Convergencias y divergencias en la Sexta Marcha Lésbica

Convergencias y divergencias en la Sexta Marcha Lésbica

Constanza Izquierdo

@sirenadeplata

Como cada dos años desde 2003, el pasado 16 de marzo se llevó a cabo la Sexta Marcha Lésbica en el DF. Esta es la segunda ocasión que voy a una movilización así, pues en 2009 la Cuarta Marcha Lésbica fue la primera a la que acudí. Admito que de vez en cuando ando un poco malita –más que de mi activismo– de mi comunicación con el mundo  exterior, aunque en esta ocasión decidí hacer una excepción.

La primera vez fui acompañada de mi entonces pareja y, como apoyo, mi mamá. Las tres con banderitas pintadas en una mejilla y creando consignas tipo “Virgina, Sor Juana, me encanta ser lesbiana”. Al igual que el pasado 16 de marzo, me sorprendió la capacidad de convocatoria, la participación de mujeres de todas partes de México y la diversidad de lesbianas que se dieron cita en el evento.

Foto: @ituss79
Foto: @ituss79

Para esta Sexta Marcha, alrededor de siete mil personas nos sumamos al contingente que se movilizó para reclamar la visibilidad de la comunidad de mujeres que aman a otras mujeres,  además de exigir respeto, seguridad e igualdad de derechos.

Encuentros en la diversidad lésbica

Aquella tarde, al aproximarse por la calle de Madero y el Zócalo de la ciudad de México, se podía advertir a lo lejos una multitud de mujeres y algunos hombres que agitaba banderas e insignias violetas y arcoíris, bajo el  nublado cielo sabatino.

Ya más de cerca, daba gusto ver que miles hubieran acudido a la marcha a pesar del clima desfavorable. Pero no sólo eso, entre toda la gente podía apreciarse la pluralidad de todxs lxs que acudieron: mujeres de cabello largo, corto, con y sin maquillaje, con y sin vestidos; corbatas, escotes, botas, tenis, zapatillas, sandalias. Solas o acompañadas de amigas y amigos o parejas. Todas y todos expectantes, sonrientes, platicando entre sí. Pero, sobre todo, cada mujer disfrutando ser ella misma, más allá de cualquier estereotipo o prejuicio; sin disfraces, sin carros alegóricos, sin máscaras: sólo ellas, con la voluntad de hacerse presentes y de decirle al mundo “sí, soy mujer y me gustan las mujeres; este cuerpo es mío y es un cuerpo que ama”.

Otra de las cosas que más disfruté tan pronto llegué a la marcha, fue descubrir a dos chicas del colectivo El Taller, de Puebla. Más tarde encontré al amigo (también poblano) con quien había quedado de verme ahí, después a otra amiga y a varias chicas del mismo colectivo. Un poco después a una amiga defeña y luego a una ex compañera de una carrera que dejé hace tiempo. Todxs ahí: siempre es bueno ver que miles de personas -varias de ellas cercanas a mí- también acudieran a marchar con un objetivo común, en un ambiente compartido y lleno de compañerismo.

Norma Andrade y el arribo al Monumento a la Revolución

En medio de las clásicas consignas –“Si Sor Juana viviera, con nosotras estuviera”, “Si Safo viviera, de gusto se viniera”, “Pucha con pucha, lesbianas en la lucha” y hasta la típica cantada al ritmo guadalupano “Desde el cielo una hermosa mañana, Lupe la lesbiana bajó al Tepeyac”–, coreadas gozosamente por todas las lesbianas presentes, la movilización finalmente arribó hasta el Monumento a la Revolución, donde ya se tenía preparada una tarima, equipo de sonido y puestos alrededor en los que se ofrecían servicios de información sobre salud, además de los clásicos vendedores  de souvenirs  ad hoc para el día.

Foto: @josuedcv
Foto: @josuedcv

Ahí nos reunimos en medio de la camaradería, el buen humor y el sol que salió un rato después, para escuchar canciones de rap y trova lésbica, las palabras de las organizadoras y las demandas de la marcha, entre las que se incluye el respeto hacia la comunidad lésbica, la tipificación del delito de lesbofobia, la legalización de la unión entre mujeres en todo México, el acceso a prestaciones y derechos como pareja, la despenalización de la decisión libre sobre el cuerpo, y el alto a los feminicidios.

Respecto a este último punto, llamó la atención la presencia de Norma Andrade, activista fundadora de la asociación civil Nuestras Hijas de Regreso a Casa, la cual busca justicia para las madres que han perdido a sus hijas, víctimas de los feminicidios de Ciudad Juárez. Su hija, Lilia Alejandra, desapareció el 14 de febrero de 2001.

