La claridad difusa de la cultura
Como ser humano y, de manera más reciente como gestor cultural, en distintos momentos y situaciones me he percatado de la dificultad de definir qué es cultura, una palabra que, sobra decirlo, es de un uso tan cotidiano que parecería que la mayoría de sus usuarios la comprende a cabalidad. Tras buscar cómo definen este término personajes como Isaiah Berlin, Franz Boas o Clifford Geertz, debo confesar que la palabra cultura es para mí más clara y más difusa a un mismo tiempo.
Por Lado B @ladobemx
30 de septiembre, 2013
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Alonso Pérez Fragua

@fraguando

Como ser humano y, de manera más reciente como gestor cultural, en distintos momentos y situaciones me he percatado de la dificultad de definir qué es cultura, una palabra que, sobra decirlo, es de un uso tan cotidiano que parecería que la mayoría de sus usuarios la comprende a cabalidad. Tras buscar cómo definen este término personajes como Isaiah Berlin, Franz Boas o Clifford Geertz, debo confesar que la palabra cultura es para mí más clara y más difusa a un mismo tiempo.

Mi primera experiencia directa con el problema de definir este término vino durante mi tesis de licenciatura[1], un documental en video sobre la ¿cultura, subcultura o tribu urbana…? del hip hop en Puebla. Tras ese ejercicio académico, la breve conclusión con la que me quedé fue que cultura es toda experiencia, sentimiento, acción u objeto generado por un individuo o grupo de individuos en un contexto temporal, social y geográfico específico y el cual es compartido –como el lenguaje- con su propia colectividad u otras que entiendan los códigos utilizados. Si bien es una definición que termina por abarcarlo todo, esa fue con la que continué mi vida sin hacerme mayores preguntas.

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Puente de la Juventud (Blvd. Atlixco y Niño Poblano). Foto: Abraham Paredes.

Un par de años más tarde, al iniciar mi labor como reportero de Cultura, esa definición empezó a tambalearse. Mientras que La Jornada de Oriente -el periódico de la región Puebla-Tlaxcala donde laboraba y que está vinculado a La Jornada- consideraba como notas de Cultura asuntos relacionados con cine o expresiones de la escena roquera local, La Jornada incluía estos mismos en su sección de Espectáculos y reservaba un espacio en Cultura para asuntos relativos a literatura, artes plásticas o  arqueología –un nuevo hallazgo en un sitio prehispánico, por ejemplo. De igual forma, mientras que asuntos sobre programas de TV serían parte de Cultura en la de Oriente, la versión nacional consigna cualquier asunto de la “caja tonta” a Espectáculos, así se trate de notas con cabezas como “Hace 500 años, surgió la Inquisición en lo que hoy es México y otros países de América Latina”.

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Metronomy en San Andrés Cholula. Foto: Patricia Villegas.

Similar conflicto encontré después entre los miembros del Consejo ciudadano de cultura y las acciones del Instituto municipal de arte y cultura de Puebla (IMACP) de la actual administración (2011-2014). Dentro de la Galería del Palacio municipal, el IMACP organizó varias exposiciones en 2011 y 2012 que recibieron sendas críticas por parte de los consejeros –y gestores y periodistas culturales. Por ejemplo, un par de muestras sobre los trabajos generados en los talleres de artesanías que impulsa el órgano municipal en los barrios o aquella relativa al 30 aniversario del Club Puebla de Pintura en Porcelana A.C (Ávila, 2011)[2].

Si bien puede discutirse sobre el tipo de exposiciones que la Galería del Palacio debe albergar o la función a la que obedece, la descalificación de algunos consejeros era (y es) tajante: eso no es cultura. Con esta frase, pronunciada en estos mismos términos, se olvida entonces la existencia de la llamada cultura popular y tiene implícita, además, una descalificación a la cultura de masas. Repito, una cosa es la meta del referido recinto o de cualquier otro, pero otra muy distinta es el decir que lo que ahí se presenta no es parte de lo que denominamos cultura.

