“La lucha no ha terminado”, advierten presidentes auxiliares

“La lucha no ha terminado”, advierten presidentes auxiliares

Foto: Marlene Martínez
Foto: Marlene Martínez

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Este lunes 21 de julio, mientras los presidentes de varias Juntas Auxiliares de Puebla tenían una reunión a puerta cerrada, decenas de personas sentadas en las sillas plegables de metal rezaban un rosario en el parque de Chalchihuapan, en memoria del niño José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo.

Llevaban ahí desde la noche del domingo cuando llegó el cuerpo del menor, quien estuvo hospitalizado desde el 9 de julio y después declararon su muerte cerebral hasta que, al cabo de varios días, murió. La prensa se enteró antes que su mamá, Elia, que estuvo sentada toda la mañana del lunes en la primera fila, frente al féretro.

Por la mañana, a eso de las diez, el ataúd era blanco pero una hora más tarde es verde, es rojo, está lleno de flores que han ido a dejar personas de varios pueblos cercanos a la Junta Auxiliar de Chalchihuapan, del municipio de Ocoyucan, entre las ciudades de Puebla y Atlixco.

Cuando se empezó a repartir el desayuno –café, té y pan– para todos los asistentes al velorio de José Luis Alberto, una monja se paró a hablar. A un lado del cuerpo del menor, dijo que él se había convertido en un mártir y que su pérdida debería servir para acabar con la división en el pueblo. Y al parecer así ha sido porque más de 150 Juntas Auxiliares de todo el estado de Puebla se han solidarizado –con su presencia física o con llamadas telefónicas–, repudiando la muerte del niño, quien se convirtió, lamentablemente, en la primera víctima de la polémica #LeyBala. La legislación que fue aprobada el 19 de mayo, justo dos meses antes de que se declarara oficialmente la muerte de José Luis, el sábado 19 de julio.

Después de la noche en vela, cerca de las dos de la tarde los presidentes de varias Juntas Auxiliares dieron una rueda de prensa donde estaba presente también la señora Elia, mamá del niño.

Ella no habló: tenía la mirada en un punto fijo en medio de la habitación de la presidencia. Las autoridades locales recordaron que todo comenzó cuando quitaron las facultares a la figura de Juntas Auxiliares, con lo que no sólo les arrebataron la función del Registro Civil –que implica pérdida de dinero y tiempo a todas las personas que ahora se ven obligadas a ir hasta las cabeceras municipales, con trayectos que a veces rebasan las dos horas– sino su autoridad y procesos democráticos, de usos y costumbres, como Pueblos Originarios. La lucha, dijeron, no ha terminado, porque el motivo inicial de las manifestaciones –que fue a raíz del problema con las Juntas Auxiliares– sigue sin ser atendido ni escuchado por el gobierno.

Cuando se enfrentaron los manifestantes del pueblo al cerrar la autopista Puebla–Atlixco y policías –que aventaron balas de goma y granadas, recogidas y guardadas por los pobladores y presentadas posteriormente ante medios y legisladores federales en dos ocasiones–, José Luis Alberto estaba ahí. Y ahí le hirió la bala de goma, proyectil supuestamente “inofensivo” pero que también quitó la vida al activista y director teatral Francisco Kuykendall, quien fue hospitalizado el 1 de diciembre de 2012 durante las manifestaciones por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y falleció el 26 de enero de 2014.

El video y las imágenes del niño con el rostro ensangrentado circularon en las redes y en medios. El tema se volvió nacional mientras el gobierno de Puebla sigue negando su responsabilidad, y ha hecho lo posible por establecer que fue cohetón de los propios manifestantes lo que mató a José Luis Alberto.

En la conferencia de prensa todos hablaron menos Elia, que había estado horas en la explanada, frente al féretro donde estaba el cuerpo de uno de sus cuatro hijos, llorando, recibiendo abrazos solidarios, coronas de flores, gestos de apoyo de personas que ni siquiera la conocían, ni a José Luis Alberto.

Arriba del ataúd colgaron dos mantas, una que decía “Moreno Valle ¡Asesino! No a la Ley Bala. Un niño la víctima”, y otra advirtiendo de las reformas federales de expropiación, con las imágenes del gobernador Rafael Moreno Valle y el presidente Enrique Peña Nieto. A un lado, bajo el sol, estaban colgados un moño blanco y uno negro y detrás de ellos, en la pared color coral claro de la presidencia auxiliar, un letrero: “Registro civil clave 106-02”.

Al final un reportero le pregunta a Elia sobre si considera una posible demanda y contra quién sería. Su voz es muy suave, se diluye con el ruido de todos los que rezan y cantan afuera el rosario en nombre de José Luis Alberto. Elia dice que contra el gobernador, porque no da solución, porque es un mentiroso.

Distractores

Un medio de comunicación nacional acusó a la diputada federal Roxana Luna de aprovecharse del levantamiento de Chalchihuapan y la tragedia de José Luis Alberto para su beneficio personal. Medios locales difundieron videos donde la señora Elia, madre de José Luis Alberto, dice que fueron los cohetones de los manifestantes los que provocaron la muerte de su hijo. La atención se empieza a desviar.

Pero al final del día hay un muerto. Un niño de nombre José Luis Alberto al que mataron las balas de goma de la #LeyBala, que ahora Rafael Moreno Valle piensa abrogar. El origen del conflicto, sin embargo, el arrebatamiento de los registros civiles sigue sin ser discutido y, como ya advirtieron los presidentes de las juntas auxiliares, la lucha no ha terminado.

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