Amor disidente, historias de diversidad

Amor disidente, historias de diversidad

Una mujer ama a un poliamoroso del cual no está enamorada y por quien no renuncia a otras relaciones, un hombre ama a otro hombre al que sólo ve los fines de semana pues está en la cárcel, una mujer transexual lesbiana quiere ser amada sólo como mujer, al cien por ciento: así se ama desde la diversidad

Tuss Fernández

@ituss79

En la mayoría de las culturas el amor está concebido desde una postura heterocéntrica; el concepto, además, está ligado a otros juicios de valor como la fidelidad, la permanencia y el compromiso, trilogía que comúnmente se ve consumada en un contrato [civil o religioso] llamado matrimonio.

Pero no siempre fue así.

En la antigua Grecia eran comunes las relaciones homosexuales. Los varones [generalmente uno joven y uno de edad madura] mantenían relaciones sexuales entre sí con fines ‘educativos’ sin que fueran mal vistas. En tanto que el lesbianismo tomó su nombre de la instrucción que la poetisa Safo daba a mujeres jóvenes para procurarse amor entre sus congéneres, en la isla de Lesbos.

Fue con la aparición del cristianismo que apareció también la condena a los actos homosexuales, pues desde sus preceptos estos violaban el orden de la Creación. Leyes que datan del siglo XVI [y se extienden hasta nuestros tiempos] consideraron ‘anormal’ o ‘antinatura’ el contacto entre personas del mismo sexo y lo establecieron como un delito.

Ya en el siglo XX en la década de los setenta, el movimiento de liberación sexual y el activismo político de grupos homosexuales que buscaban la reivindicación de sus derechos abrió las puertas para la visibilización e inclusión de nuevas formas de convivencia.

En nuestro país, la Dirección Nacional del Medicina y Previsión Social borró la homosexualidad de su lista de enfermedades en 1979 y fue hasta el 2006 y 2007 que se aprobaron las sociedades de convivencia en el Distrito Federal y Coahuila respectivamente, para otorgar derechos legales a las parejas del mismo sexo.

En 2009, la Asamblea del Distrito Federal aprobó el matrimonio para personas homosexuales, que no es reconocido en ningún otro lugar de la República Mexicana.

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UNA RELACIÓN ABIERTA

Foto: @tuss
Foto: @ituss79

Vianeth Rojas Arenas (29 años)

Activista por los Derechos Sexuales y Reproductivos – Feminista

Hace cuatro años que mantiene una relación abierta con su ‘compañero’ a quien conoció tras una fuerte decepción amorosa y quien la inició en el camino del activismo social. La infidelidad de su antigua pareja la obligó a replantearse su concepto del amor y de relacionarse con otras personas en el plano sentimental.

Vianeth cree que el amor es un concepto aprendido con una profunda carga cultural en la que sólo se muestra la parte ‘rosa’ y bonita de las relaciones, pero que nunca se aborda la realidad más oscura de las mismas. Según su versión, el amor es un poder hegemónico que te dicta cómo debes comportarte en lo íntimo.

La fidelidad es un concepto que no tiene cabida dentro de su relación, en cambio, la misma está basada en tres principios absolutos: la verdad, la comunicación y la comprensión.

¿Cómo era tu vida amorosa antes de las relaciones abiertas?

–Antes de estar con mi compañero de ahora yo había salido de una relación muy fuerte, muy pasional y con un chico que me fascinaba: era el amor de mi vida. Era cuando creía en el príncipe azul… cuando creía en todas estas cosas que te dicen que tienen que ser: el príncipe azul, la casita, los perritos e iba a ser feliz para siempre.

¿Cómo empezaste a salir con tu actual compañero?

–Nuestra historia no es una historia de amor sino una historia de cogidas. Todo empezó con una amistad, con hacer reflexiones intelectualoides sobre el amor y un día fuimos a una fiesta, nos emborrachamos y cogimos. Nuestra relación era eso.

¿Cómo fue que plantearon una relación abierta?

–Nuestra relación comenzó teniendo acuerdos tácitos. Desde el primer día que empezamos a andar la premisa fue “esta no va ser una relación cerrada”.

¿Cómo logra uno romper estos parámetros de ‘cómo debe ser una relación’ que aprendemos durante toda la vida?

–Es difícil, es duro y es doloroso. Venimos cargando bastantes años de educación amorosa, desde las canciones que escuchamos, lo que tu mamá te dijo… jamás nadie te habla de cómo son las relaciones, lo aprendes de las novelas, la música, lo que cuentan las amigas y hay que desaprender todo eso.