Con todas estas experiencias previas que me mostraron la poca claridad de la multicitada palabra, decidí entonces conocer qué entienden por cultura algunos miembros de mi familia cercana. Tanto mi padre como mi madre incluyen en su definición a la experiencia que una persona adquiere a lo largo de su vida, ya sea a través de “la lectura, la ciencia y las bellas artes”, me compartía él, o a través de “libros, periódicos, y ver noticias en la televisión”, me decía ella.

En general, lo que percibí fue una dificultad inicial en las tres personas a las que acudí para tratar de responder a mis preguntas. Por ejemplo, para mi padre la gastronomía no es cultura pues la considera solo “tradiciones que pasan de generación en generación”. No obstante, a pregunta expresa de si las tradiciones de una región o país son cultura para él, la respuesta fue sí. Por su parte, mi esposa también cayó en una contradicción al surgir el rubro de la gastronomía. Para ella, el mole o los chiles en nogada sí son expresiones culturales, ¡pero la cemita poblana no! (San Pascual Bailón, ¡perdónala por favor!).

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Escargots: ¿cultura o no? Foto: Alonso Pérez Fragua, archivo personal.

Aunque ella reconoce un rasgo cultural en la disposición o características puntuales de una calle o casa en una ciudad o país en particular, como ciñéndose a una postura romántica, acepta también que hace una distinción entre “alta y baja cultura, una clasificación quizá clasista y producto de mi carácter burgués, pero en mi opinión hay una jerarquía cultural. La alta cultura es la que tuvo intención de creación, mientras que la baja es algo que ha sido creado sin reflexionar demasiado sobre su carácter o naturaleza”.

Tras este ejercicio –y como dije en un principio- el concepto de cultura ha cobrado mayor claridad para mí aunque no deja de ser ambiguo, sin límites definidos. Una palabra que tiene un uso muy concreto para mi labor diaria como gestor cultural pero que fuera de ese ámbito toma una dimensión enorme. Una palabra de significado muy amplio cuya interpretación depende de cada persona como entendiera tras platicar con mis padres. O quizá, como respondiera mi esposa, en algunos casos es necesaria la distancia –ya sea temporal o geográfica- para que un individuo o un grupo asuman como cultura una expresión u objeto particulares.

Cultura, un concepto que todo ser humano vive pero que ninguno comprende a cabalidad.

Recomendaciones de textos sobre cultura

Berlin, Isaiah (1983) Contra la corriente. Ensayos sobre historia de las ideas, México, FCE.

Berlin, Isaiah (2000) Las raíces del romanticismo. [Edición de Henry Hardy, 1999], Madrid, Taurus.

Berlin, Isaiah (2000a) Vico y Herder: dos estudios en la historia de las ideas, Barcelona, Crítica.

Geertz, Clifford (2002) “El mundo en pedazos: cultura y política en el fin de siglo” [1995] “Paso y accidente: una vida de aprendizaje” [1999] en Reflexiones antropológicas sobre temas filosóficos, Barcelona-Bs As-México, Paidós, 213-267.


[1] En este vínculo puede consultar la tesis completa, en su “estado original”: con sus equívocos producto de la inexperiencia pero también con la honestidad de aquel momento – http://bit.ly/16fAR3Z

[2] Cabe destacar que la nota fue consignada en la sección de Sociales y no de Cultura…

Changaplana PunketaAlonso Pérez Fragua es gestor y periodista cultural. Desde 2012 coordina Capilla del Arte, espacio cultural de la UDLAP. Actualmente estudia el Posgrado Virtual en Política y Cultura en América Latina de la UAM-Unidad Iztapalapa. Presidente y único miembro del club de fans del autor estadounidense A.J. Jacobs en Puebla.

Imagen: La Changaplana Punketa, de Ángel Vázquez. Aerosol. 2012.

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