Se polarizan los salarios en la capital poblana: Inegi

Se polarizan los salarios en la capital poblana: Inegi

  • Para Sofía su condición de mujer le juega en contra, al menos en términos salariales. El Inegi muestra que sólo el 30% de los trabajadores que reportan más de 5 salarios mínimos son féminas  en cambio el porcentaje se eleva al 58% cuando el pago es máximo un salario mínimo
Foto: Es Imagen

Xavier Rosas | Ernesto Aroche

@Wachangel | @earoche

A dos años de la administración del presidente municipal Eduardo Rivera, la situación laboral en la capital poblana muestra indicios de una mayor polarización salarial, pues en ese periodo aumentaron los porcentajes de trabajadores que ganan entre uno y un máximo de dos salarios mínimos –es decir el límite de la pobreza laboral— y aquellos que obtienen más de 5 salarios mínimos.

A la par se redujo la participación porcentual de aquellos que obtienen entre 3 y 4 salarios mínimos –entre 5 mil 524 y 7 mil 365–, un historia que bien pueden contar Francisco o Sofía, un par de profesionistas de las Ciencias Sociales que han vivido el peregrinaje de oferta de empleo en oferta de empleo casi todos ellos con salarios precarios.

“Se que ya no estoy así, pero qué me separa de regresar a esos días”, se pregunta Francisco*, quien con dos licenciaturas cursadas y con un grado de maestría en su currículum es actualmente profesor ‘hora clase’ de una universidad incorporada a la BUAP. En una charla con Lado B comenta: “este es un país donde si has hecho lo suficiente y necesario, estás fuera. De ahí la explotación laboral”.

A mediados de 2012 Francisco llevaba al menos 3 meses desempleado. En esos días la “procesión” de dejar currículums se transformó en su rutina:

–Sí, era muy jodido. Por el currículum no podía ir a dejar más de 5 al mes.

–¿Por qué por el currículum?

–Cada uno me salía en 60 varos, por las copias y el engargolado y esas cosas, más pasajes y demás.

–¿Pero tienes una maestría?

–Aprendí después a investigar sobre lo que la escuela requería y meter sólo lo que les pudiera parecer necesario. Aún así siempre me cuestionaban si (la información) era real y me preguntaban por qué no tenía trabajo si tenía ese curriculum, o me decían que sí, pero las pagas eran bajísimas y eso significaba negrearme de a madres.

A pesar de contar con dos licenciaturas y una maestría, la ayuda familiar representó para Francisco la única manera de conseguir una entrada económica: “mira, mi jefe me echaba la mano con 500 pesos a la semana y me encargaba algunas cosillas como mantener las cosas en orden en la casa, hacerle las programaciones, calificaciones, revisar trabajos y demás. Sí eran unas chinguitas“, recuerda.

La situación que relata Francisco es parecida a la que viven el 56 por ciento de los 47 mil 988 desempleados que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) contabilizaba al tercer trimestre del 2012 –el reporte más reciente–,  pues a pesar de sus estudios no habían logrado un puesto de trabajo. O el casi 39 por ciento de los trabajadores subocupados –es decir aquellos que tienen empleos parciales— que también reportan estudios superiores.

Cifras, ambas, superiores a las que el Inegi reportó en el tercer trimestre de 2010 –54 y 37 por ciento respectivamente–, unos cuantos meses antes de que Eduardo Rivera tomara posesión como alcalde capitalino.

Sofía y los contrastes

Si algo puede caracterizar a la capital poblana son sus contrastes económicos, pues lo mismo alberga a la población más grande de personas que viven en pobreza –732 mil según datos del Coneval— que es una de las ciudades con un importante desarrollo inmobiliario de vivienda de lujo y registra el quinto lugar en venta de automóviles premium, según un reporte de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores.

Sofía* sabe de esos contrastes, a mediados de 2012 decidió irse de la ciudad de Puebla para buscar mejores condiciones laborales en la capital del país. En el Distrito Federal encontró varios trabajos que le permitieron pagar renta en un departamento que compartía con uno de sus primos. En el último de ellos, los poco más de 8 mil pesos mensuales le permitían, una vez al mes, ir a visitar a su familia que vive en la Sierra Norte de Puebla.

Pero su regreso a la angelópolis la puso frente una realidad distinta. Lleva casi mes y medio entregando currículums sin obtener aún un empleo que le permita mantenerse en la ciudad.

“Es muy triste darse cuenta que realmente es una ciudad que no te permite tener expectativas de vida altas, porque los salarios no lo permiten, porque las oportunidades laborales tampoco lo permiten”, dice.

Pero además a Sofía su condición de mujer le juega en contra, al menos en términos salariales. El Inegi muestra que sólo el 30 por ciento de los trabajadores que reportan más de 5 salarios mínimos son mujeres, en cambio el porcentaje se eleva al 58 por ciento cuando el pago es máximo un salario mínimo.

A pesar de ello, sigue buscando: “En el mes, sin mentirte, busco todos los días, veo cuáles son las vacantes que han salido. Aproximadamente mando diarias mínimo unas seis y he ido a unas ocho entrevistas”.

 “La verdad es que sí te desaniman muchas cosas, para empezar que te des cuenta que el rango de lo que puedes ganar, hablando ya en términos meramente económicos, en Puebla es muy bajo. Los salarios son muy bajos, las jornadas laborales no son excesivas, pero sí son más amplias de lo que es, por ejemplo, en el Distrito Federal, y aparte ellos miden que la ciudad es un poco más barata; sin embargo puedo decir que sí lo es, es sólo en rentas, ya que en sí la ciudad es cara, el transporte es caro”, señala.

*Francisco es licenciado en Criminalística y Técnicas Periciales, así como en Sociología y Maestro en Teoría y Crítica Arquitectónica.

**Sofía terminó una carrera de Ciencias Sociales y actualmente también está terminando su tesis. Sólo cuenta con carta de pasante.

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