¿Dónde están sus hijos?

¿Dónde están sus hijos?

Foto tomada de vidalatinasd.com
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Rosa Zamalin

“¡Súbase Doña Anita, súbase!”, le grita una mujer flaca a la señora salvadoreña que trae puesta una gorra blanca con el logotipo del Movimiento Migrante Mesoamericano y una bandera de El Salvador clavada entre el cabello y la tela, como si llevara una flecha que desde el aire la señalara, para que todos vean que es salvadoreña y al verla bajen la mirada hasta su pecho. Y en su pecho vean la fotografía plastificada que lleva colgada al cuello, un muchacho joven con el nombre de Rafael Alberto Rolín Zelaya, desaparecido en territorio mexicano cuando buscaba llegar a Estados Unidos, cuando buscaba una mejor suerte que la que tenía en su país natal.

Su mamá lleva unas medias negras y transparentes, con motivos floreados, unas sandalias negras también de tacón bajo, pantalón oscuro y una blusa mitad verde y mitad rayada. Doña Anita usa lentes y su voz es fuerte pero no tanto como su risa y su sonrisa. Frente a la iglesia de La Asunción en la ciudad de Puebla, a unos 20 minutos del Centro Histórico, hay estacionadas un par de motocicletas de la policía municipal. Cuatro señoras y dos señores platican y bromean con un policía quien les dice que se suban a la moto. Entonces se van subiendo uno por uno para tomarse fotos, todos quieren menos Doña Anita pero al final se anima y se sube, haciendo poses y gritando onomatopeyas como si encendiera el vehículo. “¡RRum, rrruuum! ¡Vámonos papito! ¡Vámonos hijo!”, lo dice y mueve la fotografía en su pecho hacia adelante, cuidando a su hijo para que los dos puedan regresar a su casa en El Salvador en la motocicleta que ella manejará y ya no soltará, llevando a su pequeño entre el manubrio y su corazón para que ya nunca vuelva a desaparecer.

Doña Anita es una de las más de treinta madres centroamericanas con hijos desaparecidos en México, que conforman la Caravana de Madres Centroamericanas buscando a sus hijos “Emeteria Martínez”, organizada por el Movimiento Migrante Mesoamericano y apoyada por organizaciones de cuatro países de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua).

Su recorrido inició a la par del mes de diciembre, y ha pasado ya por lugares como Querétaro, Jalisco, Tlaxcala, Chiapas y el Distrito Federal. Este jueves 12 de diciembre estuvieron en Puebla por unas pocas horas y continuaron su recorrido hacia Veracruz, con Las Patronas, para seguir bajando hacia Oaxaca, Chiapas otra vez y finalmente regresar a sus países de origen.

Las demandas son muy claras: quieren saber dónde están sus hijos. Porque bien pueden estar ya en Estados Unidos, haber conseguido el llamado sueño americano, o se pudieron haber quedado en México también. Hay otras posibilidades terribles, que hayan sido capturados por el crimen organizado y trabajen forzadamente como sicarios, que hayan sido vendidos, que hayan sido asesinados o que estén en el fondo de la tierra dentro de una de las decenas de fosas comunes que se encuentran cada vez con mayor frecuencia en varios lugares de México.

Al llegar a la iglesia de la Asunción las madres dieron una conferencia de prensa tomando la palabra por turnos, las que quisieran hablar. La primera fue Martha Sánchez Solar, del Movimiento Migrante Mesoamericano, que ha recorrido prácticamente toda la República durante varios años con ellas, en una lucha incansable para que se haga justicia y se encuentre a los desaparecidos. Mencionó las escalofriantes cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH): 20 mil migrantes desaparecen cada  semestre en México, y hay entre 70 mil y 120 mil cuyo paradero se desconoce.

Foto tomada de vidalatinasd.com
Foto tomada de observatorioveracruzano.com/

Las mamás, que se han convertido en defensoras, en luchadoras sociales, exigen una migración libre de violencia. Todas tienen algo en común: tienen hijos desaparecidos, y todos ellos desaparecieron en México. Lo último que se supo de ellos fue una llamada telefónica desde Tapachula, Monterrey, Apizaco. Aunque ya ha habido varios reencuentros (cada año que llega la caravana hay al menos una historia de aparición, una historia de vida) las madres no van a rendirse y seguirán buscando a sus muertos, seguirán alzando la voz. Porque como gritaron al bajar del autobús y pararse frente a la iglesia de la que se encarga el sacerdote Gustavo Rodríguez, continuarán alzando la voz y caminando, porque las madres calladas jamás son escuchadas pero las madres unidas jamás serán vencidas.

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