Un crimen de odio que arrastra miedo

Un crimen de odio que arrastra miedo

Mely Arellano

@melyarel

La noche de ese viernes Dayana Mendoza se montó en sus tacones, se maquilló, se arregló el cabello, largo hasta media espalda y teñido de rubio, truqueó su cuerpo para esculpir en él curvas perfectas, y salió de casa.

–Hoy no vayas -le dijo su mamá quizás presintiendo la fatalidad.

–Nada más un ratito, mami –prometió, sin saber que no podría cumplir.

Dayana vivía en San Juan Xiutetelco, cabecera municipal de Xiutetelco, pero la fiesta siempre estaba en Teziutlán, así que abordó el autobús que recorre los casi 10 kilómetros que separan ambos municipios en más o menos 30 minutos.

Ella sabía que dos días después habría elecciones y que, por lo tanto, en unas horas iniciaría la ley seca y cerrarían las puertas de todos los antros y bares. Así que, hasta la media noche, Dayana hizo lo que hacía cada fin de semana: divertirse.

Dayana Mendoza. Foto: Cortesía
Dayana Mendoza. Foto: Cortesía

Lo que pasó después es un misterio. Dicen que quiso ir a Jalancingo, Veracruz, a 2 kilómetros de Xiutetelco, a ver si tenía la suerte de hallar dónde seguirla. Quién sabe si se fue, pero si lo hizo luego regresó.

El siguiente lunes la sociedad teziuteca despertó con una escalofriante noticia: en el edificio La Hoz, en cuyo primero piso se encuentran oficinas de gobierno, ubicado en la calle Miguel Hidalgo, una de las principales de esa ciudad, había sido hallado el cuerpo sin vida de una persona. Un cuerpo que estaba partido por la mitad y cada parte envuelta en una bolsa de plástico. Inicialmente se dijo que era una mujer, más tarde se aclaró que se trataba de un hombre vestido de mujer. Era Dayana Mendoza, o Alejandro Mónico Hernández, de 29 años.

La causa oficial de muerte fue shock hipovolémico (desangrado) secundario a descuartizamiento.

Es el primer crimen de odio por homofobia que se comete en Teziutlán. El tercero en el estado de Puebla en lo que va del año, y uno de los más crueles que se tenga memoria.

De inmediato la gente tuvo miedo, un miedo que persigue a la comunidad LGBT.

***

Cuando era muy joven, aún adolescente, Alejandro renegó de su naturaleza homosexual para tratar, quizás, de encajar en una sociedad que juzga lo diferente sólo por serlo. Sin embargo terminó aceptándose y en su familia encontró el cobijo, la comprensión y el amor necesarios para ser quien era. Su orientación sexual y su travestismo nunca fueron un secreto.

Era el mayor de dos hermanos y una hermana: el primogénito. Trabajaba en una maquila y tenía planes de arreglar la casa materna, donde vivía y donde siempre lo llamaron como varón, aun cuando ante la incrédula mirada de su familia se transformaba en la guapa Dayana.

Dayana era delgada, de piel apiñonada, rostro afilado, ojos grandes y sonrisa amplia. Esas cualidades la llevaron a obtener el título de Nuestra Belleza Gay Teziutlán 2008.

Con la intención de procurar un cuerpo acorde con sus rasgos femeninos, frecuentemente ingería hormonas y continuaba el tratamiento en tanto pudiera costearlas. En alguna ocasión se inyectó aceite comestible para rellenar la piel de sus pechos, lo que le ocasionó una infección y la obligó a usar “truco” en el sostén. De haber tenido el dinero, sin dudarlo habría modificado su físico para ser por fuera, la misma que era por dentro. Pero nunca tuvo.

Dicen que era de las mejores travestis de la zona, de las más guapas. Le gustaba hacer show imitando a Thalía, Ana Bárbara, Mónica Naranjo y Marisela. Y a veces, dicen, también se dedicaba al sexoservicio.

***

Dayana encontró la muerte en algún momento entre las primeras horas del sábado y las primeras del lunes 8 de julio, un día después de las elecciones que fueron reportadas “en calma”.

Versiones periodísticas aseguran que el sobrino del dueño del edificio donde la encontraron le confesó a éste el crimen antes de fugarse.

Varias personas vieron a la mamá de Dayana buscándola aquí y allá. Pero fue hasta el martes cuando alguien le preguntó si había oído las noticias. No fue ella quien reconoció el cuerpo. En un acto de compasión le impidieron verlo.

Entre la comunidad de la diversidad sexual corre el rumor de que el asesino ni siquiera ha salido de Teziutlán, que su apellido es de familia pudiente, de esas que pueden comprar inmunidad. Pero sobre todo corre el miedo, un temor fundado, a que pase de nuevo lo que no había pasado nunca. Todavía hay quienes creen que en cualquier momento verán a Dayana caminando por la calle. No entienden lo que pasó, no hay manera de nombrarlo, no conocen las palabras que definen un crimen cuando es tan atroz.

Dayana fue velada el miércoles 10 de julio, día de su cumpleaños.

3 COMMENTS

  1. No fue un crimen
    por Homofobia, es un crimen de odio por Transfobia, una Transfobia sin precedentes, que se ha
    convertido en genocidios transfobico y misóginos, no sé qué
    daño hace más a la población
    trans, la invisibilidad y el
    borrado trans, que algunas
    notas hacen de nostras, o el mismo
    acecino que nos asecha, en esta nota, más que visibilizar la población
    trans, la invisibiliza convirtiendo el caso en un crimen de odio por homofobia,
    llamándole a la chica asesinada por su
    nombre impuesto al nacer, y llamándole TRAVESTI, diciendo que acepto su homosexualidad, carajo la transexualidad no es una
    sub categoría de la
    homosexualidad, ni tampoco es una orientación
    sexual. Es una identidad, es una transición para lograr tener la apariencia que nostras
    percibimos como nuestra. NO MAS NOTAS COMO ESTA. SON BASURA

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