Así llegó El cielo árido a Puebla

Así llegó El cielo árido a Puebla

Xóchitl Rangel

@xochitlrangel

Emiliano Monge seguramente nunca imaginó que durante la presentación de su libro El Cielo Árido, un estrafalario pintor arrancaría risas sonoras y robaría la atención con mayor agilidad que los expertos literatos. Como yo tampoco sospeché que terminaría escribiendo sobre el evento al que cortésmente fui invitada por el escritor Jaime Mesa.

La presentación puede describirse como un acto íntimo entre colegas. La reseña de Mesa sobre la obra concentró las ideas principales del retrato de una era que Monge plasmó en 211 páginas.

Sin mayor preámbulo, la calidad discursiva de Monge invadió el recinto. La precisión de sus palabras irremediablemente invita a leerlo. Su concepción sobre la naturalidad de la violencia, su fórmula para construir historias a través de instantes y la teoría de que el 95 por ciento de vivencias humanas es paja, son severos pero atractivos.

El cielo árido - Emiliano Monge 2En medio de una charla de camaradería, el galardonado con el Premio Jaén de Novela, confesó ante unas 70 personas reunidas en el patio de Profética, Casa de la Lectura, las complicaciones para elegir el título, sólo tres palabras: El Cielo Árido que combinan perfecto con un texto que retrata la violencia.

Honesto, el escritor dijo que sólo puede concluir los trabajos que le despiertan angustia como si ésta fuera la condición para escribir mejor. A veces, contó, mira a otras personas que disfrutan y sonríen mientras teclean, pero para él, el encanto está en la fuerza dramática de los personajes.

Pensé de pronto en el bombardeo cotidiano de noticias relacionadas con la ola de violencia, el narcotráfico y las ejecuciones en distintas regiones de México. Es complicado imaginar que estos problemas se gestaron antes de la estrategia implementada por el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Pero Monge abre esa ventana al análisis y a razonar que, como él mismo dice, la violencia no nació con el narcotráfico, ambos problemas existen desde hace décadas, son elementos históricos.

Desde el pequeño sillón de Profética, que lucía completamente rebasado por las dimensiones del escritor Jaime Mesa, éste calificó al personaje central de El Cielo Árido, Germán Alcántara Carnero, como el Pedro Páramo del siglo XXI.

El autor de Rabia, catalogó el trabajo de Monge en El Cielo Árido como un conjunto de vetas, Rulfo y Fuentes, entre ellos.

Ambos, inmersos en sus comentarios, crearon una estrategia de expectación entre los asistentes que atendieron cada palabra.

El extraño invitado

Tras más de 60 minutos de conversación fraterna entre Monge y Mesa, llegó la oportunidad de que los lectores, al fin, hicieran alguna pregunta o comentario. El momento fue bien aprovechado por un hombre de pelo cano que se identificó como artista plástico.

Su participación confundió visiblemente a Monge, porque el señor se apoderó por completo del micrófono, inició comparando la masculinidad de Emiliano frente a la “feminidad” de Alejandro Jodorowsky. Sí, muy raro.

“Tú te ves más machito que ese escritor”, soltó en medio de carcajadas, y de pronto se concentró en un relato extraño sobre el atropellamiento de un bebé en su natal Veracruz. Ante la mirada confundida de Monge, el hombre presumió su conclusión “La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos”.

Tras esa inusual intervención, Monge ofreció firmar el libro a quienes compraron su obra. Sí, todos tenían que aprovechar su presencia antes de que tomara el vuelo hacia Barcelona, donde ahora radica.

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