¿Qué opinas del amor, cuál es tu concepto?

–El amor no existe y no existe como nos han dicho que es. No es rosa ni todo lo vas a ver bonito. Lo que pasa es que también eso nos hace falta, darnos cuenta de lo que es el amor y lo que es el enamoramiento.

¿Tú estás enamorada?

–Yo no estoy enamorada. El enamoramiento es esta parte que puede durar de tres meses a tres años y que es lo único que a nosotros nos cuentan del amor y en los que se te permite ser un pendejo o una pendeja.

¿O sea que para ti el amor se reduce a algo bioquímico?

Sí, creo que sí tiene que ver con eso. Por supuesto hay otras cosas y no digo que las mariposas que sientes en el estómago no sean reales pero también es importante entender lo que pasa en el cerebro, en lo social, culturalmente.

¿Qué esperas de una relación?

–Yo lo que espero de una relación es básicamente, la verdad. La neta es que yo soy una jetona y una enojona y una berrinchuda y a veces ni yo me soporto ciertos días; lo que espero entonces es no tener que aguantar a otra persona en el nombre del amor. También espero la igualdad en todos los sentidos, en tareas, en tiempo y calidad de tiempo…

¿Qué hay de los acuerdos, cómo se llega a un consenso?

–Los acuerdos con el paso del tiempo se van flexibilizando y van como desde lo doméstico que es cocinar o limpiar, hasta lo externo que tiene que ver con nuestras otras relaciones pero creo que lo principal es saber que ante cualquier pregunta o necesidad de saber algo, el otro siempre va a responder con la verdad.

¿Y cuáles son los acuerdos de tu relación?

–Siempre sabemos si estamos saliendo con alguien más, no podemos llevar a ninguna otra persona a nuestra casa, si salimos juntos no ligamos con otros frente a nosotros y saber cuando se está enamorado de alguien más.

Para Vianeth, los conflictos entre parejas abiertas tienen mucho que ver con el sentido de la pertenencia y el afán de competir: “…los celos como el amor es algo que aprendemos. Creer que la otra persona es un objeto, una cosa que es tuya”.

Su compañero es poliamoroso, ella no.

¿En algún momento sientes celos?

–Sí. Para mí ha sido muy difícil aceptar que mi compañero se enamore de otras personas y a eso me refiero cuando digo que yo no soy poliamorosa. He salido con otros hombres y con otra chica pero jamás me he enamorado de estas personas, en cambio mi compañero sí. Escuchar que ama a otra persona, tampoco es fácil.

¿Y qué haces cuando entras en estas crisis?

–Grito mucho, soy berrinchuda, estoy enojada por mucho tiempo, medio me deprimo, pero sobre todo, intento pedir tiempo para asimilarlo. Incluso, he acabado yendo al psicólogo.

¿Y cómo te va con las personas que sales, cómo lo toman?  

-Para mí ha sido más complicado encontrar personas que quieran salir conmigo y básicamente con quienes salgo ahora son ex con los que salí hace tiempo. Les cuesta mucho aceptar que vives con alguien más y que no le estás poniendo el cuerno sino que es un acuerdo.

¿Alguna vez alguno de ellos te ha pedido una relación más formal, más estable?

–No… alguna vez uno me lo insinuó pero al mismo tiempo como que le conviene esta relación flexible que tenemos. Y eso me gusta de mis relaciones, que no tengo que procurarlas mucho ni me siento con la obligación de nada.

Si te enamoraras, ¿estarías dispuesta a tener una relación cerrada? 

–No. Algo que tengo muy claro es que de ahora en adelante no pueden ser cerradas ni basadas en la fidelidad. Yo sé que eso va a implicar muchas cosas y cerrar muchas posibilidades.

¿Definitivamente no crees en la fidelidad?

–No creo en la exclusividad, ni sexual ni amorosa.

¿Qué es para ti amar a otra persona?

–Tomaré una palabra de mi compañero, amar a otra persona es ‘verdad caníbal’ y también significa dolor aunque al mismo tiempo significa gozo.

Dime tres palabras que definan tu relación

–Caos, comprensión y resistencia.

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NUEVAS FORMAS DE AMAR

Hacia la segunda mitad del siglo XX (entre 1950 y 1980) surgió en diversos países de Occidente, la llamada Revolución Sexual, movimiento social que cuestionaba los códigos tradicionales de comportamiento sexual y que buscaba, entre otras cosas, la igualdad de género.

