“Así son todas las historias y no hay más”: Aletya

“Así son todas las historias y no hay más”: Aletya

 Arturo Loría

@velvet_Boy

PRIMERA DE DOS PARTES

En el 2007 Aletya era una cantautora directa, de cabello rojo intenso a la que siempre se la veía con guitarra en mano y hacía electro pop.

Tal vez ya no haga aquel electro pop, pero sigue siendo la misma chica que dice lo que piensa, sigue teniendo el cabello muy rojo y siempre trae, si no una guitarra, algún cordófono en mano (está fascinada por los cordófonos).

Su trabajo a lo largo de estos 6 años le ha valido tocar en algunos de los escenarios más importantes tanto de la ciudad como del país (el Festival Xtremo Gdl en 2008 y el Festival Internacional de Puebla en 2010, por mencionar algunos) y, ahora, una nominación en los Indie-O Music Awards 2013 a Mejor Disco Pop por su trabajo en Aldea Imaginaria, su más reciente EP.

Un paso grande si se toma en cuenta que el EP de Aletya, grabado con recursos propios y en un estudio casero, ha sido considerado por el jurado lo suficientemente bueno como para estar al nivel de producciones del calibre de Arunima de Hello Seahorse! o Déjenme Llorar de Carla Morrison.

Aletya cree en la música como arte y como trabajo, vive por ello y para ello. De esto y otras cosas tan diversas como Madonna, el sexo, las cantinas, el Internet, las redes sociales, la escena musical poblana y su Aldea Imaginaria, conversó largamente con Lado B.

“QUIERO MORIR CANTANDO Y NO POR CAUSAS INÚTILES…”

Es curioso que algo tan íntimo como Aldea Imaginaria termine siendo algo tan público. A lo largo de las seis canciones de esta producción que le trajo a Aletya su primera nominación, la intimidad está presente, pero entendida como ese espacio en el que las emociones más profundas, tan delicadas y tan sórdidas al mismo tiempo, conviven.

Aldea Imaginaria es precisamente una evolución de estas emociones, que comienza con la dulzura de Dance the Dream y termina con la tajante Ya no quiero que me quieras. Todo en tono de folk pop que hacen de cada tema algo inevitablemente familiar.

¿Por qué abres con Dance the dream?

–Dance the Dream comienza a contar la historia de la Aldea Imaginaria. Comienza diciendo: “Llega esta noche, vamos a cambiarlo todo”, como si ya supiera en qué va a acabar la película, pero al mismo tiempo se reivindica y da la oportunidad de bailar el sueño y reírse de eso.

Canciones como ésta manejan una muy fuerte influencia de temas como I’d rather dance with you de Kings of Convenience, así como en su momento Un extraño poder en mí –otro de los primeros temas de Aletya– era una clara referencia a Highschool Lover de Air, a las que al final, conseguías dar un giro e identidad propios ¿Cómo manejas tus influencias y cuáles son?

–Yo vengo de una familia que me enseñó el rock. Nadie toca música pero todos me influenciaron a escuchar rock, desde Beatles hasta [Black] Sabbath y cosas también del canto folclórico como Violeta Parra. Yo vengo de ahí, pero también busqué mi propia identidad: yo no quería ser igual que mis padres o mis tíos. Mi mayor rebeldía fue escuchar a Madonna, en mi casa no se permitía. A mí el pop me sedujo de esa manera, era lo prohibido. Entonces yo salí a buscar mi identidad y luego regresé al rock, porque comprendí que finalmente así había sido como había crecido; sin embargo, a mí me encanta lo bien producido, lo bien hecho, lo bonito…y eso es el pop.

El pop se esfuerza por dar placer y que la producción sea sumamente bonita. Esa búsqueda de lo bonito es lo que no maneja el rock en muchos aspectos.

Para mí se trata de darle la vuelta a las cosas para encontrarme: escucho algo que me gusta muchísimo, y tal vez se note la influencia, pero entonces le doy la vuelta, porque yo no quiero ser eso, quiero ser yo misma, entonces termina sonando a otra cosa.

