La escuela tuvo la culpa

La escuela tuvo la culpa [o un roto corazón queer]

Tuss Fernández

@ituss79

“Mi Marcha la hago todos los días”

Agnes Torres

Desde que nací, les vengo manejando lo que es la bisexualidad. O al menos eso creo porque cabe decir que mi memoria nomás da como de los tres años en adelante. El caso es que desde que recuerdo, mi corazoncito se aceleraba lo mismo por niños que por niñas.

Tuve la fortuna de tener una infancia bien bonita y solitaria. Mis únicos acompañantes durante años fueron el bosque, los grillos, las hormigas, un sinnúmero de bichos y mi perro, así que mientras mi mamá se perdía entre libros y revistas, yo trepaba los árboles cual changuito sin mayor imposición de roles de género que los que dictaba vivir en un ambiente tan rural y de pronto, tan salvaje.

Más o menos lo mismo pasó con mi identidad de género. Jamás en mis primeros años de vida –al menos en el seno familiar– me enseñaron a comportarme en el margen de lo masculino o lo femenino. De hecho, con especial nitidez recuerdo pasar las navidades entre muñecas, carritos, metralletas y aparatitos de cocina por igual y también algunos otros juguetes neutros como popoids, rompecabezas y libros.

En resumidas cuentas, no me educaron para ser heterosexual y tampoco para no serlo. Ni me educaron para ser niño o niña.

El problema fue la escuela: uniforme con falda o con pantalón, baño para niñas y baño para niños, fila de niños y fila de niñas, costura y tejido para ellas, pintura y carpintería para ellos… ¿le sigo?

Y a la escuela podemos sumarle los papás heteronormadxs de mis compañeritxs que por supuesto, en un pueblito donde la imagen es lo más importante, se ocupaban de hacer de sus retoños, pequeños robotitos reproductores de estereotipos.

Yo, pa’ variar, me quedé en medio del camino.

Ayer sufrí mucho cuando a propósito de mi identidad, un amigo preguntó si prefería que se refirieran a mí en masculino o en femenino y alguien respondió que yo no lo tenía claro. No sufro por no tenerlo claro [porque además, sí lo tengo], sufro porque me resulta cruel que a fuerza de encajar en alguna clasificación, tengamos que elegir una cosa o la otra. Duele, pues.

Sucede que soy una persona tan ambiciosa que creo –o sueño, no sé– que se puede vivir sin definición tanto como se quiera. Aunque en días como ayer la realidad me supera.

Uno puede ser Queer, nomás para sus adentros. Los de afuera requieren nombres, géneros, roles…

Y así es como todavía no logro ser simplemente, una persona.

****

En el marco del aniversario luctuoso de Agnes Torres Hernández,  el día de hoy diversas organizaciones entregarán al Congreso del Estado la propuesta para la Reforma de ley Agnes Torres de identidad sexogenérica y también presentarán una declaratoria para que el día 9 de marzo se convierta en el Día Nacional de Acción por los Derechos y la Vida Digna de las Personas Trans.

Fuerza y justicia, colectivo LGBTI.

¡Todos somos Agnes Torres!

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