El Químico que se quedó sin título y sin laboratorio…
Un bolero fue testigo de la metamorfosis de Andrés Granier, y vio crecer su fama de compadre perfecto
Por Lado B @ladobemx
17 de junio, 2013
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Tomada de sdpnoticias.com

Víctor Ulín | Águila o sol

“Todo lo perdí, hasta mi laboratorio de análisis clínicos. El agua se llevó mi título colgado en la pared. Perdí fotos y recuerdos que tenía en la pared”… lamenta el ex gobernador al escritor Jaime Ruiz Ortiz en una entrevista publicada en el libro El Agua tiene Memoria (2012), editado por la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento de Tabasco.

El gobernador nos cuenta que al pasar por su negocio, en un recorrido en lancha con el Presidente de México Felipe Calderón (en una gira de trabajo durante los días de inundación en el 2007), éste le comentó: ¡Qué bárbaro!, ¿y qué es allá adentro?

“Señor-contestó Granier- es mi laboratorio. Ahí fue mi casa. Ahí nací. En la inundación se fueron parte de mis recuerdos…tantas y tantas cosas…”, cita en la conversación.

El 11 de junio de este año, en la entrevista con Carlos de Loret de Mola, el ex gobernador vuelve a mencionar el laboratorio para dar fe de que solo posee 13 inmuebles y de la importancia que la propiedad ha tenido a lo largo de su vida, desde su niñez.

-¿Sus propiedades donde están Químico… cuáles son…?

-Están preferentemente en Tabasco.  Mis propiedades son… donde estuvo mi laboratorio, de las más importantes… Le puedo decir (que) es de las más importantes: lo cerré en el mes de diciembre, porque mi hermana que trabajaba conmigo como química falleció. Me retiré totalmente de la vida pública, de la vida privada, está en la calle Juárez…

Las fechas tampoco le cuadraron: su hermana, Irma Granier de Lozoya, de 65 años de edad, falleció el 26 de enero de 2009 a las diez de la noche, a tres años de que Andrés Granier Melo asumiera la gubernatura y el mismo tiempo para  que concluyera su mandato, de acuerdo con la reseña de las exequias aparecida en el diario Tabasco Hoy.

La hermana de la que le habló el ex gobernador al periodista Carlos Loret de Mola lleva ya tres años de fallecida. El laboratorio, localizado en la calle Juárez del centro histórico de Villahermosa, número 523, continúo abierto hasta el mes de diciembre del 2012 según el ex gobernador, y octubre de acuerdo con la versión de Pedro, el bolero.

DOS

Pedro lo vio muchas veces salir y pararse fuera de la entrada del laboratorio para saludar a la gente. Lo hacía cuando la demanda de análisis clínicos era escasa.

La gente lo conocía y le llamaba El Químico. Los que le pidieron  ser su compadre de bautizo; su padrino de quince años o testigo de boda, son incontables, entre ellos algunos periodistas que de la noche a la mañana fundaron también una riqueza sospechosa.

Mucha de su fama y popularidad la sustentó en su predisposición al compadrazgo o padrinazgo dadivoso: la versión de que pagaba las fiestas lo convirtieron en el invitado y político ideal.

De su laboratorio, caminaba al entonces Café Casino (convertido primero en un ciber café y ahora en un restaurante de comida china). Ahí pasaba un rato con sus amigos que se diluyeron con el tiempo y otros tantos, los más, los de la tercera edad, ya fallecieron.

A unos 15 metros, sentado en su banquito, mientras lustraba los zapatos de sus clientes, Pedro, el bolero, fue testigo de la metamorfosis del Químico durante los últimos seis años.

-Cuando fue gobernador ya no vino a su laboratorio. Pero en una ocasión llegó al café casino e invitó el desayuno- refiere Pedro estirando los recuerdos que no desea compartir en un primer momento sino hasta que le confieso que soy periodista y me comparte que uno de sus asiduos clientes también escribe para un periódico.