Me gusta Nacha Guevara, la cantante argentina, desde niña me acompaña a todos lados; poemas de Benedetti, los poemas franceses; ahora me doy cuenta de cuánto me gusta Black Sabbath, desde la cuna. Madonna me hizo cambiar de pensamiento y me hizo querer escuchar cosas como Santa Sabina. Me hacía sentir diferente de toda la gente que se queda en un rollo y no le entra otra cosa en la cabeza. Pero la verdadera vuelta la dio para mí Björk, quien acabó por llenar el hueco superficial que dejó Madonna, y demostrar cómo se hace el pop de otra manera, convirtiéndose en mi sueño.

Volviendo al disco, Champán y Chocolate que abre un plano muy particular de la intimidad ¿de dónde viene?

–Es un sueño lúcido total. Es el principio de las emociones fuertes, los deseos, el éxtasis, el rayar, medio enloquecer en la pasión. Es lo que soy y las canciones son eso, parte imaginación, parte ficticia y parte de la personalidad de uno.

Hay mucho de ti en estas canciones, son muy particulares, Estúpida Canción ¿por ejemplo?

–Es una canción cantinera para mí, de irte a pedir un tequila al bar, sentarte en la barra y mentar madres. Me encantó desde que comencé a escribirla y creo que es mi hija más amada de la Aldea Imaginaria, sobre todo porque hago algo diferente: nunca había contado una historia tan larga, con tanto detalle. Nunca había hecho eso.

¿Tiene dedicatoria?

–¡Claro que tiene dedicatoria! [Risas] ¡Todas las canciones tienen dedicatoria! No tengo hijos huérfanos.

Y de ahí llegamos a Causas Inútiles que, a mi parecer, contiene tu mayor estatuto musical: “Quiero morir cantando” ¿Quieres morir cantando?

–Claro. No quiero hacer otra cosa. Puedes hacer muchas cosas en tu vida: puedes ponerte alegre, triste, feliz, lo que sea… pero a final de cuentas, de todo lo que hagas, quieres morir cantando. Realmente a lo que vienes al mundo es a cantar. En la canción te das cuenta de que eres apasionada, todo te encanta, te enamoras de todo, pero a final de cuentas, no pasa nada, “quiero morir cantando”.

Pero además, es la canción más directa porque dices “quiero morir cantando, no por causas inútiles”, y luego le dices al pobre al que vaya dedicada esta canción “te quieres matar, pero no tienes el valor”, prácticamente es un “no tienes los huevos para suicidarte”…

–En psicología hay un simbolismo: cuando la persona no se atreve a suicidarse, chinga al otro. Es una persona que es problemática porque no tiene el valor de suicidarse, y entonces afecta a la otra persona. Y es donde respondo: “quiero morir cantando y no por tus causas inútiles”.

Es curiosa la evolución, porque empezamos con Dance the Dream, le quieres dar Champán y Chocolate, para luego decirle “me quiero morir cantando, no por tus causas inútiles” y cierras diciendo “Ya no quiero que me quieras”… ¿Por qué tan lapidaria la conclusión de Aldea Imaginaria?

–Porque así son todas las historias y no hay más.

La misma canción lo dice en una parte: “De lo efímero asumí, una vez más y otras sí, en que el tiempo no tiene fin”. El tiempo realmente no va a tener fin y estas historias continuarán constantemente con otras personas.

TODO EL MUNDO LLEVA EN SU BOLSILLO UNA ALDEA IMAGINARIA

Aldea Imaginaria es el álbum con el que estás nominada a mejor disco pop en los IMAS 2013 ¿Cuál es esa Aldea Imaginaria por la que ahora se te reconoce?

–Esa Aldea Imaginaria son canciones que se crearon sin ningún concepto, sin ninguna idea, con esta cuestión de seguir en la experimentación. Después de haber hecho mi disco de electro pop me venía preguntando: “¿Qué hago? ¿Qué voy a realizar?”. Nunca dejé la música pero ya no me sentía satisfecha tocando electro pop y, como parte de la evolución de un músico, quería experimentar más, conocer más cosas, tener otros sonidos.

