“Dijeron que me iban a matar”: detenidos por el #Op5deMayo

“Dijeron que me iban a matar”: detenidos por el #Op5deMayo

Ayer, al fin, el tercer joven acusado de querer boicotear el desfile del 5 de Mayo (en una supuesta acción llamada #Op5deMayo) quedó en libertad. Eduardo Salazar Velázquez salió del Cereso de San Pedro Cholula poco después de la 1pm, luego de pagar una fianza de 25 mil y una multa de 3 mil 500 pesos. Está acusado de cohecho y resistencia de particulares. Luego de ser liberado dijo a los medios lo que minutos antes había denunciado Néstor López Espinoza, otro de los acusados: sufrieron tortura física y psicológica.

En la gráfica Néstor López y Eduardo Salazar tras la salida del penal del segundo. Foto @melyarel
En la gráfica Néstor López y Eduardo Salazar luego de que el segundo abandonara el penal de Cholula. Foto @melyarel

Mely Arellano

@melyarel

“Dijeron que me iban a matar”.

“Nos decían, ¿qué pensaban, que no les iba a pasar nada por meterse contra el grande?”.

“Me dijeron que dónde quería que dejaran mi cuerpo”.

“Nos decían que si éramos gays, y que nos iban a violar y que nos iban a obligar a violarnos entre los dos”.

Las voces son de Eduardo Salazar Velázquez y Néstor López Espinoza, de 19 y 22 años de edad respectivamente, detenidos la mañana del viernes 3 de mayo porque una denuncia anónima los señaló de planear acciones violentas para boicotear el desfile del 5 de Mayo en la ciudad de Puebla. Acusaciones que la Procuraduría General de Justicia (PGJ) no pudo probar.

Cerca de las 12 del día de ayer martes 7 de mayo, Rafaela Velázquez y Faviola Salazar, madre y hermana de Eduardo, entregaron en el Cereso de San Pedro Cholula el comprobante de que los 28 mil 500 pesos (25 mil de fianza y 3 mil 500 de multa) necesarios para la liberación del joven habían sido depositados en el banco.

Los minutos siguientes fueron para ellas quizás tan largos como las 99 horas que sumaban sin verlo.

En el Cereso era día de visita, así que la puerta se abría con mucha frecuencia provocando sobresaltos constantes sobre todo a Faviola, quien esperaba ver salir a su hermano menor en cualquier momento.

La señora Rafaela estaba, por obvias razones, con un ánimo diferente esta vez. El dolor de espalda que la acompaña todo el tiempo le importaba poco y hasta le hacía bromas a su hija. Le prometía que no se iba a desmayar al ver a Eduardo, a Lalo, como le dice.

Con la familia estaban algunos amigos, pocos, y un par de integrantes de Morena. Estaba también Néstor, quien consiguió su libertad el lunes poco antes de las 7pm y que, a diferencia de entonces, cuando prefirió no hacer alguna declaración, ayer se plantó ante los medios para confirmar lo que antes ya había denunciado Carlos Figueroa, también militante de Morena: fue víctima de tortura.

–Amenazaron a mi familia, me dijeron que me iban a matar (…), y me dijeron que dónde quería que dejaran mi cuerpo (…). Yo les suplicaba que no me hicieran daño, que iba a cooperar y todo lo que me preguntaban se los dije y ahí me tuvieron encerrado, con esposas y agachado (…). Todo el tiempo eran humillaciones, de que me iban a violar, amenazas, me criticaron por mi vestimenta, me empezaron a decir maricón, que era niña, insultos, fue espantoso.

Néstor fue detenido violentamente el viernes a las 9 de la mañana. Fue entre la noche y la madrugada del sábado cuando se dio cuenta que estaba en la PGJ porque lo llevaron a declarar ante el MP.

Para su madre, Verónica Espinoza, lo que le pasó a su hijo es imperdonable, “las personas que lo hicieron ojalá y algún día lo paguen”.

–Nos decían, ¿qué pensaban, que no les iba a pasar nada por meterse contra el grande? –recuerda Néstor-, y nosotros así de, nunca pensamos hacer nada malo, sí a veces llegué a participar en manifestaciones pero eran siempre pacíficas, porque así lo marca la Constitución, era un derecho (…).

Néstor no lo niega. Sí pensaban manifestarse el 5 de Mayo, pero no con violencia.

Los minutos corrían. Después de su declaración, a Néstor lo escoltaban su mamá y una amiga que todo el tiempo lo tomaba de las manos. La señora Rafaela y Faviola cada vez se acercaban más a la entrada del Cereso, como si eso apresurara la salida de Lalo.

A la 1:15pm la puerta se abrió para darle paso. Las dos mujeres corrieron a abrazarlo. El joven, mucho más alto que ellas, estiró sus largos brazos donde fácilmente cupieron. Los tres lloraron.

Eduardo se veía agotado. Tenía los labios partidos y un derrame en el ojo izquierdo. Llevaba una sudadera gris, desgarrada en la parte del cuello.

Cuando finalmente su mamá y su hermana lo soltaron, su tía y algunos amigos se acercaron. Después lo hizo Néstor. El abrazo entre ellos fue largo. Volvieron a llorar los dos.

A Eduardo le dolía el cuerpo pero aun así quiso contar de inmediato lo que había pasado. Las grabadoras lo rodearon y empezó a recordar. A un metro de distancia, tres policías miraban la escena.

–A mí me detuvieron el día viernes a las 9 de la mañana, en la papelería que tiene mi mamá, yo había abierto, y como a los 10 minutos entraron dos señores sin presentarse ni decir de dónde venían, entraron, me agarraron, yo creyendo que era un asalto, pues es negocio, me paré, en eso otro llegó por enfrente y me detuvo. Al ver la camioneta enfrente de la puerta empecé a gritarle a la señora que nos renta el local, ahí fue cuando me ahorcaron y me pegaron en el estómago y me dijeron que ya había valido madres y que ya no iba a hacer mis relajos.

A Iván Guizasola Vázquez lo detuvieron en el Soriana de la Capu, a donde acudió presionado por Eduardo, quien estaba siendo amenazado por los policías y fue testigo del arresto. También lo llevaron a la PGJ, pero enviado después al Cereso de San Miguel. Le establecieron una fianza de 19 mil pesos, que su familia pagó la tarde del lunes. Iván fue liberado aproximadamente a las 1 de la madrugada de ayer martes 7 de mayo, informó su abogado Leopoldo Uribe.

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