Obrología

Obrología

Hugo León Zenteno

@hugoleonz

Ideas y argumentos. Debate y consensos. Política, sociedad, cultura y sus interacciones. Factores concurrentes, todos, en la noción de ideología, sustento clave para entender al siglo XX. Tan así, que el discurso predominante en dicho lapso siempre estuvo matizado por representaciones o simbolizaciones de uno u otro lado del espectro doctrinario. La fuerza de las ideologías, y de sus contrastes, produjo tres grandes conflagraciones en la centuria pasada (las dos Guerras mundiales y la Guerra fría), y ocupó una buena parte de la discusión académica en disciplinas como la sociología, la filosofía, la ética, la economía y muchas otras. Sin embargo, tales desencuentros y oposiciones terminaron por desgastar la prevalencia de las ideas en el quehacer público de la humanidad.

El hueco fue cubierto rápidamente por los sistemas económicos y comerciales, cuyo innegable y exasperante pragmatismo ha repercutido implacablemente, desde hace un par de décadas, en la globalidad que habitamos. Y dado, pues, el escabroso y frecuentemente fallido vínculo entre economía y desarrollo, la política y sus predicadores -los inefables políticos- han buscado otro sustento para su siempre pretencioso discurso. Es así que la obrología se erige hoy en día como el fundamento del desempeño de muchos gobernantes y líderes de la actualidad.

Así, la obra per se, la sola realización de proyectos de construcción de todo tipo y tamaño, es vista como sinónimo de la eficiencia política. El vacío dejado por las ideas es, según esa caterva, fácilmente reemplazable por un faraónico programa de obras, muy visible, muy evidente, muy presumible. No importa si aquél responde a necesidades concretas e impostergables o si es el resultado de un mal entendido afán de trascendencia; es poco relevante si lo edificado es producto de políticas públicas claras y sistematizadas o si es construido a partir de las fatuas ocurrencias del mandatario o regidor en turno.

Ante esta escasez de ideas y exceso de puntadas, cada trienio o sexenio somos testigos de un desfile de elefantes blancos. Ya sean parques para ejercitarse a lo largo de un río hediondo, aeropuertos subutilizados, colinas con aspiraciones floridanas, puertos secos en medio de la nada, remedos de sistemas de transporte, endebles bibliotecas o curvados puentes sin peralte. Y aún peor, nos quedamos prácticamente inermes ante los insensatos embates al paisaje y al patrimonio cultural, asestados en forma de libramientos elevados, de cabinas colgantes o de colosales discos mecánicos.

Lo que en verdad es evidente, lo que nos muestran los adeptos a la obrología, es que únicamente entienden de vigas, cimbras y concreto. No de neuronas, sinapsis o cacumen.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Docente universitario en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y conferencista de Media y News literacy; consultor en gestión de información para cibermedios y en Calidad académica; editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Su línea de investigación académica es historia del deporte y del olimpismo.

Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia.

Correo electrónico: hugoleonz@gmail.com

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