Tampoco fue de la noche a la mañana. Me invitaron a tocar para Federico Arreola y decidí probar con un show acústico. Ahí me empiezo a enamorar de este sonido, de quitar las pistas, la exactitud y empiezo a sentir súper delicioso el sentarme en el escenario y que estemos todos tocando… ese olor a madera, me encantó, me fascinó, y de ahí para el real… ya no lo solté, ahí me quedé.

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Foto: Xavier Rosas

–La Aldea Imaginaria no era un concepto creado, pero sí es algo que vivimos todos. Yo siento que todos tenemos una Aldea Imaginaria en el bolsillo, en el reloj… la Aldea Imaginaria no es nada más que el Internet: ahí ponemos todo nuestro mundo, en un iPod, en un mp3, en un iPhone, en un teléfono… todo el mundo lleva en su bolsillo una Aldea Imaginaria.

Por otro lado, tú puedes platicar por distintos medios con tu vecino y saber su estado de ánimo pero no va a dejar de ser tu amigo imaginario porque, aunque lo tengas en frente de tu casa, no lo estás viendo. Te estás enterando por medio de un texto de lo que está haciendo. Es tu amigo imaginario. Entonces, se me ocurrió que toda esta nueva convivencia que tenemos a través del Internet es como una pequeña aldea.

Además algo muy adecuado a nuestra época, cada vez estamos más conectados en esta aldea global o imaginaria…

–Y de la que finalmente sí somos aldeanos: te despiertas y el vecino dice cualquier cosa y tú ya reconoces su estado de ánimo como si fuera una persona que conviviera contigo de cerca y diario. Eso es súper extraño, ¿no?

Si bien digo que la Aldea Imaginaria puede ser el Internet, en realidad, son todas esas líneas que nos conectan: el teléfono es también una Aldea Imaginaria, tú estás hablando con la gente pero no la estás viendo ni nada. Hay muchas líneas posibles.

A lo largo de las canciones de este disco tú le hablas a alguien y le dices constantemente: “me gustaría que estuvieras o que no estuvieras aquí”. Es imaginaria la situación…

–Hay un lado abstracto en mis canciones en el que tú tomas parte a partir de aquello que te ha pasado: cosas reales, tus vivencias, sueños, deseos, presente, pasado, futuro. Parte ficción, parte realidad. Pero también, siempre tienen una parte del autor que es muy íntima y que se refleja en los personajes.

BUSCAR LA FELICIDAD Y QUE SEA POR DIGNIDAD

Tu estudiaste música en la Escuela de Artes de la BUAP… no fuiste abogada, no fuiste médico, no fuiste ninguna de estas carreras que normalmente complacen a los padres… decidiste ser músico ¿Por qué una chica se dedicaría a estudiar música? Y más aún, ¿por qué se dedicaría a la música independiente?

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Foto:Xavier Rosas

–Más que algo que tratara de lograr o una pose, todo se me dio como ser humano. Descubrí a muy temprana edad que la música me alejaba de cualquier malestar, me curaba.

Ante un examen reprobado, las matemáticas –porque siempre me gustaron las letras–, un regaño de los adultos, evocaba una canción de los Beatles y era lo más cercano a la felicidad. Obviamente que a lo largo de toda mi vida seguí buscando esa felicidad. Y sigo en esa búsqueda.

¿Se puede vivir de la música independiente en Puebla?

–Claro que se puede, estoy detrás de eso y lo quiero lograr. Es mi gran reto: darme a conocer y, de alguna manera, vivir de lo que hago. Que sea por dignidad, que se valore mi trabajo, que se reditúe con dignidad. Es lo que quiero lograr, es lo que he estado persiguiendo. Tiene que suceder.

¿Hay que estudiar música para ser músico y hacer música?

–Creo que es muy necesaria la educación musical, creo que es muy necesario conocer la historia de la música, acercarse al solfeo, a la armonía, a las bases, conocer los principios de la música, mas creo que el 80% de ese aprendizaje va a ser exitoso en la medida que se entienda la música, que se comprenda como tal.

Y para entender la música no necesitas estudiar solfeo o conocer la historia de la música, lo que necesitas hacer es ser muy privado, muy íntimo, muy guardado de lo tuyo y escuchar y procesar, para luego crear.

