Zapping: Sólo porque podemos

Zapping: Sólo porque podemos

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Amira George

Muchos dirán que la televisión ha muerto. Que ya no hay tan buenos programas como antes. Es más, incluso muchos más dirán que ya ni siquiera tienen este electrodoméstico en su casa, que lo consideran inútil y hasta un estorbo en sus casas.

Pero bien dicen que la materia no se destruye, sólo se transforma. Así, la forma en la que ahora vemos programas de televisión ha cambiado. ¡Qué días aquellos de nuestra infancia, cuando nos tocaron las primeras parabólicas, esos equipos en las azoteas con las que veíamos programas de otros países, aún sin saber el idioma, sólo porque podíamos!

Hoy existe la televisión digital, esa que te permite programar y grabar tus series, documentales, películas y demás, dándote la opción de brincarte los comerciales. Pero habemos otros que como buenos comerciantes informales de los mares (arrrrr) navegamos la red en busca de esas series de ayer y hoy, ya sean buenas, malas, regulares, que descargamos a nuestras computadoras para disfrutar en compañía de unas buenas cervezas, para acrecentar nuestros acerbos virtuales, o para borrarlas antes sin quiera de acabar de ver el primer episodio, una vez más ¡sólo porque podemos!

Aunque lo queramos negar, la nuestra es una generación que creció pegada a la pantalla de la caja idiota más que a las ubres de nuestras madres.

La oferta de shows casi siempre ha girado en torno a las producciones del vecino país del norte, pero eso no le quita nada a programas producidos en Latinoamérica, o en Inglaterra, nación con cuya producción televisiva tengo una pequeña obsesión actualmente.

A pesar de que uno pensaría que el cine y la televisión tienen un lenguaje similar para contar historias, pero tienen una diferencia fundamenta: el tiempo.

En el caso de los largometrajes, se tienen sólo dos horas, o incluso tres, para desarrollar personajes, un conflicto amoroso, una tragedia, una situación humorística, y darle una conclusión en ocasiones no muy favorable, lo cual demuestra la virtud de los escritores, directores y demás involucrados en la creación.

Ahora bien, una serie de televisión se libera de las cadenas del tiempo, tiene hasta 10 horas para contar una historia, pero aquí está el truco: los primeros 10 minutos del primer episodio son fundamentales, no sólo para enganchar a los posibles televidentes, a quienes tienes que enamorar para que sigan la historia por las semanas y meses siguientes, sino también porque ese primer capítulo suele ser la forma con la que los productores logran conseguir los espacios en las cadenas televisivas. Si esa introducción no llama, la serie podría ni siquiera ver la luz del día.

Quien diga que el amor a primera vista no existe, miente. Ese primer acercamiento con ese personaje que te llama, en ocasiones hablando directamente a la pantalla, con esos leves guiños que generan intimidad, ese es el momento en el que uno se compromete o en el que decide cambiar de canal o cerrar el reproductor de vídeo en la computadora.

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