"Recuperé los cadáveres de 12 niños. El más pequeño tenía tres años"
 
Por Lado B @ladobemx
28 de abril, 2013
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Lado B

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Yassin al Baroudi, de 26 años, muestra el vídeo que tomó aquel día con su teléfono móvil. Una hilera de cadáveres, la mayoría de mujeres y niños, yace en varios sofás, muchos con disparos en la nuca. De fondo se escucha nítidamente su llanto histérico, el hipo que le cortaba la voz, mientras narraba la escena ante la cámara: “Recuperé los cadáveres de 12 niños. El más pequeño tenía tres años”, relata.

Desde que comenzó la revolución Siria, el número de muertos se estima en más de un millón de personas, así como el número de refugiados continúa incrementándose tal y como disminuyen los recursos para la manutención de los campos de refugiados.

Sin embargo, para este joven de la localidad de Homs, su trabajo podría considerarse uno de los más difíciles : trasladar a los hospitales de campaña a los heridos que iban dejando las bombas y los disparos de francotirador.

“No recuerdo por qué empecé a hacerlo. Dios quiso que me ocupara de ellos”, dice a la periodista Mónica G. Prieto. Y añade: “tenía una furgoneta, una Suzuki, y como no había ambulancias los llevaba a las clínicas. Y cuando era necesario, al cementerio. A veces les enterraba yo mismo, si no había nadie más”.

Un centro de rehabilitación de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Amán trata las secuelas físicas y psicológicas que están dejando las diversas guerras de Oriente Próximo. Según los médicos, el índice de estrés post-traumático es sorprendentemente bajo para los niveles de violencia que se padecen: “los niños están menos expuestos  porque no son conscientes de las amenazas de muerte que se ciernen sobre ellos», explican los médicos

El 10 de marzo de 2012, una operación militar del régimen sirio se abatió contra su barrio, Bab al Sbaa, en pleno centro de la ciudad. Los accesos quedaron cortados y Yassin quedó fuera. “Los shabiha y el Ejército rodeaban las entradas. Ayudé en la evacuación de las casas próximas, pero no pude entrar en Bab al Sbaa hasta la tarde siguiente. Había cadáveres en las calles, muchas casas habían sido quemadas. Corrí a la vivienda de mi familia y estaba vacía. Entonces fui a una casa próxima. Mi familia había sido confinada allí junto a los vecinos. Habían sido ejecutados. Los hombres fueron quemados, las mujeres y los niños habían sido acuchillados”.

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