Soliloquio

Soliloquio

Hugo León Zenteno

@hugoleonz

Me llamo Oscar. Soy poderoso, por ende veleidoso y sí, en muchas ocasiones vanidoso. Mi atlética figura, mi piel dorada y sobre todo mi apelativo, sinónimo de éxito, me hacen irresistible. Cada año convoco a toda una industria a fin de que me rinda pleitesía, y a que invierta una ingente cantidad de dinero para influir en el voto de esa entelequia llamada Academia. Y es que, mi autoridad es tal, que mi nombre se convierte en una preciada etiqueta subsecuente a apellidos o títulos, cuya equivalencia se mide en decenas de contratos y en millones de dólares.

Ante todo esto, no debe sorprender mi personalidad orgullosa e incluso soberbia. Así me asumo y así soy aceptado a nivel mundial: un sinnúmero de personas esperan y observan mi inacabable ceremonia anual e incluso sus banales prolegómenos en un pasillo escarlata; para muchos, además, el halo que rodea a los festejos que suceden al evento es simplemente mítico.

Me declaro tremendamente anglófono, hegemónico, políticamente correcto, conservador y en franca connivencia con los poderes reales y fácticos. Frecuentemente premio a cintas que buscan legitimar guerras, invasiones, rescates y complots; o a otras que incitan a la construcción de estereotipos, conceptos maniqueos o ideas oficialistas. Ocasionalmente me tomo algunos riesgos en las nominaciones, pero pocas veces rompo mis propias reglas no escritas.

Soy, por demás, localista en mis decisiones, aunque mis aspiraciones son siempre globales. Cierto, no reparo demasiado en esa contradicción. Usualmente dispongo de la categoría de “mejor película extranjera” como premio de consolación o como perverso mecanismo para ignorar otros cines. No premié en competencia a Bergman, Kieslowski, Truffaut, Wenders, Kurosawa, Godard, Buñuel o Fellini y ni siquiera consideré a Tarkovsky, Kusturica, Kaurismaki, Angelopoulos o a Manoel de Oliveira, a pesar de que éste sigue filmando a sus 104 años.

Pero el listado de mis omisiones no acaba en cinematografías lejanas o “exóticas”. No fueron merecedores de tenerme: Chaplin, Kubrick, Lynch, Cronenberg y simplemente excluí a Jarmusch y a Greenaway. Tampoco galardoné a películas fundamentales o innovadoras como El ciudadano Kane, 2001, Psicosis, Blade runner, Naranja mecánica, El último tango en París, Tiempos modernos o alguna de la trilogía Qaatsi. Marginé a Woody Allen y a varias de sus cintas (incluida Manhattan) después de su desaire cuando le concedí ganar por Annie Hall.

No obstante todo ello, el público me ama, los cinéfilos me aluden, los actores y directores me ansían y los estudios me disputan. Soy Oscar, fabrico sueños, carreras y fortunas.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Docente universitario en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y conferencista de Media y News literacy; consultor en gestión de información para cibermedios y en Calidad académica; editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Su línea de investigación académica es historia del deporte y del olimpismo.

Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia.

Correo electrónico: hugoleonz@gmail.com

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