¿Por qué “Desde el Clítoris”?

¿Por qué “Desde el Clítoris”?

Liz Ruiz

En este primer texto considero que es muy importante explicar el nombre de esta columna. A algunas personas les puede parecer “agresivo”, “grotesco” o “feo”. ¿Por qué grotesco? ¿Por qué agresivo? ¿Por qué es censurable mencionar una parte del cuerpo femenino? No sería en absoluto escandaloso que se llamara “desde la mano”.

Precisamente mi primera razón es por visibilidad. Recuerdo que en sexto de primaria me sorprendía no encontrar la palabra “clítoris” en los libros de texto. Me desconcertaba que no explicaran jamás algo sobre el erotismo femenino, que nadie orientara mis primeros orgasmos infantiles (y lo que no sé es de dónde habré sacado que esa información debía existir en la escuela, pero así es una: nacida para ser revoltosa). Y ahora pienso que si la desconcertante invisibilidad del erotismo y la sexualidad  la puede percibir una criatura de once años, con mucha más razón entre personas adultas debemos aceptarla: el clítoris no existe en la vida cotidiana de una sociedad falocéntrica. Y  con esta inexistencia, la correspondiente irrealidad del placer erótico de las mujeres, la oculta masturbación de las madres, hermanas, abuelas, hijas, amigas, novias y esposas que vemos diariamente en nuestra vida.

La segunda razón es por el placer. Glorificar al placer. Adorar al placer tan satanizado en nuestra sociedad. Y no sólo el placer erótico, (que sin duda parece ser la más peligrosa de las sensaciones), sino el placer en general: el placer de vivir, de amar, de ser, que han intentado arrebatarnos por diferentes medios. Con este nombre quiero recordar que todas las personas tenemos el derecho irrenunciable a ser felices (como bien apunta la educación para la paz, y nótese que dije “irrenunciable” para que no haya pretextos).  ¿Y quién mejor que el clítoris para representar la placentera existencia? Ese órgano único en su especie que solo vive para dar y recibir placer y  no está para otra cosa (con lo que podemos deducir que la evolución quiere vernos gozar), que sólo existe en el cuerpo de las mujeres y que tristemente (je je) no tiene equivalente en el cuerpo de los hombres. Un nudo nervioso que nos recuerda día a día que el dios Pan armoniza la vida con música y sexo. El clítoris es el símbolo de la vida feliz para mí, y también el símbolo del empoderamiento femenino, porque todas las mujeres podemos recordar diariamente que el placer está ahí para nosotras, sin depender de nadie. Es un placer autogestivo. Es la autonomía erótica de todas.

Mi tercera razón es por asumir una postura. Una cosmovisión de mujer, orgullosamente. No quiero disimular que soy mujer, no quiero caer en la falacia patriarcal de tener una visión “objetiva” (o sea masculina) de la realidad. Nadie tenemos la verdad absoluta, nadie podemos poseer un criterio objetivo ni alejarnos de nosotr@s mism@s. En nuestra percepción del mundo permea nuestro origen, nuestro género, nuestros deseos y experiencias y el resto del inconmensurable universo que cada quien llevamos en nuestro ser. ¿Por qué intentar ser “neutrales”? ¿Acaso nos avergüenza lo que somos y por ello tratamos de negarlo argumentando objetividad? O al revés, ¿queremos aducir que tenemos la razón absoluta e incuestionable porque nuestro criterio es “objetivo”? Yo puedo ver la realidad sólo desde quien soy (aunque mi empatía me permita imaginar y entender otras posturas), sólo puedo vivenciar el mundo siendo la que soy. Soy, y este soy  es mujer. El clítoris me representa como mujer porque (como dije) sólo las mujeres lo tenemos, bendita corporeidad erótica. No quiero que me represente el útero, porque no todas las mujeres somos madres (ni todas lo deseamos ni todas podemos serlo), además mi útero se lo jalonean las religiones y el Estado creyendo que les pertenece, creyendo que no es mío. Tampoco quiero que me representen los pechos porque esos tienen el infortunio de estar sobreexplotados por la repugnante mercadotecnia sexista, porque tratan de estandarizar su belleza en su tamaño y forma, porque los quieren usar para vender lociones y condones.

Esa es la ventaja de mi clítoris: nadie lo toca, sólo yo y a quien le doy permiso. Ni la religión, ni el gobierno, ni las cerveceras. Nadie lo explota, nadie lo desvirtúa, nadie lo norma. Existe silencioso y puro para recordarme que no dependo de nadie, para recordarme que existo en un mundo que intenta vulnerarme por ser mujer. Existe para ayudarme a disfrutar una rica relación conmigo misma, con mi placer, con mi empoderamiento. Esta es la complejidad del clítoris para mí.

Y mi última razón es por popularidad: ¿a poco no llama la atención el nombrecito (ja ja ja)?

Me despido por hoy. Gracias por su atención y nos leemos en quince días.

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3 COMMENTS

  1. Me encantó la columna, realista, divertida y entretenida, escrita evidentemente por alguien muy preparada ¡felicidades!

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