En ruta por Tepito, el barrio bravo de México DF
 
Por Lado B @ladobemx
29 de junio, 2014
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Tomada de fronterad.com/

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Javier Molina | Frontera D

Cuando un habitante de México DF menciona la palabra Tepito un velo negro ensangrentado parece envolver momentáneamente la conversación. Se dice que allí ocurren asesinatos, secuestros, que allí operan los cárteles del narco más poderosos, que uno puede asistir a peleas de gallos, de perros y hasta de seres humanos, que allí venden armas de fuego, bazucas, misiles y hasta de aviones de caza. Todo tipo de fantasmadas y teorías conspiranoicas (unas más reales que otras) afloran al referirse al barrio bravo de la capital mexicana.

Es innegable que Tepito y sus alrededores arrastran una larga historia de criminalidad y delincuencia que adquiere su epicentro en la calle de Jesús Carranza, definida por los medios del país como la vía más peligrosa de la capital mexicana, la que ha albergado al mayor número de vecinos que hoy están en prisión, en la que se registran más asesinatos y la que concentra los mayores puntos de venta de droga. Pero la fama y la mala prensa siempre es reduccionista y más en una ciudad con tendencia al tremendismo, una ciudad que –imposible negarlo– durante años tuvo una fama temible: en el centro del DF, hace diez años circulaban pandillas de taxistas secuestradores, violadores, bandas de narcomenudistas y un sinfín de asaltadores que hacían la vida imposible a quien se atrevía a caminar de noche en ciertos barrios.

Desde hace una década la megalópolis ha ido cambiando a pesar de la guerra del narco y la psicosis que generó. Como muchas capitales de Latinoamérica, México DF ha experimentado el resurgimiento del centro histórico como núcleo cultural de primer orden. Por el día el viandante encuentra centros culturales, teatros, espectáculos y galerías de todo tipo de reciente fundación. Por la noche, las calles próximas al Zócalo (la plaza central de la ciudad) están plagadas de bares y discotecas que empiezan a hacer competencia a los de las zonas tradicionalmente festivas, como la Roma y la Condesa (al suroeste del centro). Cada vez más jóvenes se mudan a los alrededores del Zócalo y, consecuentemente, cada vez hay más luz, más fiesta y más vida en las calles.

Tepito (el barrio que colinda al norte del Zócalo) es el gran zoco de la piratería, un centro laboral que proporciona sustento a muchas familias de comerciantes. “En Tepito no tenemos McDonnalds, ni Oxxos, ni cadenas o franquicias, aquí hay puro comercio local”, cuenta uno de los fruteros del mercado. El barrio es un gran pasadizo comercial  rodeado de puestos ambulantes entoldados con lonas de plástico de colores rojo, azul, verde, naranja y amarillo. Un muestrario de rarezas: bártulos, cacharros, películas pirateadas, juguetes, electrodomésticos, muebles, montañas de ropa, artesanías, esculturas y todo tipo de cachivaches tecnológicos. Un barrio sucio e imponente, entre lo canalla y lo degradado; un gran bazar de mercaderes callejeros; el escenario en el que cristaliza la informalidad y el menudeo mexicano. A mi paso encuentro zapaterías, relojerías, restaurantes, teibols y hasta salas de baile, “porque Tepito también es eso”, un barrio musical en el que no es extraño ver a gente bailar salsa en medio de la calle y en el que siempre tendremos los oídos atronados, escuchando tecno, bachata o reggaetón pasado de decibelios proveniente de las tiendas de discos piratas. “Aquí puedes encontrar todo lo que busques”, me dice uno de los comerciantes del barrio.

Pero no es del todo cierto: si algo le falta a Tepito es cultura. El barrio canalla se resiste a entrar en el circuito que está expandiéndose por el centro del DF con la fuerza de una onda expansiva. Las salas de conciertos, los cafés teatros y las salas alternativas ya han desbordado los márgenes del casco histórico y penetran poco a poco en barrios como Santa María de la Ribera (al oeste del Zócalo) que hace poco tenían fama de peligroso y poco recomendable.

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Lado B
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