Un refugio para morir en Siria
 
Por Lado B @ladobemx
08 de abril, 2013
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Lado B

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La violencia continúa en Siria, país que desde hace más de dos años ha visto como aumentan las cifras de muertos y refugiados. Naciones Unidas (ONU) estima que más de 70 mil personas han perdido la vida en el conflicto, así como el número de refugiados ha sobrepasado los 900 mil previstos.

Estos últimos enfrentan también el hacinamiento que hoy en día existe en los refugios, ya que su capacidad ha sido rebasada desde hace meses.

Las bajas temperaturas del campo de refugiados de Za’atari en Jordania, generan que la población busque por cualquier medio calentarse, lo que ha ocasionado que se susciten algunos incendios en las casas de campaña que albergan lo mínimo para los refugiados.

Inaugurado el pasado verano en pleno desierto, el campamento Za’atari ya alberga a 76 mil sirios y nuevas zonas son ampliadas ante la llegada de nuevos residentes. La entrada masiva de nuevos miembros ha convertido el lugar en una verdadera ciudad donde los sirios levantan pequeños negocios.

En un reportaje de Mónica G. Prieto, publicado en Periodismo Humano, relata los casos de algunas familias de refugiados en este campo, que han sufrido la pérdida de alguno de sus miembros ante el frío o los incendios que afectan a la población Siria.

Los restos calcinados de la tienda siguen intactos horas después de la tragedia. Jirones de ropa y calzados semiquemados se confunden con las cenizas de todo aquello que devoró el fuego. Pero, como suele ocurrir en los campos de refugiados, no había demasiado por arder. La lona de la jaima, así como la de tiendas vecinas, fue la primera consumirse, convirtiendo lo que debía ser un refugio en una antorcha y atrapando a Lamis Salhada Said, de sólo 10 años, en su interior.

 “Estuve con mi cuñada y los niños en la tienda hasta la medianoche, y a esa hora me fui a mi tienda a dormir”, explica cabizbajo Abu Maryam, el tío de la víctima. “Mi tienda está cercana, y al tumbarme escuché gritos. Salí corriendo y vi esta tienda en llamas, y a los vecinos sacando a mis sobrinos”. Uno de los residentes más próximos, Mohamed Abdleila al Maqdaq, acude al escuchar el jaleo propio de la visita. “Yo ya estaba dormido cuando me despertaron los gritos y vi las llamas. Me envolví en una manta y saqué a uno de los niños, mientras otros hacían lo mismo. Pero a la cría no la pudimos sacar”, dice señalando una mancha oscura en el terreno, donde afirman que encontraron el cadáver.

Continúe leyendo el artículo de Periodismo Humano en el siguiente link.

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