#YoSoy132: balance

#YoSoy132: balance

Roberto Alonso*

Hace un año, 131 alumnas y alumnos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México respondieron a través de un video las críticas que buscaron vincular la protesta que enfrentó el entonces candidato Enrique Peña Nieto al retirarse de esta institución. “Somos estudiantes de la Ibero, no acarreados, no porros, y nadie nos entrenó para nada”, expresaron decenas de rostros con credencial en mano.

La acción pudo haber quedado en un registro audiovisual y nada más. Pero no fue así. De inmediato se hizo viral y fue motivo suficiente para el surgimiento de una solidaridad individualizada -en buena medida por causa de la singularidad de las redes sociales- que dio lugar, a su vez, al #YoSoy132. Este movimiento no nació en la Ibero. Lo que sucedió allí fue únicamente el móvil que encontró eco en miles de jóvenes. Importante resulta la acotación porque, como bien señala Agustín Basave, la posibilidad de que el movimiento vuelva a ser lo que fue -así sea de manera coyuntural- se encuentra latente, a partir de sus frutos e incluso de sus errores.

El balance, en consecuencia, se apetece obligado, y las viñetas suelen ser útiles:

  • La elección fue otra. Si algo condimentó el proceso electoral de 2012 fue la presencia del movimiento #YoSoy132. En las redes sociales, en las calles y en las conversaciones la movilización juvenil ganó espacio, le dio un rumbo distinto a las campañas y evidenció el profundo malestar de miles de jóvenes con su país, su insatisfacción y su indignación con el estado de cosas, con las injusticias, la impunidad, la desigualdad, la corrupción, la exclusión, la manipulación y las mentiras. Un acontecimiento aleccionador fue, sin duda, la organización del #Debate132, con todo y la significativa ausencia de Peña Nieto.
  • La democratización de los medios como una demanda social. Aunque fueron numerosas las exigencias que en su momento fueron formuladas por los jóvenes articulados bajo el hashtag #YoSoy132, así como diversas han sido las causas que se han acompañado y los proyectos que se han emprendido, el movimiento logró visibilizar una demanda pendiente desde hace décadas: la democratización de los medios de comunicación. Tal indignación causó la cobertura informativa de la protesta contra Peña Nieto en la Ibero que las voces de reclamo fueron dirigidas sustancialmente a los medios de comunicación. Bajo este mirador, no es exagerado sostener que la reforma en materia de telecomunicaciones es resultado, en buena medida, de la movilización juvenil.
  • División y dispersión. A un año de su surgimiento es evidente que el movimiento #YoSoy132 ya no es lo que fue. Más allá de los proyectos que desencadenó, esa fuerza que se apoderó de las calles en la capital y en los estados se ha dividido y dispersado. Siendo el #YoSoy132 -según la descripción de Jenaro Villamil- identidad, consigna y símbolo al mismo tiempo, la diseminación del movimiento ha derivado en variadas expresiones de crítica, lucha y resistencia. Adicionalmente, pareciera que una parte importante de la movilización limitó su energía a la lógica electoral, mientras que otra perdió fecundidad con la dinámica asamblearia.
  • Juventud informada y politizada. Por el contrario y a pesar de la dispersión hoy es evidente que si el movimiento #YoSoy132 demostró y ha nutrido una realidad, esta es la de una juventud interesada en participar en el espacio público. Se trata de un segmento de la población juvenil que, si bien no representa a toda la juventud mexicana, se ha distinguido y ha emergido como un actor que quiere ser protagonista de su historia, de su futuro. Sin una juventud madura, informada y politizada, que trasciende la dimensión virtual de la convivencia pública, toma las calles y se posiciona en la vida colectiva no es viable una sociedad democrática en todo su esplendor.
  •  Más que el movimiento las historias. Evaluar al #YoSoy132 solamente como movimiento, como estructura, es ocioso. Nuevamente, en tanto identidad, consigna y símbolo el #YoSoy132 es también un nodo en el que se intersectan miles de historias y de transformaciones personales, empoderadas. Los lazos que han tendido algunos de sus integrantes con otras causas sociales como la que pide la libertad del profesor Alberto Patishtán, el Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio, el Frente en Defensa de Wirikuta, la lucha de las víctimas de la represión llevada a cabo en Atenco y la defensa del territorio del pueblo de Cherán, entre otras, dan cuenta de un compromiso social que rebasa la problemática juvenil y abraza un proyecto de país justo y digno para todas y todos.

Esto último es, acaso, la principal aportación del movimiento #YoSoy132: haber marcado una generación consciente de la importancia de su participación en la vida pública, preparada y atenta -dirían algunos- a los signos de los tiempos. Las palabras de César Alan Ruiz Galicia, uno de los universitarios involucrados en el movimiento, resumen con precisión lo anterior: “mucho de lo que rechazamos sigue igual, pero los que participamos nos sentimos totalmente diferentes.”

Con un poco de poesía el movimiento #YoSoy132 lo supo desde un principio: “si no ardemos juntos, ¿quién iluminará esta oscuridad?”

* @rialonso es secretario del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI). Tiene estudios en Comunicación, Derecho de la Información y Políticas Públicas.

 

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