Siempre he pensado eso y ese es mi modo de trabajo actual: planeo las canciones a veces caminando por la calle. Gracias a las bases musicales es que puedo llegar a casa y lo ejecuto, lo puedo aterrizar, pero algo importante es que ya trabajo de ese modo surreal. Yo no me siento a hacer una progresión de acordes matemática, no lo hago. Yo prefiero soñarlo.

Mucho tiempo estuve clavada con ello, en la escuela académica te meten ese rollo, pero cuando terminé la Aldea Imaginaria, que fue hecha así, al natural, como hijos paridos al natural, sin cesárea, fue que dije: “esto me encanta, esto funciona, esto me gusta, me hace sentir bien, y eso se reflejó con la gente”.

Hay músicos como Bowie que en alguna época recortaba frases de revistas, las revolvía y armaba sus canciones o aquellos que se levantan a mitad de la noche después de soñar un sonido ¿Cómo compones?

–Actualmente sueño mucho. No sueño dormida, sueño despierta. Mientras como, mientras me baño, mientras desayuno, mientras camino, mientras visito a mis amigos, todo el tiempo estoy soñando la música.

Yo ya no busco la inspiración, la espero, busco el momento exacto, ya tampoco estoy “friégale, friégale”, o todas las noches trabajando, ya lo hago pensando: “el viernes hago una rola, y el sábado también, y va a ser así”, entonces la empiezo a soñar despierta, llega el momento en el me comunico con la rola [hace una melodía con la voz], la escucho todo el tiempo y esa comunicación hace que cada vez se me antoje más escucharla.

Hay mucho de idealismo en lo que ahora hago: la idealizo y así llega.

¿Y la logras concretar, siendo tan idealista?

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Foto: Xavier Rosas

–Siempre la logro concretar. Me encanta mi mayor defecto: soy perfeccionista y muy detallista.

Llega a mis manos el proceso de ese sueño que tuve… lo escucho, lo escucho y llega un momento en el que me sé el coro… es algo increíble, como mágico.

Antes cuando buscaba una letra para embonarla en una música a la fuerza, como los zapatos a la fuerza y con calzador, no resultó. Unas canciones después de Y Mientes [uno de sus primeros temas] nunca resultaron, nunca tuvieron una letra que me emocionara; más que caer en lo abstracto caían en lo absurdo.

Ahora por eso hago un proyecto mental a la vez, no hago varios. Y gracias a eso se concreta.

Tampoco creas que traigo diez canciones en la mente, como un playlist y que voy descargando, no soy un robot.

En Aldea Imaginaria no soñaba tanto las canciones: una noche me sentaba a tocar y salía en cinco o diez minutos. Fue orgánico.

Sin embargo, tampoco hago las cosas de golpe. Tengo un plan. Cuando empecé a hacer la Aldea Imaginaria había un esquema, un cuadro sinóptico de ideas. Lo primero que tengo es el título del disco y el tema, porque tal vez mañana eso no me importe y quiera hacer discos con diferentes canciones.

Empecé diciendo: “Voy a hacer un disco y se va a llamar Aldea Imaginaria”; luego dije: “va a ser acústico”; entonces empecé con mi cuadro sinóptico en el que dije: “voy a tocar balada pop, quiero un poco de country por acá, acá voy a hacer algo que sea un poco más jazz pero que no deje de ser pop, me falta un poco de rock…”. Al tener esa receta, ya sabía qué buscar en las canciones.

Entonces, muy orgánico, muy orgánico, pero muy esquemática también…

–Muy orgánico pero planeado. Comienzas a hacer una canción y es muy padre que salga lo que sea, pero yo no quería que ese fuera el resultado. Yo quería que las canciones se conectaran, quería contar historias, quería hacer como una novela, como un libro.

***

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Foto: Xavier Rosas

*Agradecemos a Sillarquía(3 oriente #207, Centro, Puebla), tienda y taller de restauración de sillas fundado por Juan Pablo Guarneros todas las facilidades prestadas para la realización de este trabajo. Las fotos y el video que acompañan esta entrevista son responsabilidad de Xavier Rosas.

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