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¿En qué momento se jodió ENLACE?: la técnica y la ética en la evaluación educativa

El asunto es escandaloso por muchas razones. La primera y más triste es que sea el niño que denuncia la deshonestidad de su profesora el que acabe siendo reprendido y no la maestra. El hecho resulta especialmente escandaloso también por tratarse de lo que se trata: maestra que tendría que enseñar honestidad y enseña lo contrario, y niños que aprenden que la deshonestidad es “normal” y que denunciarla no pareciera buena idea”. Blanca Heredia

Martín López Calva*

@M_Lopezcalva

En el transcurso de la semana pasada se aplicó nuevamente en las escuelas del país la prueba de evaluación nacional del logro académico en los centros escolares, conocida por sus siglas como ENLACE. A pesar de ser el octavo año consecutivo en que se realiza esta evaluación diseñada y operada por la Secretaría de Educación Pública, el proceso volvió a generar oposición y descalificación por parte de distintos actores del sistema educativo.

Muchas de estas inconformidades siguen siendo reflejo de lo que parece una invencible resistencia que a pesar de años de esfuerzo en la construcción de una cultura de la evaluación en la sociedad mexicana, sigue estando presente en los profesores de educación básica y media superior de nuestro país.

Sin embargo en esta ocasión se presentaron con mayor fuerza e intensidad de evidencias otros cuestionamientos que resultan muy preocupantes para quienes nos dedicamos a la investigación y reflexión sobre el tema de educación y valores y ética profesional.

Empecé la semana pasada con un diálogo en Facebook que se originó por una entrada en la que una profesora de educación básica afirmaba que ENLACE “es una porquería” y basaba su juicio en que “muchos profesores habían pasado las claves del examen a sus alumnos”.

Por los mismos días, circularon en los diarios nacionales las acusaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el ala disidente del sindicato magisterial (SNTE) acerca de la venta del examen en varias entidades del país como Michoacán, San Luis Potosí  y Guerrero.

Se presentó después el caso al que se refiere la Dra. Blanca Heredia en el artículo publicado el sábado pasado en el diario La Razón, del que tomamos el epígrafe de esta columna. Se trata de un hecho ocurrido en la escuela Ignacio Morones Prieto en Linares, Nuevo León en el que un niño de 9 años, al percatarse de que su maestra está dictando las respuestas del examen a todo su grupo de alumnos, se atreve a preguntarle si eso que está haciendo es correcto y legal. Los padres del menor, maestros de profesión, acuden a la escuela a denunciar esta irregularidad ante la directora que se muestra indignada y dice no estar enterada del asunto. Sin embargo, al regresar a la escuela al día siguiente de esta denuncia, el papá encuentra a su hijo siendo reprendido por la directora y tres profesores del colegio.

Como bien afirma la doctora Heredia, resulta escandaloso saber que ante un acto deshonesto de una profesora, es el alumno que denuncia la deshonestidad el que acaba siendo reprendido y no la maestra. Resulta terriblemente anti-educativo que la maestra que es la que se supone debería enseñar el valor de la honestidad a sus alumnos esté enseñando lo contrario y haciendo además que los niños crezcan pensando que actuar de manera deshonesta es lo normal y que denunciar lo que no es correcto resulta contraproducente y es sancionado por la escuela.

Un elemento adicional relacionado con el tema con el que tuve contacto en la misma semana de aplicación de ENLACE es la reflexión y consulta de una directora de escuela que encontró como muy llamativo y contrastante respecto a los años anteriores de aplicación de la prueba, que este año los niños de primaria y secundaria de su colegio coincidieron en afirmar que el examen estuvo demasiado fácil y terminaron en diez o quince minutos cada sección de las pruebas que están diseñadas para contestarse en cuarenta y cinco.

Al describir esta situación, la directora hizo una consulta con amigas de la red social que son también profesoras o directoras escolares y varias de las que contestaron coincidieron en que la prueba de este año resultó mucho más sencilla que la de años anteriores. ¿Coincidencia? ¿Mejoría sorprendente del nivel de desempeño de los educandos de todas estas escuelas? ¿Estrategia política para elevar los resultados de ENLACE para fines de estadística gubernamental o de incentivo a los docentes después de la reforma educativa y del llamado “Elbazo”?

Se puede especular mucho sin tener evidencias respecto a este último elemento. Sin embargo en el mismo artículo citado, la doctora Heredia presenta “datos duros” que deberían hacernos pensar mucho respecto a la realidad y el futuro de la prueba ENLACE y al diseño de los instrumentos y mecanismos del sistema de evaluación docente que plantea la reforma educativa y tendrá que construir el nuevo Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Este es el dato: “En el año 2006, de acuerdo a los resultados oficiales, del conjunto de alumnos de 3º a 6º de primaria, 1.6% se ubicó en nivel de excelente en matemáticas. Para 2012 ese porcentaje había crecido al 17.3%. Este salto cuántico exige una explicación seria…” dice la autora. O tenemos una tecnología para enseñar matemáticas que resulta casi milagrosa y habría que estudiar y difundir por todo el mundo o el resultado de  la prueba ya no es confiable.

¿Es este un problema técnico? ¿El salto cuántico en los resultados se debe a un mal diseño del examen? ¿La afirmación de la maestra que comenté respecto a que ENLACE “es una porquería” y los cuestionamientos que año con año hacen el SNTE, la CNTE y todos los que se oponen a ser evaluados tienen que ver con el aspecto técnico del examen?

Indudablemente no. El problema no es que las pruebas estandarizadas no tengan un valor para conocer parte del nivel de calidad de nuestra educación ni que no existan en México personas con suficiente pericia técnica para construir instrumentos adecuados y procedimientos de análisis estadístico válidos. El problema fundamental con ENLACE es que ha sido usado desde el principio como un elemento de la disputa política por el control del sistema educativo y esto ha hecho que -junto con la cultura mexicana que como bien afirma Eduardo Caccia, desde el mole hasta el apagón analógico intenta siempre burlar los límites y dar la vuelta a las normas-  el manejo de todo el proceso de diseño, aplicación, análisis y uso de los resultados haya sido distorsionado por comportamientos éticamente cuestionables o carentes de toda consideración ética.

Un elemento fundamental de manejo erróneo de política pública respecto a ENLACE fue la decisión del gobierno de Felipe Calderón de incluir, con un alto porcentaje en el peso del puntaje en carrera magisterial el resultado de la prueba, con lo que convirtió un examen creado con fines de evaluación formativa

–para conocer el nivel de aprendizaje de los alumnos y mejorar el proceso educativo- en un instrumento de premio y sanción económica para los maestros.

Otro elemento importante es el manejo mediático que se dio a los resultados desde una “lógica deportiva” según plantea Andrés Sánchez Moguel en el libro de aniversario del INEE, en la que los periodistas presentan año con año los datos de la prueba como si fueran tablas de posiciones del campeonato de futbol o cuadro del “medallero olímpico”, generando una perspectiva errónea de la finalidad de ENLACE.

Desde mi punto de vista estos elementos son muy relevantes al hacernos la pregunta, -parafraseando la ya clásica de Vargas Llosa en Conversación en la catedral-: ¿En qué momento se jodió ENLACE?

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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