La Revolución Sexual permitió la popularización de nuevas formas de convivencia no sujetas al matrimonio como la ‘unión libre’, el matrimonio abierto o relaciones abiertas y las uniones entre parejas del mismo sexo lo que supuso además, una ‘normalización’ de la homosexualidad.

Entre 1980 y 1990 se unieron [aunque ya existían] otras dos corrientes: el ‘swinging’ o intercambio de parejas y el poliamor.

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Foto: @ituss79
Foto: @ituss79

AMANDO TRAS LAS REJAS

Luis Duarte* (40 años)

Peluquero

Luis comenzó sus estudios en una carrera comercial pero desde hace 20 años se dedica a la peluquería y tiene una estética en el sur de la ciudad.

Desde hace más de una década mantiene una relación con *Jaime quien cumple una sentencia de siete años en el Cereso de San Miguel en la ciudad de Puebla.

¿Dónde se conocieron?

–Yo tenía un negocio y siempre llegaban mis amigos. Él era amigo de un amigo; siempre pasaba por ahí, muy a prisa, muy nervioso y un día empezamos a platicar, a mi me cayó muy bien e iniciamos una amistad. Luego él iba a arreglarse el cabello conmigo.

¿Y cómo empezaron a salir?

–Alguna vez le comenté que me llamaba la atención pero él no mostró interés. Mucho tiempo después, un día llegó y al saludarme me besó, luego me dijo que quería estar conmigo. A mí me impactó, yo lo veía como un hombre sumamente atractivo y no pensé que fuera a darse nada.

¿Cómo fue el día que lo detuvieron, tú estabas con él?

–No. Habíamos discutido y se fue de la casa. Teníamos poco viviendo juntos y tiempo después, más o menos como un mes me llamó y me dijo que estaba encarcelado.

¿Qué pasó, qué hiciste?

–Pues fue algo muy fuerte enterarme. A él se le quebraba la voz cuando me contó lo que había pasado y me dijo que no estaba preparado para lo que venía y yo le dije inmediatamente que no se preocupara, que yo no lo iba a dejar solo.

Pero ¿qué sentiste?

–Para mí fue mi muestra total de amor y de entrega, cuando dijo yo lo sentí tan vulnerable que le dije que iba a estar ahí. Fue como asumir el compromiso que ya había iniciado de estar con él. Lástima que haya tenido que pasar algo tan espantoso para tener que confirmarle lo que sentía.

¿Cómo es tener una relación con alguien que está preso?

–Es un proceso bien doloroso. Cada día es un sentimiento diferente porque vas entendiendo la realidad y la vas aceptando día a día pero siempre es distinto, porque allá adentro hay muchas situaciones que te pueden afectar.

¿Y cómo el ser homosexual afecta a una relación así?  

–Es muy difícil. De por sí, la sociedad heterosexual lleva un proceso para que pueda tener una visita íntima, aquí no se puede y hemos tenido que ser muy discretos y tratar de involucrarnos con gente al interior que sí está de acuerdo con la relación.

¿Qué es lo más difícil de tener una relación bajo estas circunstancias?

–Creo que la parte más difícil es cuando él me dice que ya está harto de estar encarcelado, que quiere un momento de privacidad y de respeto y cuando me dice, yo debo mantener un semblante firme para no debilitarlo. Tener que responder con un comentario vacío porque sabes que falta aún muchísimo tiempo para que él pueda salir de esta situación.

¿Cada cuánto lo ves, por cuánto tiempo?

–Ahí en el lugar donde está actualmente hay un horario mucho más amplio de visita pero también es una situación que depende mucho de las autoridades. Tú puedes saber que dispones de 4 o 5 horas para verse pero si ellos lo disponen te dejan nada más una hora. Yo voy los fines de semana, llego temprano y me quedo todo el tiempo que puedo.

¿Hay algo positivo en todo esto?

–Pues mira, es irónico pero a partir de su encierro hemos tenido tiempo para estar solos y reconocer en este tiempo los sentimientos que tenemos por el otro. También a asumir este acuerdo que tenemos de compañía y al menos de mi parte, de no dejarlo solo.

¿Estás enamorado?

–Sí, estoy muy enamorado. No quería ser temperamental pero realmente la razón por la que sigo ahí y tengo fe aunque no lo parezca, es porque lo amo muchísimo y el amor es el que me mueve.

¿Nunca has intentado tener otra relación aquí afuera? ¿No piensas que sería más fácil para ti?

–Sí, sí lo he pensado, pero la fuerza que me impulsa es el amor que le tengo. Él es mi compañero, él es el ser humano que llegó a mi vida y dijo que quería estar conmigo.

