Linchamientos en Argentina: ¿colectivización o privatización de la justicia?

Linchamientos en Argentina: ¿colectivización o privatización de la justicia?

Análisis de Fabiana Frayssinet | IPS

Buenos Aires. La palabra linchamiento nació y se generalizó en Estados Unidos para designar “el castigo colectivo violento a personas de distinto color” y se afianzó después en varios países latinoamericanos. Sorprende ahora en Argentina y remite al universo simbólico de su origen: “la privatización de la justicia”, contra los marginados de siempre.

En menos de dos semanas se supo de una docena de linchamientos o intentos en Argentina y en el primero, el 22 de marzo, murió David Moreyra, un joven de 18 años, después de que presuntamente intentó robarle el bolso a una mujer en la ciudad central de Rosario.

Tomada de ipsnoticias.net/
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“Linchamiento” (“lynching”) tiene su origen en la Guerra de Independencia estadounidense, cuando el juez Charles Lynch decidió castigar fuera de la ley a un grupo de leales al imperio británico pese a que ya habían sido absueltos por un jurado oficial, recuerda en un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Leandro Gamallo.

Luego el término se utilizó para designar la práctica de los “cazadores de hombres” -hombres blancos del sur de Estados Unidos- que organizaban “patrullas” civiles para capturar a supuestos maleantes.

Esta “justicia popular” daría después paso al “uso de la fuerza colectiva como un método de explotación y segregación racial realizada por los blancos hacia los negros”, especifica Gamallo.

Los linchamientos han vuelto al debate latinoamericano, cuando instigados o apenas reflejados por los medios (según un inacabado debate) surgieron en Argentina, un país donde no existe una “justicia comunitaria tribal” arraigada, como la de Bolivia, Ecuador o Guatemala.

Estos asesinatos ya son bien conocidos en Bolivia, donde la Defensoría del Pueblo reportó 53 casos entre 2005 y octubre del 2013. También se cometen en Brasil, México, países andinos y centroamericanos.

“En un contexto marcado por nuevos conflictos sociales, mayor desigualdad, creciente desorganización social y discursos punitivos, nuestro país parece estar abriendo una peligrosa caja de Pandora”: Maristella Svampa En Guatemala, el politólogo Marcelo Colussi los vincula a un tejido social descompuesto por más de tres décadas de conflicto armado interno (1960-1996).

Pero en todos los casos, el común denominador pareciera ser el mismo: víctimas pobres, indígenas o negras y una privatización de la justicia ante la inseguridad real o aparente.

Los muertos “siguen siendo los mismos que sufrieron lo peor de la represión en años pasados, y quienes históricamente han estado alejados de los beneficios de un desarrollo equitativo” en Guatemala: “indígenas de origen maya, por siempre pobres”, asevera Colussi.

“Hay un proceso de estigmatización de jóvenes pobres”, resaltó a IPS el historiador argentino Diego Galeano, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, aunque considera prematuro aseverar que existe una ola de linchamientos en su país.

Sin embargo, Galeano, investigador de la historia transnacional del delito en América del Sur, advierte sobre la gravedad de un “desplazamiento del modo en que se regula la violencia” en Argentina.

La socióloga argentina Maristella Svampa se remontó a los saqueos de finales de 2013, iniciados en la central provincia de Córdoba, para recordar a IPS que allí “asomaron intentos de linchamiento a supuestos saqueadores cuyo único delito, además de la portación del rostro (jóvenes pobres y morenos), era atravesar el barrio Nueva Córdoba, sede de sectores medios y acomodados”.

Pero hay otro ángulo que, según la investigadora del estatal Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, merece una advertencia: el de los grupos armados dispuestos a intervenir contra los saqueadores (en fotos divulgadas en redes sociales) que interpreta como “un tenebroso intento de privatización de la justicia”.

“Ambos hechos (intento de linchamiento y grupos de autodefensa), como respuesta colectiva a los saqueos, develaron un síntoma de profundo retroceso de la democracia y de los derechos humanos”, planteó Svampa.

De esa forma, “en un contexto marcado por nuevos conflictos sociales, mayor desigualdad, creciente desorganización social y discursos punitivos, nuestro país parece estar abriendo una peligrosa caja de Pandora”, alertó.

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