“Me detuvieron porque quería libertad”
 
Por Lado B @ladobemx
30 de julio, 2013
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  • El conflicto en Siria y las voces de los refugiados

Lado B

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El flujo aumenta cada día. Miles son las personas que se aventuran a realizar largas caminatas par escapar de la violencia en la que se han visto envueltos desde hace ya varios años. Los destinos de la gran mayoría: Jordania, Líbano, Turquía, Irak y Egipto, países donde son recibidos, aunque esta acción no signifique que sea en condiciones óptimas.

En el último informe de ACNUR, los datos revelan una realidad alarmante: cada día salen de Siria alrededor de 6 mil refugiados, una cifra que resulta alarmante ante la precariedad de los recursos de ayuda humanitaria internacional que pueden destinarse para atender a tal magnitud de personas, aunado a que su llegada a países vecinos significa también un factor de desestabilización para estos. Tan sólo en el caso de Jordania, los refugiados sirios constituyen ya el 10% de la población.

A veinte kilómetros al sur de la frontera con Siria, en Jordania, está el campo de refugiados de Zaatri. Más de 130 mil refugiados que han huido del conflicto en Siria viven aquí, en una franja de 7 kilómetros de ancho de esta llanura desértica y sin vida, en una mezcla de tiendas improvisadas de emergencia y casas móviles o “caravanas”.

Bajo la cegadora luz del sol, una joven que viste una abaya negra se cobija junto con un bebé en apenas medio metro de sombra, junto a una pared blanca. Recorren el yermo paisaje nubes de polvo que levantan el viento o los camiones que pasan.

La mayoría de los refugiados vinieron con poco más que lo que podían llevar y los recuerdos de la opresión y del conflicto armado en Siria. Algunos nos enseñan los zapatos y sandalias, maltrechos y rotos, con los que hicieron el duro recorrido a pie hasta Jordania.

La inmensa mayoría de los refugiados que ha entrevistado Amnistía Internacional, ha huido de la gobernación meridional de Deraa, donde las protestas multitudinarias para pedir el cambio en Siria comenzaron hace más de dos años.

“Me detuvieron porque quería libertad”, dice Ahmed en voz baja, tratando de recobrar el aliento. Está sentado con las piernas cruzadas en la “caravana” de su familia. Mientras habla, su joven hijo mira en el teléfono móvil imágenes de vídeo en los que las fuerzas de seguridad sirias golpean y pisotean a unos hombres esposados. Ahmed tiene una enfermedad del corazón, agravada por casi dos años de detención en los que dice que fue torturado. Pregunto si puedo tomar notas sobre su detención y malos tratos, pero se le nubla la vista e inclina la cabeza hacia delante. Decido no sacar mi cuaderno.

Una mujer de treinta y tantos años que está en la misma caravana, Wafa, dice que su bebé murió hace varios meses en Deraa, en un hospital que carecía de recursos suficientes. Todavía llora la pérdida de su hijo. “Sólo había un médico allí, y el bebé necesitaba oxígeno. No había. El bebé murió”, dice.

Aunque muchas personas se oponen claramente al gobierno del presidente sirio Bashar al Assad y a sus fuerzas de seguridad, otras parecen indiferentes. Abu Hamza, conductor, vive ahora con su familia en una polvorienta tienda de lona. “No fui a las protestas. Soy apolítico ─dice─. Nos fuimos por los bombardeos y los tiroteos.”

Aquí la familia tiene problemas nuevos. “No hay agua suficiente. Los retretes están demasiado lejos. Mis hijos sólo han ido a la escuela dos o tres veces. Se aburren y están hartos. Claro que no hay trabajo aquí. No he salido de Zaatri en los tres meses que llevamos aquí. ¿A dónde iba a ir?”

Zaatri ya es el segundo campo de refugiados del mundo. Sin embargo, la mayoría de los refugiados procedentes de Siria están en alojamientos particulares, de alquiler.

A pesar de esta realidad, el flujo de refugiados aumenta. Según la agencia de la ONU para los refugiados, el ACNUR, el número de refugiados que huye de Siria ha alcanzado ya un millón en lo que va de año. Esto significa más que el número total de nuevos refugiados en todo el mundo del año 2012.

Y muchos están preparándose para estar a largo plazo. Al parecer, han surgido en todo el campo cientos de comercios que venden tarjetas de teléfono, trajes de boda y dulces árabes.

El campo está desorganizado y las condiciones de vida son evidentemente difíciles. Se hacen conexiones ilegales a cables de electricidad, lo que provoca escasez y protestas. Muchos refugiados están traumatizados, frustrados y enfadados. La mayoría son jóvenes y tienen poco que hacer. La delincuencia de bajo nivel es un problema creciente. Un día se instalaron 55 grifos de agua y los robaron en una hora, nos dijeron, e incluso desmantelaron y se llevaron en partes la comisaría de policía del campo.

No se vislumbra el fin del conflicto de Siria, y parece que los refugiados de Zaatri y otros lugares tendrán que esperar mucho antes de regresar a su país. Aunque Jordania ha mantenido la mayor parte de sus fronteras abierta a la entrada en gran escala de refugiados, lo que la honra, no es un país rico en recursos. La comunidad internacional debe acordar el reasentamiento de refugiados vulnerables y garantizar que Jordania y otros países de acogida cuentan con recursos económicos y técnicos para proteger y ayudar a los refugiados procedentes de Siria, hasta que puedan volver por fin a casa.

Con información de Amnistía Internacional.

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