¿No te da miedo que cuando él salga, la relación ya no funcione?

–Pues es probable porque él está siguiendo un ciclo y va a pasar a otro pero si en algún momento lo decide, está bien porque él lo merece porque lo que le ha pasado no es nada fácil y debe buscar su bienestar; si él decide no estar conmigo no es algo con lo que yo no pudiera… la gente no llega para quedarse, bueno te hablo en mi situación como gay, es muy dado que las relaciones entre dos hombres son muy efímeras, muy fugaces, carecen de compromiso inclusive.

¿Qué tan difícil es estar en el reclusorio en tu condición de homosexual?

–Fíjate que cuando hago fila me he dado cuenta de tipos que llegan con su suegra a visitar a otro interno gay. En algún momento yo pensé que mi caso era especial pero luego me di cuenta de que hay mucha población gay.

¿Te han discriminado?

–Creo que a mí no, más bien a él. Cuando yo paso pueden susurrar y no pasa de eso pero quien se queda es él y quien vive la experiencia humillante es él.

¿Cuál es tu concepto del amor? ¿Qué es el amor para ti?

–Te puedo decir que el amor para mí en este momento es la compañía, la contemplación, el reconocimiento. Es ese estado de letargo y de calma que te da la otra persona.

Dime tres palabras que definan tu relación en este momento.

–Pasión, motor y vida.

¿Crees en la fidelidad?

–No, los seres humanos hemos sido preparados de muchas formas por la religión, por lo social, por lo moral, como que el ser humano debe ser monógamo y comprometerse con una sola persona siendo que el instinto es totalmente contrario.

¿Tienes planes a futuro con *Jaime?

–Sí, cuando salga quiero poner un negocio, poner un restaurante. Él es muy joven y estaba estudiando cuando lo metieron a la cárcel pero es muy bueno cocinando, es extraordinario.

*Los nombres fueron cambiados a petición de los involucrados.

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LA EXCEPCIÓN DE LA NORMA

Aunque mucho se ha avanzado al respecto, los modelos tradicionales de pareja basados en la heterosexualidad y la monogamia prevalecen hasta nuestros días, lo que hace difícil retratar las expresiones erótico-afectivas que no se adhieren a la norma socialmente establecida por una mayoría.

Aunque el amor romántico es en teoría[s] un concepto universal abarcado por la ciencia, la religión y la filosofía, las relaciones entre parejas de la diversidad sexual están sujetas o no, a los valores culturales que rigen el momento y a la evolución o no, del pensamiento humano.

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Foto: @ituss79
Foto: @ituss79

QUIERO QUE AMEN COMO MUJER

Eliza Dierdorff (32 años)

Diseñadora Gráfica

Eliza es una mujer transexual que inició su tratamiento de reemplazamiento hormonal hace dos años. Luego de permanecer soltera por tres años, se relacionó con una mujer bisexual con la que duró aproximadamente mes y medio. Eliza es lesbiana.

¿Qué significa para ti el amor?

–Siempre he tenido una visión demasiado romántica de lo que es el amor, ya sabes, el cuento de hadas. Ya sé que es heteronormado pero yo sí quisiera creer en el vivieron felices para siempre. Una vez que encuentras a quien amar yo creo que es para siempre.

¿Cómo describirías al amor en sólo tres palabras?

–Sacrificio, egoísmo y pasión.

¿Cómo puede haber al mismo tiempo sacrificio y egoísmo?

–Es muy fácil. Siempre cuando amas esperas amor para ti, esperas correspondencia, eso es egoísta, porque no necesariamente quien tú tienes enfrente te va a amar, pero tú te entercas y tu ego te pide que te devuelvan lo que estás dando.

¿Qué esperas de una relación amorosa?

–Yo trato, la mayoría de las veces, despojarme de ese factor egoísta del amor que es esperar algo del otro, pero no puedes dejar de esperar.

A partir de mi transición, de mi transexualidad, lo único que sí espero de cualquier pareja es que me tome en cuenta como una mujer al 100%. Que no me exijan ningún rol masculino porque no quiero. Además de eso, espero al menos muestras físicas de cariño. Me gusta que mi pareja me abrace, me acaricie, me dé besitos a cada rato, que me hable bonito al oído. Eso es lo más importante. Es más, puede ponerme el cuerno pero mientras me hable bonito al oído me da igual lo otro.

¿Entonces no tienes problema con la infidelidad?

