La llamada que le cambió la vida
27 tarjetas prepagadas y un celular con las dos hileras de teclas de la izquierda borradas por el uso, los testigos
Por Lado B @ladobemx
26 de abril, 2013
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Un joven de 18 años se quita la vida al ser estafado con 10,900 pesos en saldo telefónico a cambio de un sueño: 100 mil pesos y una camioneta.

Angel Valdivieso Cervantes*

@queestwitter

–Hay un colgado –le avisó al reportero Roberto Flores uno de sus contactos.

–¿Dónde? –se interesó el corresponsal del diario Tabasco al Día.

–En San Luis –le confirmó su fuente.

Con estudios de primaria y con un pasado laboral que incluye haber sido peón de albañil y vendedor de panuchos, pero dedicado al periodismo desde hace 12 años, a Roberto Flores le pareció de entrada que se trataba de un caso más en las estadísticas de suicidio en este municipio de la Sierra, que hasta hace 3 años encabezó la cifra más alta de inmolados en Tabasco.

Era mediodía del sábado 14 de octubre pasado y las elecciones del día siguiente atraían la atención de ciudadanos, autoridades y medios de comunicación.

Aún así, Roberto se desplazó hasta la curva de San Luis, distante un kilómetro de la cabecera municipal.

Según los datos que le proporcionaron, el suicidio ocurrió en el rancho del secretario del Ayuntamiento, Jorge Castellanos de la Fuente.

Para entonces, sin embargo, el cuerpo ya estaba a disposición de la agencia del Ministerio Público, a cargo de Francisco Gabriel García Romero.

Roberto Flores no tuvo más opción que consultar la averiguación previa 325/TAC, en la que constaban las declaraciones de Javier Ruiz Cruz, padre del fallecido.

Fiel a su rutina, el periodista garabateó la información más relevante en su libreta de taquigrafía Scribe.

Le bastaron una página y media para condensar la noticia. En la parte superior, escribió en letras mayúsculas AHORCADO y luego los detalles del caso.

Detrás de los detalles obvios brotó una historia que le conmocionó. Que lo indignó.

–No se vale –le compartió a su esposa Guadalupe Jiménez de Flores la tarde del sábado, mientras redactaba la nota informativa-. ¿Cómo va a ser posible que haya gente sin entrañas?

En su casa del kilómetro 15 de la carretera Villahermosa-Teapa, Roberto tecleó en su computadora cinco párrafos.

Desde su correo personal, roberto1456413@hotmail.com, envió su despacho informativo a la dirección municipioaldía@hotmail.com y confió en que el coordinador de corresponsales, Víctor Cuevas, se la publicaría junto a dos textos más: un pleito entre militantes y un ahogado.

No se equivocó. A la primera noticia le dio la parte superior izquierda de la portada de Municipios al Día, en la página 9 de la edición dominical. La del cuerpo encontrado en el río Oxolotan ocupó el otro extremo superior.

Abajo, a un lado de una publicidad de Autotransportes Comalli, reprodujeron su nota sobre el ahorcado de San Luis.

“Falso ganador se quitó la vida”, la titularon, con un balazo informativo encima: “Su hermano lo encontró colgado”.

La nota no mereció llamado en esa portada histórica que pronosticaba a ocho columnas: “¡Votará Tabasco en paz!”

No mereció, de hecho, espacio en ningún otro medio escrito de Tabasco.

Modesta, esa muerte quedó sepultada por toneladas de papel periódico y tinta.

Era un suicidio más. Nada de qué asombrarse.

Tabasqueño desde los seis meses

Javier Ruiz de la Cruz tiene 48 años de edad. Oriundo de Cristóbal Colón, municipio de Sabanilla, Chiapas, decidió mudarse a Tacotalpa hace casi 17 años.

La razón: su hijo recién nacido, Manuel, entonces de seis meses, y una de sus hijas mayores, María, estaban muy enfermos.

Aquí, el médico Rubén Juárez le salvó la vida a ambos.

Ereuteria Morales consintió en quedarse a vivir, junto a sus restantes hijos Graciela, Adelina y Reinaldo.

Primero se establecieron en la comunidad División del Norte, pero una plaga de mosquitos los obligó a buscar una nueva morada.

Cuando recién se pobló Ceiba segunda San Luis, hace casi 13 años, don Javier se hizo de un solar, en donde ahora vive la familia Ruiz Morales. Casa de lámina, piso de cemento. Son tres habitaciones. Ahí cupo la familia.

Antonia es la más pequeña y la única tabasqueña de nacimiento. Es de Villahermosa, la capital.

Evangélica Pentecostés, la familia no tuvo dificultades para encajar en la vida ordinaria del municipio.

