Paleotelevisión
La queja es constante y razonable: la presencia del monopolio, el contubernio del duopolio, la inexistencia de la tercera cadena. La televisión abierta o generalista en México, lo he mencionado en varias ocasiones, está anquilosada, limitada y en franca connivencia con los poderes gubernamentales y partidistas.
Por Lado B @ladobemx
26 de noviembre, 2012
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Hugo León Zenteno

@hugoleonz

La queja es constante y razonable: la presencia del monopolio, el contubernio del duopolio, la inexistencia de la tercera cadena. La televisión abierta o generalista en México, lo he mencionado en varias ocasiones, está anquilosada, limitada y en franca connivencia con los poderes gubernamentales y partidistas. El pasado 21 de noviembre se celebró, a instancias de la ONU, el día mundial de la televisión, hecho que nos convoca a reflexionar de nuevo sobre el panorama televisivo en nuestro país.

En este sentido, el debate sigue dominado por la cuestión distributiva y cuantitativa en el entendido que la diversidad de canales conllevaría una mejora en los contenidos; supuesto que queda, de momento, en entredicho, toda vez que la emergencia de la segunda cadena no implicó un cambio sustancial en términos cualitativos, como tampoco ha sucedido con otras iniciativas de televisión comercial. Así, prevalecen los esquemas tradicionales de elaboración de historias, de división de géneros y de segmemtación de las audiencias.

En aras de avalar esta percepción, conviene retomar la noción de paleotelevisión, concepto acuñado por Umberto Eco y retomado por autores como Franco Casetti y Roger Odin, el cual caracteriza a la etapa primigenia de la televisión (de los años 50 a los 80) cuando el discurso televisivo se hallaba en una búsqueda de identidad propia en un afán de deslindarse de los lenguajes cinematográfico y radiofónico. Otro académico, Carlos Scolari, en su texto La gramática de la hipertelevisión, hace un compendio de las características paleotelevisivas, entre las que destacan:

  • Diferenciación de géneros: los juegos y los espectáculos no son compatibles con la información y el conocimiento.
  • Cámaras fijas en un estudio (en oposición a la movilidad y el registro en los espacios públicos).
  • Las audiencias son grandes colectividades (y no una suma de individualidades).
  • El vínculo entre la televisión y sus audiencias es fundamentalmente pedagógico (transmisión de conocimiento).
  • Estructuras temporales y narrativas rígidas.

En gran medida, pues, la industria mexicana sigue en este etapa de paleotelevisión. La insistencia en repetir fórmulas establecidas es evidente: el entramado argumental de las telenovelas permanece inamovible, sin mencionar la incesante tentación de los remakes y las adaptaciones; el manejo informativo en los noticiarios continúa anclado a las declaraciones y de igual manera persiste la opacidad en las líneas editoriales; las tendencias en la programación de contenidos (por lo que respecta al acomodo de los horarios) se mantienen incólumes; las audiencias aún son vistas como monolíticas; el tono paternal y autoritario en el discurso es innegable; la comedia ranchera se perpetúa como el más popular de los géneros cinematográficos transmitidos por la pantalla chica; y para colmo, el sobado formato de los programas donde se “descubren” talentos musicales, dancísticos o histriónicos (el cual, por cierto, proviene desde los inicios de la radio), es el culmen del rating televisivo.

Así que no nos entrampemos, las telenovelas en turno, la programación de cualquier cinta de Pedro Infante, las emisiones de revista matutinas y La voz México, son paleotelevisivas. Dirigidas a paleotelevidentes.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Docente universitario en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y conferencista de Media y News literacy; consultor en gestión de información para cibermedios y en Calidad académica; editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Su línea de investigación académica es historia del deporte y del olimpismo.

Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia.

Correo electrónico: hugoleonz@gmail.com

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