Ella, que ha sido víctima de diversos atentados contra su vida, acudió a la Sexta Marcha Lésbica en apoyo a los derechos de las mujeres bajo la consigna Ni una más; tiempo después, subió a la tarima para denunciar la falta de justicia para aquellas quienes han perdido a sus familiares a manos del crimen organizado, así como la impunidad de los asesinos.

Norma Andrade, afirmó: «Como dice mi niña de 13 años: Este cuerpo es mío y por tener este cuerpo de mujer nos están matando, no somos importantes para nadie, somos desechables”. Las emotivas palabras de Norma concluyeron con la consigna: “de Juárez a Chiapas, ni una asesinada más”, misma que fue coreada por cientos de voces.

Convergencias y divergencias

En medio de todo el movimiento, un grupo de mujeres acaparó las miradas de lxs asistentes, pues llevaban pantalones de mezclilla y el torso desnudo, los senos cubiertos sólo por un par de X hechas de cinta adhesiva negra y leyendas escritas en el cuerpo. Su aspecto causó controversia dentro de la marcha, especialmente en el momento en que dos de ellas decidieron besarse en frente de la aglomeración.

La pregunta es, ¿por qué surgió la controversia?

Ellas, que son de un grupo de activismo queer, se unieron a la marcha lésbica con la conciencia de que la lucha lésbico-feminista contempla también la lucha por la apropiación de nuestro cuerpo, y que la verdadera conquista del cambio  debería ser en conjunto.

Foto: @josuedcv
Foto: @josuedcv

Instantes después del beso que provocó fotografías desde todos los ángulos, algunas organizadoras de la marcha comenzaron a gritar: “Esta marcha es de visibilidad, no de exhibición”, de modo  que, por algunos instantes, las mujeres de este subgrupo se vieron exhibidas, excluidas  e incluso físicamente agredidas con algunos empujones.

Ante estos actos, Mariana Pérez, parte de dicho colectivo, declaró: “acaban de decir una consigna: ‘si no hay libertad sexual, no hay libertad política’. Estamos en contra del control sobre el cuerpo de las mujeres”.

En una entrevista publicada por la revista en línea MujerxMujer, una de las chicas de este grupo explicó la razón de salir a protestar de esa manera. Denise reprobó la censura y sostuvo que, desde la postura de su  agrupación, ellas también son parte de esta diversidad lésbico-feminista:

“El activismo queer que hago es un activismo que va siempre desde el cuerpo, desde el performance, me gusta jugar con la posibilidad de hablar desde las transformaciones del cuerpo. Me resulta esencial para no ir por la calle gritando consignas que luego parecen vacías de significado, atravesar el cuerpo, dicho en otras palabras yo no podría ir gritando en una marcha ‘No hay libertad política sin libertad sexual’ si no muestro un cuerpo politizado, un cuerpo hablante, que expresa esa libertad, [esta] es una forma de reapropiarme del discurso y exponerlo visualmente, darle cuerpo y forma”, apuntó.

La marcha lésbica se origina desde un tema de derechos humanos y de equidad social. Se sustenta en el derecho y la necesidad humana, política y social del colectivo lésbico-feminista a favor de la libertad de decisión, del derecho de amar a personas del mismo sexo y de la necesidad imperativa de la creación de leyes que protejan tales derechos, otorguen seguridad y prevengan y corrijan la discriminación.

Pero, ¿de qué manera se puede exigir visibilidad si no se es capaz de ver y aceptar las posturas diversas dentro un mismo grupo? La acción de estas activistas queer no carece de sentido. Se comprende que la revolución lésbico-feminista sea una lucha política y no un carnaval, que es una marcha y no un desfile; sin embargo, detrás de esa protesta topless, que por el hecho de ser divertida no deja de tener seriedad, existe una afirmación: “Este cuerpo es mío”, uno de los argumentos fundamentales de la marcha.

Foto: @josuedcv
Foto: @josuedcv

La próxima cita

Más detalles, historias y consignas podrán encontrarse a cada paso que dimos en esta sexta edición de la Marcha Lésbica en México y, aunque ahora son estos los temas que nos ocupan, habrá otras marchas en las cuales se escribirán nuevas cosas, se gritarán viejas y nuevas consignas, y se harán nuevos amigos. Esperemos que, para la siguiente tengamos ya avanzados varios temas por los que salimos a las calles: los individuales, los del colectivo lésbico-feminista y los de la sociedad, sin dejar a un lado esa camaradería que mantiene unidas a quienes salimos a marchar. ¡Hasta entonces!

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