Entre las cenizas, un libro para la esperanza

Entre las cenizas, un libro para la esperanza

entre las cenizas puebla

Marcela Turati | Daniel Rea

Al principio: el horror. La llamada guerra contra el crimen organizado declarada por el presidente Felipe Calderón comenzó a ahogarnos desde el inicio del sexenio. Los periódicos se convirtieron en contadores de muertos y nosotros, los periodistas, en corresponsales de guerra en nuestra tierra. En las redacciones se hablaba de “narcos” y “capos”, y el lenguaje “estilizado” del asesinato llegó para quedarse: “los enlonados”, “los entripados”, “los encajuelados”, “los encobijados”, “los disueltos”, “las narcofosas”, “las narcomantas”, y su máxima expresión, “el ejecutómetro”.

El horror se volvió una condición del país. Muertos, desaparecidos, masacres, huérfanos, viudas, desplazados, fosas comunes, cuerpos discapacitados por las heridas, seres inhabilitados por el odio, ciudades rotas, abandonadas. De ahí partimos. De un sexenio con permiso de matar, donde la vida perdió su valor, donde los muertos cotidianos eran culpables de su muerte

En ese extraño, nebuloso campo de batalla, varios periodistas nos sentimos retados a escapar del horror, o por lo menos a no quedarnos paralizados ante él. A combatir, con investigación, datos, análisis y testimonios, el anonimato oficial de las víctimas. A recoger las historias de familiares, sobrevivientes y testigos que describían una realidad distinta a la narrada por los hacedores de la guerra en sus mantas o en sus boletines oficiales. Sentíamos esa urgencia de gritar que detrás de cada una de las noticias sobre los asesinatos, quedaban víctimas heridas y silenciadas que necesitaban solidaridad, ser escuchadas, atendidas.

Cuando nos sacudimos del aturdimiento inicial varios de nosotros escribimos crónicas o participamos en libros donde documentamos los impactos de la violencia en la sociedad. En las charlas y presentaciones de nuestro trabajo abundaba el dolor. Pero también entre el público surgía una inquietud: ¿qué podemos hacer? La pregunta no dejaba de resonar.

Entre periodistas nos cuestionábamos si podíamos escribir sobre la violencia sin abonar a la parálisis, a la desesperanza de la gente. Y cuáles son las historias de vida ocultas entre la muerte, cuáles las que más urge contar. Ante estas incertidumbres se abrió paso una respuesta: las que dan aliento.

Era verdad.

Este libro nace como un esfuerzo de ensayar o tal vez de construir un periodismo de esperanza, de exploración de lo posible, de construcción de paz. Un periodismo que provoque la indignación e invite a la acción. Que encuentre y cuente las historias de personas que, manejando su miedo, esbozan una respuesta a la pregunta que nos persigue: ¿qué podemos hacer?

Es un esfuerzo colectivo de periodistas hermanados por la indignación ante la pérdida de respeto por la vida humana durante el que ha sido llamado el sexenio de la muerte: Thelma Gómez, Alberto Nájar, Daniela Pastrana, John Gibler, Vanessa Job, Lydiette Carrión, Luis Guillermo Hernández, Elia Baltazar y las editoras. Lo hizo posible el financiamiento del Sindicato Noruego de Periodistas (Norwegian Union of Journalist), especialmente Eva Stabell, quien creyó a ciegas en este proyecto de la Red de Periodistas de a Pie.

Nuestro punto de partida fue que esta guerra no merece ser contada sólo desde la sangre, desde la brutalidad, desde el sinsentido de los asesinos uniformados y no uniformados.

Merece ser contada desde la dignidad de los sobrevivientes, desde las costuras invisibles del amor que se asoman entre las ruinas, desde las personas sanadoras de almas, desde quienes se hicieron escuchar cuando salieron a las calles a gritar su verdad en público, desde las que se organizan con la inquietud de hacer algo.

Este esfuerzo implicó pararnos ante el horror desde un ángulo distinto para encontrar debajo de la tierra esas brasas que se niegan a apagarse, aprender a escarbar entre la destrucción para encontrar la reserva moral de este país que se plantó ante la guerra, prestar oído a los relatos de la gente que se sacudió la ceniza, retomó las riendas de su vida y con otros delinea un futuro distinto. Implicó acercarnos a la gente para encontrar: ¿de qué madera están hechas las mujeres que marchan por el país buscando a los hijos que les arrebataron o las que todos los días alimentan a migrantes desconocidos?

¿Por qué un padre sin darse tiempo para guardar el luto por su hijo sale a arropar a todos quienes sufren como él? ¿Cómo una comunidad casi extinguida es capaz de desarmar la desesperanza?

El proceso de reporteo no fue sencillo. Nos enfrentamos a nuestros propios idealismos y condicionamientos, a la práctica arraigada de mirar la realidad en blancos y negros, buenos y malos, a la simpleza de buscar héroes solitarios en lugar de colectivos organizados, a nuestra impaciencia por no ver resultados “más noticiosos”.

Aprendimos que el periodismo de esperanza exige entender procesos y que las soluciones esbozadas por quienes se oponen a la violencia son esfuerzos incipientes, sostenidos con pinzas, con actos de amor cotidiano, a contracorriente del vacío del Estado.

En ocasiones, ya no encontramos algunas experiencias que fuimos a documentar. Llegamos tarde. El terror las había alcanzado. Sin embargo, estamos convencidos de que cada vez que una experiencia se extingue otra germina.

Entendimos también que, a quienes habitamos este país, la guerra nos obligó a ser ciudadanos, a tomar postura. Nosotras y nosotros, como periodistas, decidimos ponernos junto a quienes la sufren, tratando de comprender algo sobre su fortaleza ante el dolor y sobre las claves que los mantienen trazando caminos hacia la paz, la justicia, la memoria y la verdad.

Hoy lo sabemos: la esperanza más que un puerto, es un horizonte. Un camino largo que se anda a pequeños pasos.

Ahora cuando hablamos en público del horror que hemos visto y del dolor que hemos tocado, y la gente pregunta qué podemos hacer, decimos que la respuesta se construye en comunidad, al calor de una fogata. Entonces comenzamos a hablar de las rutas recorridas al lado de las y los protagonistas de este libro esperando que sus historias sirvan para construir algunas respuestas.

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Este libro será presentado este día como parte del congreso Nómadas Digital.

Y estarán presentes: Alberto Najar y Daniela Pastrana.

La cita es a las 10:00 AM en el Centro Cultural Universitario.

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