La fábula del esperma y el óvulo

La fábula del esperma y el óvulo

Pepe Flores

@padaguan

Cuando iba en primero de secundaria, en mi última clase de Biología, el profesor sacó un libro. Pidió silencio para la clase. Ajustó sus lentes y comenzó a leer la misma lección que, hasta donde sé, repetía cada ciclo escolar.

La historia se llamaba Un espermatozoide enamorado.

El relato narra la vida de Espermatozoide, quien “vivía en el país testículo, del planeta hombre.” Espermat –como le llamaban de cariño- “nunca fue el mejor de la escuela”, pero tenía la singular habilidad de ser el más veloz de la clase de educación física.

(El texto, por cierto, se atribuye indistintamente en la red a Omar Contreras Molina y a Jaime Alejandro Nieto.)

El cuento continúa con la aparición “de una hermosa chica llamada Óvulo”, proveniente de (¡adivinaron!) la ciudad ovario de planeta mujer. Quisiera seguir parafraseando la historia, pero creo que un cita textual es más elocuente:

En el país testículo todos estaban obsesionados por aquella chica, pero nadie como Espermat, quien había logrado conseguir una foto de ella, Guiado por su amor, llevo a cabo muchas averiguaciones, se enteró que trasladarían a Óvulo a un lugar donde ya nadie podría alcanzarla, irían por el camino de Trompas de Falopio, era allí donde Espermat aspiraba alcanzarla.

Para poder ir al planeta mujer, tenía que esperar a que hubiera un eclipse de amor, momento en el cual se unirían el planeta hombre con el planeta mujer. Al fin llego el día, ocurrió el eclipse de amor y Espermat se introdujo en el planeta mujer decidido a llegar a su meta, pero el no iba solo, cientos de sus amigos lo acompañaban.

(Permítanme un segundo. No puedo con el eufemismo “eclipse de amor”. Ya. Continuemos.)

La odisea de Espermat continúa con su encuentro con Óvulo, después de haber sorteado numerosos obstáculo y de la muerte de sus “cientos de amigos que lo acompañaban” –en honor a la verdad, eran más: en una eyaculación se expulsan entre 20 y 150 millones de espermatozoides, pero supongo que esa cantidad es demasiado cruel-. A su llegada, Espermat se encontró con “[una] cápsula que era más fuerte de lo que él pensaba, pero no se daría por vencido.”

14-Espert

(Qué tenaz, ¿no?)

Tomó impulso, preparó su cabeza y arrancó en dirección a su amada Óvulo; movió su cola como jamás lo había hecho, hasta que al fin hizo contacto rompiendo la cápsula, en el impacto perdió su cola pero no le importaba, ya estaba con su amada.

La fábula del esperma y el óvulo tiene, por supuesto, un final feliz.

Cuenta la leyenda que era tanto el amor entre ellos dos que el destino los premió al convertirlos en el planeta BEBÉ.

(Sí. Planeta BEBÉ. Con mayúsculas.)

Estoy seguro que muchos preguntarán, a estas alturas, dónde está lo malo, lo incorrecto (y la razón de tanto diálogo interno). Es un relato que se reproduce en decenas de instituciones educativas y, por su lenguaje, está dirigido a ser digerible por alumnos de primaria y secundaria. Después de todo, ¿qué tanto daño puede hacer aderezar con un poco de romance el proceso biológico de la fecundación?

Mucho daño.

Pero, en realidad, esta versión azucarada no tiene toda la culpa. Es una simple hipérbole de un lenguaje que, desde la ciencia, ha sido construido para reproducir un estereotipo de género. Lo que el relato nos presenta como un romance –con todos los calificativos amorosos que puede- no es casualidad. Es producto de una concepción que evidencia el tradicional desequilibrio social entre lo masculino y lo femenino.

En 1991, la antropóloga cultural Emily Martin publicó un artículo titulado The Egg and The Sperm: How Science Has Constructed a Romance Based on Stereotypical Male-Female Roles (en español, “El óvulo y el esperma: cómo la ciencia ha construido un romance basado en roles estereotípicos masculino-femenino). En este texto, Martin hace varios cuestionamientos al lenguaje que ha empleado históricamente la Biología para describir este proceso.

Martin señala que las metáforas usadas para representar la fecundación contienen una carga de definiciones culturales sobre el hombre y la mujer. El lenguaje que describe al óvulo “que espera” la llegada del “audaz” espermatozoide se parece mucho a la retórica usada en los cuentos de hadas, con la princesa cautiva y el príncipe redentor. Esto provoca una imagen sumisa del óvulo, contrario al esperma.

Algunos estudios indican que el óvulo tiene un papel más activo en la fecundación y que juega un rol complementario. Sin embargo, el efecto de estos descubrimientos provocó otro prejuicio de género en el lenguaje biológico: en lugar de describir al óvulo como pasivo, se le consideró “peligroso” para el esperma “debilitado” por el viaje, obedeciendo a la figura de la mujer fatal de la cultura occidental.

A este prejuicio de género de la biología hay que sumarle las buenas intenciones (ejem…) de edulcorar la fecundación con una retórica de enamoramiento (¿recuerda al eclipse de amor?) y reforzar las metáforas del cuento de hadas (o cómo Espermat perdió la cola pero no importó porque ya estaba con su amada).

¿El resultado? Un relato que no sólo reproduce (y justifica) el concepto de lo masculino como activo y lo femenino como pasivo, sino que además involucra sentimientos y emociones que, en el largo plazo, inciden en la percepción negativa de otros temas, como el derecho a decidir (para Martin, la menstruación es enunciada con la retórica del fallo de la concepción; ahora imaginen la carga semántica del aborto).

La autora lo expone más claro:

El imaginario estereotípico también puede alentar a las personas a imaginar que el resultado de la interacción entre un óvulo y un espermatozoide –un óvulo fertilizado- es el resultado de una acción “humana” deliberada a nivel celular.

(¡Oh, no! ¡Alguien piense en el Planeta Bebé, por favor!)

Concluyo esta fábula con una enseñanza de Martin.

Un claro reto feminista es despertar metáforas dormidas en la ciencia, particularmente aquellas involucradas en las descripciones del óvulo y el espermatozoide (…) Despertar esas metáforas, haciéndonos conscientes de sus implicaciones, les robará el poder de naturalizar nuestras convenciones sociales acerca del género.

Ése sí sería un final feliz.

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Martin, E. (1991) The Egg and The Sperm: How Science Has Constructed a Romance Based on Stereotypical Male-Female Roles. Disponible en línea en: http://www.math.jussieu.fr/~daubin/cours/Textes/Martin_EggSperm.pdf

Anónimo (s.f.). Un Espermatozoide Enamorado. Atribuido a Omar Contreras Molina y a Jaime Alejandro Nieto. Disponible en línea en: http://bexzamileth.blogspot.mx/2006/09/un-espermatozoide-enamorado.html (2006); http://foro.enfemenino.com/forum/f91/__f11709_f91-El-espermatozoide-enamorado-fou.html (2007); y http://cursotecnicasargumentacion.blogspot.mx/2013/05/cuento-el-espermatozoide-enamorado.html (2013)

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