Ahí creció y jugó Manuel. Estudió secundaria en la José Gorostiza y se enamoró, hace unos meses, de una vecina, Graciela Martínez.

Joven y fuerte, pronto encontró trabajo en la platanera San Carlos. Ganaba poco, pero ya tenía planes para el futuro. No hace mucho compró seis castillos para levantar una construcción.

Su papá, enterado que se ampliaría la colonia a un sector llamado La Sierra, se comprometió con dos solares, para sus dos varones.

En diciembre pasado, su amiga Rosa Nelly le vendió un celular Nokia de medio uso. Manuel pagó 480 pesos por el aparato.

Cascarón en gris y carátula blanca, tenía asignado el número 9321010406.

A ese número le llegó la primera llamada una semana antes de cumplir 18 años.

Era un domingo y Manuel no lo podía creer.

Las tarjetas de 500 pesos

A Maritza Aguilar Cruz le llegó por medio de un mensaje. Se lo escribió un tal Ricardo Cortés Leal, que decía trabajar para la Secretaría de Gobernación.

–Me decía que mi línea había sido seleccionada con un premio y me pedían que me comunicara a un teléfono de la ciudad de México –ofrece los detalles de los que se acuerda la dependiente del negocio de telefonía celular TC Digital, ubicado sobre la calle Ruiz Cortines, de Tacotalpa.

Por error, marcó al número con lada 555. Logró colgar antes de que le respondieran, pero no pudo evitar contestar la llamada que le hicieron casi al instante.

–El hombre en el teléfono me dijo que el sorteo era para beneficio de niños discapacitados y que yo había sido seleccionada para llevarme un premio –narra la mujer-. Lo tiré a loco y le respondí que eso era una estafa.

El tipo insistió en que era una transacción legal y que para disfrutar de su cheque tenía que comprar seis tarjetas de Telcel de 500 pesos y dictarle los siguientes números al prefijo 08, que corresponden a la región en que se ubica Tabasco.

–Me empezó a verbear y lo dejé colgado –le dio su merecido Maritza a Ricardo Cortés, un pseudónimo seguramente.

En tiempos normales, en esta cabecera municipal, logran venderse 1 ó 2 tarjetas de 500 pesos a la semana, por negocio. Las de 100 y 200 monopolizan la demanda.

Por eso, a Maritza le llamó la atención que unos días después del mensaje que recibió, un señor de campo le solicitó 3 tarjetas de esa denominación.

–¿Para qué las quiere? –se interesó.

–Es que yo vendo en la comunidad –se justificó el cliente.

Se las entregó, previa alerta ante la campaña fraudulenta de los premios a través del celular.

Con parientes en Estados Unidos, algunas familias ingresan tarjetas de 500 a sus equipos celulares. Pueblo chico, ya se sabe quiénes son.

Por eso llama la atención que alguien inusualmente adquiera más de una.

A Rodrigo Damián García, encargado del negocio Telcel Oxxo, en la avenida principal de la cabecera, le han venido a preguntar sus vecinos.

–Les han llegado mensajes o llamadas de Boletazo, de Televisa y Telcel y hasta de la secretaría de Gobernación –enumera la estrategia del fraude-. Yo les digo que no les hagan caso, pero que sí quieren seguir el juego, es bajo su responsabilidad.

Aún así, conoce 3 ó 4 casos en que no fue posible darles la alerta.

A la fecha, Telcel se ha limitado a enviar a todos sus suscriptores un mensaje –también reproducido en ideasTelcel.com- en el que aclara que no realiza sorteos o promociones a través de su red de telefonía celular.

Noticiarios Televisa, recuerda Rodrigo Damián, ya abordó el caso en sus programas.

Es todo.

Si lo recibió en su Nokia, Manuel no lo comprendió del todo. A Internet nunca entró. No sabía. Y tampoco era asiduo a López Dóriga o a Loret de Mola.

Nadie le avisó. Nadie le dijo.

Cayó redondito.

Lo estafaron.

Cien mil en efectivo y una camioneta

La primera llamada la recibió el domingo 24 de septiembre.

Le dijeron que era muy afortunado, porque una niña enferma seleccionó su número de celular y le hizo ganarse dos premios: cien mil pesos en efectivo y una camioneta.

–Hermanita, ¿será que sea cierto que me haya ganado eso que me dicen? –le preguntó Manuel a su hermana mayor, Graciela, de 26 años.

–Para mí que es mentira –le compartió su primera impresión-. La gente no gana así nada más.

Pudo más la ingenuidad de Manuel.

La emoción era inocultable y terminó contagiando a los suyos. En esa vivienda, en resistencia civil contra la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde hace años, los milagros no eran frecuentes.