–Es que para empezar yo no creo en los celos, porque es reflejar tu inseguridad para con tu pareja. A mí me da lo mismo si mi pareja se saluda con alguien muy cariñosa o se da un beso porque sé que esa persona me quiere a mí y yo a ella.

¿Entonces tienes diferentes parámetros de lealtad entre relaciones de pareja y amistad?

–Claro. Ella tuvo el valor de confesarlo y eso no cualquiera. Quiere decir que le importó nuestra relación de pareja y de amistad más que la relación tenía con él.

Tres palabras para definir una relación de pareja.

–Confianza, honestidad y respeto. En igual orden de importancia.

¿Cómo es la búsqueda del amor siendo una mujer transexual lesbiana?

–Es complicado. La vida está llena de pequeños retos y uno de mis retos a diario es pensar que sí voy a encontrar a alguien que me ve y que me acepta como mujer, pero el problema en el grupo lésbico es que la mayoría de las mujeres no me ven como mujer, me ven como una trans pero no me ven como una mujer de la que se puedan enamorar porque no nací mujer. Tienen una mentalidad muy cerrada.

Las opciones que he tenido de citas, han sido puras chicas bisexuales que están en un punto que prefieren ambas cosas, entonces sí me pueden ver como mujer porque también les gustan hombres y entonces lo que está en medio les funciona, pero siento que no me ven como mujer.

Siento que me ven como una mujer transexual más, sin operarse, que no se va a operar y que de las dos maneras les funciona bien pero eso a mí no me gusta. Yo detesto, odio con toda mi alma y mi corazón tener lo que tengo entre las piernas. Me identifico como mujer y me gustan y disfruto estar con mujeres.

¿Crees que el sexo y el amor son cosas que se separan una de la otra o que están unidas?

–En teoría, el amor y el sexo no tendrían nada que ver. Para ser honesta yo llevo 3 años sin tener relaciones sexuales y no me urge. No sé si tiene que ver con mi tratamiento hormonal pero yo ya no siento necesidad de tener relaciones sexuales. Si hay sexo, qué padre y si no, ni me viene ni me va, porque mi necesidad es de otro tipo, mi necesidad es completamente afectiva: sentirme apoyada, sentirme querida, respaldada, acompañada. Necesito alguien que me escuche, que me entiende, que me respete y que me defienda. Si nos acostamos y nos revolcamos, pues está rico, si nada nos besamos, también, y si nada más andamos de manita sudada, pues también qué padre. Mientras esté lo afectivo, para mí lo sexual ya no es necesidad, no es indispensable y no me corre prisa.

Recientemente ¿has tenido alguna relación?

–Sí, tenía pareja, tuve…

¿Cómo la conociste?

–Conocí a Samanta por internet, en una página de citas. Luego nos contactamos por Facebook y chateamos para conocernos. Ella es de Puebla, divorciada y tiene una hija de casi seis años. Eso me llamó mucho porque también añoro la maternidad.

Empezamos a salir y le pedí que fuera mi novia. Duramos un mes y como 20 días, más o menos.

Ella no estaba muy enterada de lo trans, estaba explorando su bisexualidad pero yo era su primera pareja formal mujer, dentro de lo que cabe ser mujer. Yo fui su primera novia, y que fuera trans la sacaba de onda, me decía que no sabía a veces qué pensar o cómo reaccionar. Era algo nuevo para las dos: ella no había salido con una chava y yo no había salido con nadie desde que inicié la transición.

¿Cómo era la relación?

–Nos veíamos poco. Una o dos veces a la semana. Al fin y al cabo ya tenemos treinta y tantos, tenemos cada quien ocupaciones y estábamos conscientes de eso. Por otro lado, ya tenía con quien hablar, aunque no me entendiera siempre. Tuvimos ratos ricos, me consentía mucho, me apapachaba. Fuimos un par de veces al cine con la niña y en Navidad me presentó con su familia y se encargó de que ellos me trataran bien.

Estábamos también en un proceso para que la niña se adaptara a mí, para que fuera entendiendo poco a poco. En navidad la niña me dijo que me quería mucho. Casi me echo a llorar porque había roto una barrera con ella.

¿Por qué terminó?

–Fallaron muchas cosas. Ella varias veces esperaba que yo asumiera esos roles masculinos que yo no quería y tuvimos discusiones graves al respecto.

¿Qué sigue ahora para ti en el amor?

–Alguien me dijo una vez que hay demasiados peces en el mar como para que no te llegue uno. Ya me llegó uno, quién dice que no puede llegar otro.

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