¡Suban los impuestos!

¡Suban los impuestos!

Héctor Rodrigo

@HectorRodrigo

«Lo normal» antes de pedir algo prestado es ganarnos la confianza de ese alguien a quien le vamos a pedir. Sobre todo si lo que pediremos tiene un valor relevante.

En México parece que somos muy anormales. Todos los días leemos cifras morbosas de lo que el Gobierno “invierte” en asuntos que no impactan en la vida de los más de 112 millones de mexicanos, estamos tristemente acostumbrados a que los recursos públicos sean manejados como pozos sin fondo:

  • En 2010 la Presidencia de la República gastó 6,479 millones de pesos en publicidad y promoción de imagen (el triple de lo que el Congreso le había autorizado).
  • La Estela de Luz que, originalmente costaría 200 millones de pesos, costó 1,575 millones de pesos.
  • La nueva sede del Senado de la República, a la que todavía hoy le siguen arreglando deficiencias, costaría originalmente 1,945 millones de pesos. Lo grave es que por la mala calidad de la obra tuvieron que destinarse en total 3,099 millones.
  • 38 mil millones de pesos destinados a la pobreza alimentaria para seguir lamentando el crecimiento de la pobreza.
  • Granier en el año 2012 gastó 27 millones de pesos en toallas para bebés.

En fin, el derroche es la cosa nostra y los mismos partidos políticos han hablado cientos de veces de reducir gastos y hacer más transparente su ejercicio, sin embargo, en lugar de trabajar en eso algunos insisten en seguir cobrando impuestos a la ya de por sí reducida y tronada clase media, y no en optimizar el gasto. Ese 30% de ciudadanos tendremos que seguir apretándonos el cinturón.

Los ciudadanos deberíamos confiar en la forma de gastar de nuestros gobiernos, y entonces ellos podrían subir los impuestos, ¡estaríamos felices de pagar!

Cobrar por cobrar y gastar por gastar es una «Deforma Hacendaria», es la lógica menos indicada para un gobierno que se considere serio y comprometido con manejar correctamente el presupuesto. Si se trata de tener más ingresos, entonces no sirve una caricatura de reforma fiscal, sino una profunda reducción de gasto corriente y de gastos inútiles en todos los niveles de gobierno.

Los impuestos son recursos que los ciudadanos prestamos al Gobierno para que nos los devuelvan mediante resultados que impacten de manera positiva nuestra vida diaria.

Queridos gobernantes, háganos confiar en cómo invertirán el dinero público y luego: ¡Suban los impuestos!

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