Cuenta con los dedos y Pedro me asegura que fue a finales de octubre del 2012 cuando cerraron el laboratorio. El Químico estaba a solo dos meses de finalizar su cuestionado gobierno (tres inundaciones seguidas que le dieron discurso para justificar la falta de obras y hoy para defenderse de las acusaciones de peculado y enriquecimiento ilícito).

-A veces viene alguien a limpiar, pero está un rato y se va- me confía el bolero que durante diez años atestiguó la rutina de los que laboraban en el laboratorio para el Químico y de otros que en la vida cotidiana se han vuelto sus conocidos o amigos.

En contraste con Pedro, el empleado de un local que vende camisas piratas de fútbol a lado del laboratorio prefiere no decir nada (mira desconfiado) y me remite a un presunto ex empleado  de Andrés Granier que no encontré en el puesto de revistas que me indicó, frente al parque Juárez, a un costado del Bancomer , sobre la calle Zaragoza.

Un conocido interrumpe el trabajo de Pedro. Me confirma, con su broma, que Pedro conoció al Químico.

-¿Qué? ¿Ya vino el Químico? Lo bueno que a ti te dejó firmado un cheque -le dice el amigo a Pedro.

Pedro le devuelve una sonrisa, pero está incómodo y rechaza la imputación con una mueca.

En una visita posterior, Pedro me confiaría que sólo una vez boleó los zapatos del Químico. Para entonces ignoraba que estaba lustrando uno de los 400 pares que poseía el ex gobernador.

Hoy ya son escasos los que presumen públicamente la amistad o el compadrazgo con el Químico.

TRES

Damnificado en la inundación del 2007, remodeló su laboratorio. Muy pocos notaron cómo fueron sustituidos los viejos muebles, remozadas las paredes, el techo y renovadas las puertas.

“Laboratorio de Análisis Clínicos Quím. Andrés R. Granier Melo” se lee aún en el cristal de la puerta. Sólo eso. Ni Sociedad Anónima (S.A) ni menos de Capital Variable (C.V). Bastaba con su nombre para concitar la visita de clientes, amigos o compadres.

Por dentro, ni un vestigio de lo colonial que el inmueble solo aparenta todavía en la fachada.

Sobre la Calle Juárez del Centro Histórico de Villahermosa el laboratorio pasa desapercibido. Igual que antes de que el Químico ordenara su cierre porque presuntamente ya no tenía quién se lo administrara después de que su hermana falleció.

Desde el año pasado, una cortina de hierro blanca mantiene tapado el laboratorio en el que el Químico Andrés Granier Melo vivió y catapultó su carrera política: primero como presidente municipal (200-2003) y después como gobernador (2006-2012).

(La publicidad del laboratorio también desapareció de la sección amarilla de Tabasco).

En el interior del inmueble, -una de las 13 propiedades acreditadas en la Secretaría de la Contraloría del Estado como parte de sus bienes con los 25 millones que confesó poseer durante la entrevista televisiva ofrecida hace unos días al  periodista y conductor de Primero Noticias, Carlos Loret de Mola,- no quedó nada. También lo saquearon: ni un objeto que pudiera pensar que aquí alguna vez el Químico Andrés Granier hizo análisis clínicos para ganarse la vida honestamente  y menos que en este mismo lugar nació y pasó gran parte de sus años viviendo con sus padres.

Las instalaciones todavía conservan un matiz a nuevo. En la entrada del laboratorio hay una bolsa de comida olvidada quién sabe desde cuándo. Un filtro de metal y un plafón blanco cuadrados recargados sobre la pared. En el techo hay un agujero que no alcanzaron a cubrir (una metáfora del desfalco que ahora le imputa el gobierno de Arturo Núñez). El polvo va cubriendo la blancura del piso que ahora es de mosaico fino.

La puerta que da acceso al interior del laboratorio está abierta. En la ventana de la recepción –donde recibían las muestras para los estudios clínicos- hay unas hojas blancas.

Alguien las olvidó a propósito o las dejó como constancia de que aquí fue un laboratorio: el del Químico.

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Lado B
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