Yeezus, un disco entre la genialidad y el ego de Kanye...

Yeezus, un disco entre la genialidad y el ego de Kanye west

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Arturo Loría | Velvet Boy

@velvet_boy

El autoproclamado Michael Jordan de la música regresó con un disco que abre duro y directo: un golpe ácido de sintetizador (cortesía de Daft Punk) le da la bienvenida al escucha en “On Sight, primer track del disco, dejando claro algo desde el principio:Yeezus no será un disco suave. Muy por el contrario, estamos posiblemente ante el álbum más oscuro, pesado y denso en la carrera de West.

Con una multitud de productores y colaboradores que probablemente sólo alguien que se hace llamar a sí mismo Dios podría reunir, West intenta demostrar en esta sexta entrega que el hip hop puede y debe evolucionar. Pero no sólo eso, West está molesto (¿cuándo no lo está?), y esa furia transpira en los beats pesados, en los sampleos que se sienten como golpes y en las rimas cortantes del señor de Kardashian.

Para ello, West decidió irse a las raíces mismas del hip hop y jugar con los conceptos básicos del género: un buen sampleo, bajos asesinos, beats adictivos y rimas ingeniosas, todos, trasladados a nuestra época: los bueno, lo asesino, lo adictivo y lo ingenioso de hoy. En muchos casos lo logrará, pero en otros fallará y de forma divina, como sólo alguien que se hace llamar Dios podría fallar.

Marilyn Manson, Nina Simone y TNGHT convivirán en armonía entre la multitud de referencias (todas reunidas en un mixtape que incluye todas las canciones sampleadas y que se puede descargar aquí) que son cortadas, procesadas y alteradas en orden de crear esa ciudad oscura en la que deambula Yeezus, si acaso, el personaje que podría hacer de éste un concept album.

Así pues, habrán ecos del new wave, el punk y rock vistos desde la perspectiva de la electrónica industrial. La diversidad de géneros proveerá al disco también de una riqueza emocional, caracterizada sobre todo por la dureza que mencionaba previamente. Ahí están, por ejemplo, la furia de la polémica “Black Skinhead, en la que West y Daft Punk toman prestada la batería de “The Beautiful People de Marylin Manson para criticar el racismo que aún persiste entre muchas personas que no ven con buenos ojos las relaciones interraciales (¿referencia directa a Kimye?); la sexualidad cruda de “I’m in It o la tristeza de “Blood on the Leaves, en la que West usa a Nina Simone y su “Strange Fruit para musicalizar, mejor que nadie, el dolor de una ruptura. Es, de alguna manera, el “Rolling in the Deep de Kanye. La canción oscilará entre la tristeza de Simone y la furia de los metales.

“I Am God” es probablemente la canción que mejor demuestra las mayores cualidades y los mayores defectos del álbum. Por un lado, la producción es impecable: una locura de casi cuatro minutos en la que caben la electrónica oscura que a ratos recuerda a Nine Inch Nails o a The Knife, los cantos etéreos de Bon Iver,  así como el sampleo de “Forward Inna Dem Clothes, una canción dancehall de Capleton. Pero por otro lado, el ego y el delirio de grandeza de West (estamos hablando de un tipo que se refiere a sí mismo como Dios) terminarán por dar momentos francamente ridículos, como poner en el featuring de la canción a Dios (detalle fascinante, probablemente éste es el primer featuring de Dios en la historia de la humanidad) hasta las rimas de West, que de tanta seriedad que pretenden acaban por caer en el absurdo involuntario.

Algo similar ocurrirá con “Hold My Liquor“, “Guilt Trip o “Send it up, temas que son rescatados de su ridiculez por la excelente producción o el gran trabajo de los colaboradores. Si acaso, la mejor crítica social que West consigue es en “New Slaves, en la que si bien la metáfora no es nueva, la crítica es directa e incisiva:

“My momma was raised in an era when
Clean water was only served to the fairer skin
Doing clothes you would have thought I had help
But they wasn’t satisfied unless I picked the cotton myself
You see its broke nigga racism
That’s that “Don’t touch anything in the store”
And this rich nigga racism
That’s that “Come here, please buy more”
What you want, a Bentley? Fur coat? A diamond chain?
All you blacks want all the same things
Used to only be niggas now everybody playin
Spending everything on Alexander Wang
New Slaves

We used to be only niggas”

De hecho, “New Slaves” es el mayor asomo de humildad en West en un tema que bien podría ir dedicado a sí mismo…o no. Ya que antes del repentino corte de soul en el que Frank Ocean pareciera liberar a la humanidad (algo por lo que muchos han criticado al disco), West establece que hay líderes y seguidores. Todos sabemos dónde se sitúa a sí mismo el rapero.

Yeezus se debate, pues, entre la genialidad y el ego de su autor. La producción de Daft Punk y Rick Rubin (llamado días antes de la publicación del álbum para que “desnudara” la producción), ayudan a ver al hip hop desde otra perspectiva, entregando un sonido industrial y crudo, pesado y, al mismo tiempo, muy orgánico. La presencia de los colaboradores es discreta pero nutritiva y West pareciera estar en uno de sus mejores momentos creativos, pero también, en uno en el que su propio ego lo marea a niveles absurdos.

Pese a esto, Yeezus no deja de ser un gran disco, adictivo, fascinante y, lo más importante, que invita al escucha a ver las cosas desde otra perspectiva.

· Tracks destacados: Black Skinhead, I Am God, New Slaves, I’m in it, Blood on the leaves.

· Escúchalo si te gustan: Jay-Z, Daft Punk, Nine Inch Nails, The Knife y básicamente Kanye.

*El artículo se publicó originalmente en Revista Esnob.

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