La violencia, los medios y la vida real

La violencia, los medios y la vida real

“Si un árbol cae en el bosque y nadie lo tuiteó.

 ¿Realmente cayó? #filosofíaposmoderna”

@homoeconomicvs

Martín López Calva*

@M_Lopezcalva

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” , este es el epígrafe del libro de memorias que bajo el título Vivir para contarla, publicó hace unos años el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez. Se trata de una frase muy bella que sin duda es válida como argumento literario y en otros ámbitos del arte como el cine –si ustedes, apreciados lectores, tuvieron oportunidad de ver la bella película “Life of Pi” (una aventura extraordinaria), recordarán que este era el argumento central de la historia.

El problema es que hoy, en el mundo posmoderno en que vivimos está muy de moda pensar que es la percepción o el recuerdo que se tiene de los hechos lo que realmente existe, independientemente de la realidad, de manera que un juicio que es verdadero en la literatura o el cine se pretende volver verdadero en todos los demás ámbitos de la vida.

Nos movemos en el mundo de las percepciones, las imágenes, los posicionamientos mediáticos y los discursos, de manera que la famosa afirmación de Carlos Monsiváis de que “El que no sale en la tele, no existe”, es hoy una realidad extensiva a todas las redes sociales al grado de lo que plantea el tuit que aparece como epígrafe de este artículo.

Tal parece que los expertos de imagen del gobierno federal –que sin duda son muy competentes a juzgar por todo lo ocurrido desde la construcción de la candidatura de Peña Nieto hasta la fecha- se han basado en esta nueva cultura posmoderna para plantear la estrategia de comunicación con respecto a la violencia en nuestro país. Si algo no sale en la tele, no existe; si algo no se tuitea, no ocurrió y por ello el gobierno federal ha decidido no publicitar el combate al crimen organizado y tratar de que la violencia aparezca lo menos posible en los medios de comunicación.

El mayor problema es que parece que esta estrategia está teniendo éxito en la sociedad: desaparecida la violencia de los medios, parece también irse diluyendo en la percepción y en la conversación de los diversos actores sociales.

Sin embargo y lamentablemente, en la vida real, la vida no es la que uno recuerda para contarla sino la que uno realmente vive y las cosas suceden aunque no salgan en la tele o nadie las tuitee.

Este es el caso de la violencia en México que no solamente no ha disminuido en la proporción en que ha disminuido en el discurso mediático sino que parece estar igual o peor que en el muy cuestionado sexenio del presidente Calderón.

En el primer mes de gobierno de Enrique Peña Nieto como presidente de la república hubo en números redondos la misma cantidad de muertes violentas relacionadas con el crimen organizado que en el último mes del gobierno de Calderón y en esta semana santa, solamente en cuatro días hubo 72 ejecuciones, con un promedio de 18 ejecuciones diarias.

La muerte, la crueldad, el sinsentido, el dolor y la pérdida de vidas humanas siguen ahí, tercos y tan presentes como antes aunque se intente ahora ocultarlos, aunque se pretenda que dejando de hablar de ellos, van a desaparecer como por arte de magia.

Por una parte es positivo el cambio de estrategia y el abandono del discurso de la guerra, el enemigo, los “daños colaterales” y demás elementos de la narrativa bélica  que estableció como tema prioritario en los medios de comunicación el gobierno anterior. Este discurso mostró su ineficacia y lastimó a mucha gente entre las familias de los muertos y desaparecidos injustamente, además de crear un clima de temor, tensión y polarización social indeseables.

Sin embargo, en este mundo en el que las percepciones parecen ocupar el lugar de las realidades, resulta altamente riesgosa la ausencia mediática de los hechos violentos que siguen ocurriendo día a día porque parece estar causando el olvido y una mayor indiferencia e insensibilidad social frente a este problema gravísimo de deshumanización que enfrentamos todos los mexicanos por más que quienes no han vivido de cerca esta realidad puedan pensar que no es su problema.

“Mientras no haya justicia, todo queda en el discurso” declaró Javier Sicilia en el mensaje que pronunció por el segundo aniversario del Movimiento por la paz con justicia y dignidad nacido por el asesinato del hijo del poeta católico. Pero el problema es quizás mayor porque estamos ahora ante la ausencia de justicia y el olvido en el discurso de este tema fundamental que sigue rompiendo a miles de familias.

“…Mientras no veamos volver a casa a los miles de desaparecidos, mientras un solo muchacho, una sola muchacha, un solo niño, una sola niña, una sola mujer y un solo hombre estén amenazados, y no haya paz, estaremos en vigilia…” dijo el mismo Sicilia en su discurso conmemorativo.

Como sociedad mexicana debemos todos estar en vigilia hasta que no haya paz, debemos seguir recordando hasta que “la justicia se siente entre nosotros” como dice el poema de Rosario Castellanos.

Llevando este análisis al ámbito educativo, podemos de esta situación sacar conclusiones que nos lleven a pensar en algunos principios para la educación de nuestros tiempos de violencia.

Formulemos sintéticamente estos principios:

1.-En la sociedad mexicana actual, ante la estrategia de comunicación del gobierno de bajar el tono o incluso silenciar la realidad de violencia en que vivimos, resulta indispensable educar en la criticidad auténtica que implica sensibilidad al contexto y esfuerzo por leer los hechos cotidianos más allá de lo que presentan los medios de comunicación o se menciona en las redes sociales. Educar para buscar la realidad “real” más allá de la realidad percibida o contada. Educar en la pregunta constante: ¿En realidad esto es así?

2.-Ante la realidad nacional que tiende a olvidar los hechos violentos, a negar el dolor y a percibir como real y exaltar solamente lo positivo y agradable, educar para recordar, educar en la memoria histórica de corto, mediano y largo plazo. Educar en la convicción de que la historia tiene sentido porque recordar es el único modo de evitar cometer los mismos errores de nuestros antepasados y la única manera de no cejar en el esfuerzo de resolver los pendientes de justicia que tenemos como nación.

3.-Frente a la indiferencia y la falta de compromiso de la mayoría ante la grave situación de violencia e injusticia que vivimos, educar para estar en vigilia permanente, en atención permanente, en tensión permanente hacia la búsqueda de esa paz que solamente podrá ser realidad limitada pero verdadera si existe un mínimo de justicia.

Porque si un hombre o una mujer cae muerto o desaparece en cualquier lugar del país y nadie lo tuiteó, de todos modos cayó y de todas maneras nos está interpelando como sociedad que busca ser humana.

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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