nuevo año, como consecuencia de la ola de frío que azotó a buena parte de Norteamérica, Montreal hizo frente a temperaturas que alcanzaron los -37º C. ¿Cómo se vive en un clima tan inclemente y qué lugar ocupa el invierno en el corazón de los habitantes de la ciudad?

El frío es a veces un asesino inmisericorde. El 2014 comenzó con noticias provenientes de Estados Unidos y Canadá que informaban de las desgracias provocadas por una ola gélida. Tan sólo en suelo estadounidense 21 personas fallecieron y las pérdidas económicas se calculan en 5 mil millones de dólares. Si bien ciudades como Chicago y Detroit están acostumbradas a muy bajas temperaturas, varios registros históricos se rompieron a principios de este año, por lo que hubo que hacer frente a situaciones poco comunes para garantizar los servicios básicos para los habitantes. Otras urbes poco familiarizadas con fríos tan crudos, como Atlanta o Birmingham, vivieron momentos de suma complejidad, teniendo que pedir ayuda al gobierno federal.

Existen sin embargo ciudades canadienses en donde las temperaturas sufridas por los estadounidenses suceden con frecuencia. Una de esas urbes es Montreal. La metrópoli más importante de la provincia de Quebec es una de las ciudades del hemisferio norte donde el frío se presenta con mayor severidad. A pesar de los servicios y estrategias para evitar los estragos de los seis meses de invierno, las temperaturas representan todo un desafío para sus habitantes, sobre todo para los miles de inmigrantes que la ciudad acoge cada año. Al mismo tiempo, la nieve y el viento helado se han convertido en elemento esencial del alma de sus pobladores.

Vórtice polar fue uno de los trending topics del comienzo del 2014. El vórtice polar es un conjunto de áreas de aire giratorio sobre los polos que se ubican en la tropósfera y la estratósfera y que se mueven a velocidades distintas. El problema es cuando ciertas variaciones provocan que el frío encerrado por el vórtice polar se libere súbitamente y descienda hasta las capas inferiores de la atmósfera, lo cual genera las desgracias ya conocidas.

Desde la otra trinchera, algunos científicos “negacionistas” señalan que han ocurrido en la historia otras rachas de temperaturas tan radicales como las que se sintieron a principios del año.

En los medios de comunicación se han librado fuertes discusiones entre los que aseguran que la ola de frío es una secuela más del cambio climático y los que afirman que esos fenómenos siempre han existido. John Holdren, asesor del presidente Obama en temas de ciencia y tecnología, sostiene que existe un creciente número de evidencias que relacionan al calentamiento del planeta con el aumento en la media anual de temperaturas y precipitaciones, por lo que los fenómenos meteorológicos extremos se irán incrementando con el tiempo.

Desde la otra trinchera, algunos científicos “negacionistas” señalan que han ocurrido en la historia otras rachas de temperaturas tan radicales como las que se sintieron a principios del año. El debate está servido, siempre y cuando se base en argumentos científicos y no en intereses vinculados a la bolsa de valores o en la paranoia.

Si se levantara una encuesta para preguntar a los latinoamericanos cuál es la metrópoli más fría del mundo, Moscú ocuparía de seguro uno de los primeros lugares. A la capital de Rusia se le asocia fácilmente con imágenes de señoras vestidas con gigantescos abrigos de piel y a soldados de la Wehrmacht congelándose en las cercanías de la ciudad. Si el frío fuese disciplina deportiva, Montreal y Moscú protagonizarían un clásico igual de visceral que un Boca-River.

Ambas urbes tienen cifras tan parecidas que costaría mucho trabajo declarar a la ganadora para saber cuál de las dos es más helada. Por un lado, Moscú es apenas un grado centígrado más fría comparada con Montreal en cuanto a la temperatura diaria promedio anual (5.8º C y 6.8º C respectivamente), y en 1940 los moscovitas tuvieron la jornada más gélida de su historia al registrar el termómetro -42.1º C, por “apenas” -37.8º C de la metrópoli canadiense en 1957. Por otra parte, en enero y febrero —considerados los meses más fríos del año— Montreal es más implacable que Moscú en poco más de dos grados, al promediar la ciudad norteamericana -8.7º C en comparación con los -6.6º C de la rusa, a lo que habría que añadir los 2.60 metros de nieve recibidos anualmente por los montrealenses frente a 1.52 metros de las calles de Moscú.

Por lo tanto ambas ciudades juegan en las mismas ligas, así que Montreal no debería tener complejos frente a la capital rusa al momento de que aflore en alguna conversación el tema de las ciudades-congelador.

Extracto del texto publicado originalmente en Revista Replicante. Para seguir leyendo click aquí

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