¿Qué estamos haciendo?

¿Qué estamos haciendo?

Nenenki-Ñato

Emilio Gomagú

Dentro de nuestra inmensa América Latina, accidentalmente uno salió gritando al mundo sobre un pedazo de tierra específico, recortado de atrás tiempo y delimitado políticamente. (Si alguien entiende lo que eso significa, avise). Orgullosa y coloridamente, mi yo de otro tiempo, ese yo que fui y que soy, el mismo y otro –como el río que cambia y permanece–, salí de mi madre encuerado, a las prisas y embadurnado de líquidos en un hospital del IMSS dentro del territorio mexicano. Años después, las vueltas de la vida y los senderos elegidos me tienen lejos de mi pequeña patria. Y estar lejos del país que nos vio y nos ve (a la distancia) gritar es difícil, así que uno busca estar cerca de todas las maneras posibles.

Busca y busca porque aunque no se esté tampoco (nunca) se termina de ir, o como dice el bolero: “dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón”. Entonces usamos la web para acercarnos aunque a veces, sobre todo las redes sociales, nos acercan tanto que no nos dejan vernos entre nosotros. Sin embargo nos ayudan a saber de los amigos y quereres, si bien a veces sólo sepamos que ‘ya es viernes’, que ‘hace mucha calor’ o (envidiosamente y babeando) que se están ‘echando unos tacos, una torta de frijoles o unos buenos tamales’.

Los diarios electrónicos, por otra parte, nos permiten estar al tanto de lo que pasa, como uno más, como casi cualquier ciudadano de a pie que sale a la esquina y vuelve (¡oh milagro!) con el diario entre sus manos, al mismo tiempo que nos mantiene alejados de los cacareos de la televisión duopólica y sus grandes sesgos. Es entonces cuando, diariamente, comienza a llevarme la chingada, cuando antes ya lo hizo el payaso.

metro ciudad de México

Últimamente, en estos fríos días, no aparecen muchas buenas nuevas por ningún lado, y a las pocas no las dejan asomarse demasiado. Entre excarcelaciones, perdones, carcelaciones, condonaciones y reformas para (terminar de) hundir México, el panorama de la vida en la tierra de los dioses se ve negro oscuro. Y no se trata de poner acá un listado de las cosas positivas y negativas del país, ni mucho menos pretender imponer un punto de vista de lo que sucede con cada una de las situaciones nombradas a vuelo de pájaro (herido). No, porque cada una de ellas responde a políticas de Estado que son el resultado de lo que los mexicanos, en las urnas, elegimos(?) dentro de la partidocracia en que vivimos, y es acá donde se me cruzó el tren… del metro.

¿Alguna vez te has preguntado?

En días pasados se llevaron a cabo elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (paso) en Argentina para diversos cargos públicos. Los spots y gigantografías son tanto o más desechables como los de México, ahí no hay nada diferente. La diferencia la encontramos en uno de estos carteles debidamente posicionado, pegado y pagado en los túneles del subterráneo. Lo que decía la publicidad no es importante, sino lo que permitió decir. Sobre el cartel, con plumón negro, alguien escribió: “¿Alguna vez te has preguntado por qué votas?, ¿alguna vez te has preguntado para qué?, ¿alguna vez te has preguntado algo?” Y en otro color, con una letra distinta, alguien respondió a esa botella arrojada al mar de papel en el subsuelo: “Sí. ¿Qué es lo que hacemos aquí?, ¿a dónde vamos?”

Bajar al subterráneo aquella tarde se hizo literalidad llevándome al subsuelo de mi alma. Ensimismado, repensaba en algunas cosas que me quitan el sueño.

Y es que cuando México deja de ser el país hermosamente solidario. Cuando se avanza para atrás en la economía. Cuando se desconfía del vecino, del amigo, del otro. Cuando se vive en guerra. Cuando sí cunde el pánico y pande el cúnico. Cuando parece que colapsa la alegría. Cuando el hambre es el índice más alto, seguido bien cerquita por el desempleo. Cuando es más fácil encontrar la muerte en la esquina que la sonrisa de un niño jugando en el parque. Cuando todos los días es día de muertos porque la tasa de homicidios ya se hizo tazón, ensaladera, pozo de tierra. Cuando parece que las trincheras de ideas, que valen más que las de piedra como dice Martí, ya no alcanzan aunque nunca mueran. Cuando la injusticia es capaz de callar la palabra del poeta. Cuando el fracaso de la guerra es más fracaso cuando se sostiene. Cuando el dolor ya no duele y el horror ya no horroriza. Cuando cuesta tanto sobrevivir a tanta muerte y se siente como sobremorir un poco a tanta vida. Cuando es más fácil comprar a alguien que medio kilo de tortillas. Cuando asesinato, tortura, ejecución, narco, desaparición, balacera, entrega y muerte son el pan de cada día, y las lagrimas de dolor son la sal de la comida. Cuando democracia es una palabra vacía o una farsa en representación que además se aplaude. Cuando vemos el mal en todas partes, sin lograr identificar que “El mal es esa incapacidad  de la gente para tratar de entender la diferencia, porque tratar de entender es respetar, porque luego la gente persigue lo que no entiende. […]” Cuando insistimos en no entender que “el Mal es la incomprensión, la discriminación, la intolerancia. Que está en todos lados. O en ninguno…” –lo dicen El Sup y Paco I.Taibo II–. Cuando lo peor no es ser “aún el público ardoroso y mugiente del circo romano, o de las plazas europeas donde se decapitaba y quemaba gente como si fueran muñecos de papel maché” (Enrique Medina), sino ser aún el público.

spencer_tunick_mexico_

Qué hacemos, entonces, tantos como tú y yo, simples ciudadanos cuando vemos desmoronarse el país, desbarrancarse, caerse a pedazos, a billetazos, a balazos. Qué hacemos con los corruptos que gobiernan y roban, mintiéndonos a destajo.

Habemos quienes intentamos soñar, soñar al máximo, ser imbatibles como ciertos pescadores, pero cuesta tanto, cuesta tanto soñar a veces… Pero sé que somos un chingo y sé que, como decía el poeta, “podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera.”

Y subterráneamente, como ese gusano de color que corre bajo nuestros pies, llevando miles de esperanzas diariamente, viene a mi la voz de Monsi diciendo: “nos convertimos en lo que contemplamos”, y quizá debamos dejar de contemplar lo que no que queremos ser.

Gomagu(Latinoamérica, 1982) Psicólogo, escritor, lector y caminante. Cursó la Maestría en Salud Mental Comunitaria en la Universidad Nacional de Lanús, Argentina (2009). Ha sido colaborador y lo seguirá siendo. Colecciona proyectos que buscan ver la luz. Alguna vez ha hecho teatro, alguna otra radio, alguna más video y foto; la música nunca se le dio, pero le sigue rogando.

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