En una comunicación posterior, el joven campesino recibió instrucciones: debía adquirir cuatro tarjetas Telcel de 500 y dictar los números de código.

Apurado, Manuel consiguió dinero con familiares y amigos de San Luis. Hizo lo que le pidieron.

Entonces aumentaron la exigencia: debía comprar otras cuatro fichas de celular y seguir el procedimiento.

Al muchacho se le notaba desesperado. Para tranquilizarlo, le prometieron que pronto saldría su número de clave bancaria para hacerle efectivo el premio.

El mediador con el banco y autor de las comunicaciones, dijo ser Arturo Macías Mucha. Le telefoneó del número 5537092881.

Más por conservar el recuerdo que por sospechas, Manuel comenzó a anotar los números y el horario en que recibía las llamadas.

–Arrancó un papel de un cuaderno –describe su madre Ereuteria-. Lo cargaba siempre en la bolsa.

Por ser números de larga distancia, el saldo de Manuel se consumía al instante. En la semana que duró la espera, le ingresó a su celular dos fichas de 300 y tres de 100 pesos.

Tenía que estar localizable, le dijeron.

–Es raro esto –llegó a dudar, en confianza con su hermano Reinaldo-. Dicen que les falta un número del banco.

–Por qué no sales a preguntar –le sugirió éste-. Anda a averiguar al banco.

Las últimas cuatro tarjetas pudo comprarlas gracias a las gestiones de don Javier.

–Papá, ¿encontraste el dinero?

–Sí, hijo, por ahí presté dos mil pesos. ¿Cómo vamos a pagar todo este dinero?

–Con lo que me van a dar –confió Manuel-. Con eso lo vamos a devolver.

El domingo primero de octubre Manuel no solo cumplió 18 años. También recibió un regalo: una relación de números que podría canjear, el lunes siguiente, por sus merecidos premios.

–¿Qué banco hay en tu municipio? –lo interrogó el supuesto Arturo Macías.

Ajeno a estas instituciones, Manuel recurrió a su padre.

–Papi, ¿qué banco hay acá?

–Pues Banamex.

–Banamex –apenas pudo ocultar el atropello con que lo pronunció.

–Ah, bueno, con este número preséntate a reclamar tus cien mil pesos y las llaves de la camioneta. Ahí en Banamex te los van a entregar –se despidió, para siempre, la voz que durante ocho días llegó a serle tan familiar.

Fue el último enlace.

Manuel debió sentir recompensado su esfuerzo de aquella semana, en la que incluso dejó de ir a trabajar en la platanera.

En suma, había adquirido 10 mil 900 pesos en tiempo aire. A su contacto en el celular le dictó exactamente el código de 20 fichas de 500 pesos.

Las demás las gastó él mismo.

En vano.

El colgado de San Luis

Antonia, hoy estudiante de la misma secundaria que Manuel, tiene ya 12 años. Además de éste, ella es la única que sabe usar el celular en casa de los Ruiz Morales.

tarjetasdeTelefono

Foto: Aguila o Sol

Nadie como ella siguió de cerca el periplo de su hermano.

Recuerda fechas y horarios. Guarda las 27 tarjetas, como un tesoro indeseable. Ella guarda el celular, con las dos hileras de teclas de la izquierda borradas por el uso.

Ella, la menor, se acuerda cómo regresó Manuel de la sucursal de Banamex instalada en el Palacio Municipal de Tacotalpa.

Se veía abatido, desilusionado. No era para menos.

En el banco le aclararon que no había nada para él. Ni efectivo, ni estacionado en ninguna de las cuatro esquinas del parque central.

Durante 10 días, Manuel regresó a San Carlos a seguir con su faena. No demostraba arrepentimiento. Se lamentaba, sí, pero poco.

En la noche del viernes 13 de octubre, Manuel se ausentó de casa justo cuando la familia se reunía a ver “La bella más fea”.

Reinaldo preguntó por él. Preocupado, fue en su búsqueda.

Lo encontró, pero ya sin vida. Lo descolgó para salvarlo. Desamarró la lechuguilla de su cuello.

–Mami, aquí se ahorcó mi hermanito –repetía con una voz dolida.

Lo sepultaron a las siete de la mañana del domingo 15 de octubre. El mismo día que Roberto Flores dio la primicia.

Cabalística, la pila del Nokia se descargó la noche del viernes 13.

Manuel, también.Lado B. Periodismo 3.0

*Angel Valdivieso Cervantes es periodista y profesor de periodismo en Tabasco. Forma parte del grupo fundador de Aguila o Sol. Este texto fue publicado originalmente en dicho portal y se reproduce con su autorización.

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