El olvido, la verdadera muerte del artista

El olvido, la verdadera muerte del artista

Al florecer las orquídeas,

en la lunar claridad,

renovarán tus promesas,

de eterna fidelidad,

y cuando mueran al alba,

dirán de pena hacia Dios,

y mis sueños irán,

con dolor a llorar,

un amor que se perdió.

Orquídeas a la luz de la luna, canción escrita por Vincent Youmans para la película

Volando a Río, interpretada por Dolores del Río, Fred Astaire y Ginger Rogers.

Después sería un famoso tango.

Foto: Ambar Barrera
Foto: Ambar Barrera

Mely Arellano

@melyarel

El escenario es pequeño, íntimo. La luz es al principio total, quizás sol de mediodía. La escenografía, mínima, suficiente, cuidadosa: un sofá isabelino, un espejo doble, un teléfono, un excusado y un par de mesas.

Primero aparece la frágil y ligera Dolores con un vestido blanco, vaporoso, casi angelical. A los pocos segundos entra María, rotunda, altiva, vestida de negro y joyas de plata. El público las mira, casi puede tocarlas. Ellas lo saben. Hablan de él, porque aun sin saberlo es un personaje más, su aplauso es la razón de que existan: su Frankestein, las crea y las mata.

Las mujeres, un par de chicanas locas que desatan a la menor provocación un juego de recuerdos, se resguardan del tiempo en un departamento en Los Angeles, como ropa vieja en un baúl de naftalina. El juego empieza al concederse, una a la otra, la identidad de las divas que ya no son, y que quizás nunca fueron, alejándose así de la posibilidad del olvido: la verdadera muerte del artista.

El juego se extiende con explosiones melodramáticas como las que encarnaron Dolores del Río y María Félix en La Cucaracha: llantos mal fingidos, risas impostadas. La farsa se adereza con el temor de una madre –en una entrevista Fuentes dijo que bien podría ser la Metro Goldwyn Mayer- que las ama y las odia, y ¡el horror!: ya nadie las recuerda.

Se trata de “Las Cúcaras”, una obra de teatro interpretada por Marco Polo Rodríguez, Alfredo Cruz Colín y Jorge Isaac Toledo, basada en “Orquídeas a la luz de la luna”, de Carlos Fuentes, que habría sido escrita en 1982.

Inicialmente, el autor de La región más transparente propuso a las divas del cine mexicano que fueran ellas mismas quienes interpretaran los papeles de las mujeres que, a su vez, pretendían ser ellas. Sin embargo, al conocer la obra ambas se negaron (y se ofendieron). Un año después fallece Dolores del Río.

Foto: Ambar Barrera
Foto: Ambar Barrera

La obra original fue estrenada en México hasta 1986 –en alguna ocasión María Félix dijo que habría podido prohibirla gracias a su amistad con el entonces presidente Miguel de la Madrid, pero que prefirió ignorarla- y fue interpretada también por dos hombres: Alexandro Celia como María Félix, y Juan Jacobo Hernández como Dolores del Río.

“Las Cúcaras” –seguramente un guiño referencial al filme La Cucaracha (1958), donde María y Dolores compartieron pantalla con Emilio Fernández, Antonio Aguilar y Flor Silvestre- tiene una carga erótica explícita –imperceptible en “Orquídeas”-, y si bien los personajes emulan a las divas, pues viven a través de ellas, construyen su propia personalidad –un poco a lo drag queen- y entonces las superan, se imponen y ya no se piensa en La Doña comehombres ni en la sumisa Dolores, sino en las personajas que seguramente habitaron la piel de las famosas actrices, y que supieron del olvido más que nadie.

El atrevimiento escénico de “Las Cúcaras”, dirigida por Vlad Villegas, respeta en un 90 por ciento los diálogos de la obra de Fuentes. Quizás el personaje que menos se parece al original, muy atinadamente por cierto, es el fan, que interpreta Jorge Isaac Toledo poniéndole unos tonos que sin duda lo enriquecen y le dan dimensión.

A lo largo de la puesta, el escenario, si bien es íntimo, se ensancha y sorprende. Al final, por un momento, María y Dolores reviven: alimentadas, como siempre, de los aplausos del público.

 “Las Cúcaras” se presenta los viernes en La Rekámara (9 Oriente 8, centro).

Foto: Ambar Barrera
Foto: Ambar Barrera

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