Mujeres lesbianas, una lucha con la voz en off

Mujeres lesbianas, una lucha con la voz en off

Tuss Fernández | Ilustración de portada: Motzaqui

@ituss79

Ser lesbiana es saber que ya de entrada se vive en desventaja. Primero por se mujer y luego, por ser lesbiana.

El activismo lésbico-feminista o lesbofeminismo es, en algunos casos, más antiguo que otros movimientos sociales que defienden la diversidad sexual como el propio movimiento homosexual.

A primera vista, uno podría pensar que las lesbianas son un gran grupo de influencia en la Comunidad LGBTTTI pues son quienes más opinan y más participan en redes sociales o en espacios cerrados, sin embargo, esta percepción se desvanece cuando en la propia lucha, dentro y fuera del Colectivo, se ven rebasadas por la homo-heteronorma que les –nos– ha sido inculcada tan pronto existimos en una sociedad machista con sistemas patriarcales:

“Yo misma, después de las reuniones del Comité –Orgullo– me he hecho la crítica y me he reconocido como en una sensación de no sentirme libre porque hay hombres que creo que saben más que yo. Y es una cuestión de educación y de cultura que tienes que estarte quitando todo el tiempo”, dice Gabriela (Gaby) Cortés, quien hace más de 20 años inició su labor como defensora de derechos laborales de las mujeres en diversas maquiladoras del Estado y que actualmente participa en El Taller –del que es fundadora–, una organización no gubernamental que promueve los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres a través del arte.

Gabriela Cortés
Foto: @ituss79

En este mismo sentido, Josefina (Joss) Gámez, cirujana dentista originaria de Atlixco, Puebla y activista desde hace aproximadamente siete años coincide en que lo primero que se debe erradicar desde el lesbianismo es la homofobia internalizada.

Los estereotipos

Tanto Gaby como Joss desde la infancia reconocieron su gusto por las mujeres y ambas atravesaron por el cuestionamiento propio de su identidad sexual y del rol ‘socialmente’ asignado a su género.

Desde los ocho años, en la humilde vecindad en que nació, Joss era el príncipe que se casaría con Cenicienta, su vecina: “Cuando sea niño me voy a casar contigo”. Siempre pensó que se convertiría en niño porque algo, simplemente, no cuadraba.

Gaby por su parte, tampoco encajaba en el perfil del típico rol femenino; odiaba las faldas y le encantaba jugar fútbol. Casi siempre convivía con niños pero reconocía perfectamente que tocarle el cabello a las niñas le producía una sensación “bonita” que le intrigaba: “a lo mejor no soy niña porque me gustan las niñas, a lo mejor soy niño”.

La réplica de las conductas estereotipadas en las relaciones lésbicas es inquietante, a decir de Joss, pues asegura que hay lesbianas que asumen roles clásicos de la heteronorma y que terminan siendo burdas copias del papel masculino que en muchas ocasiones, disparan la violencia.

“Ahí te das cuenta de que también hay violencia en estas situaciones… ella era muy agresiva conmigo, muy posesiva”, comenta Gaby respecto a su primera pareja formal a quien conoció por uno de sus compañeros de la carrera de Arte Dramático. Durante los tres años que duró su relación “ella siempre me presentó como su prima”. Se trata, a decir de la actriz, de otra forma de violencia silenciosa que se adquiere y se acepta inconscientemente: la invisibilización.

Invisibilidad y lesbofobia

Históricamente, el género femenino ha sido menospreciado, denigrado y sometido. En el imaginario colectivo de las sociedades patriarcales, ser varón es un privilegio mientras que ser mujer representa estar en un escalafón más bajo. El concepto que se tiene sobre la misión del género femenino es el de ‘servir’ a los hombres.

“Esta invisibilidad es una cultura que existe, que las mujeres y su función en esta vida es casarse, atender a tu marido, tener hijos y atender a tus hijos. Una mujer que no tiene hijos no es mujer”. Tan marcada está esta visión que se ignora la autonomía de las mujeres cuando tradicionalmente pasan de estar bajo el resguardo de sus padres a estar bajo el resguardo de sus esposos, asegura Gaby y agrega que tradicionalmente se cree que una mujer no es capaz de cuidarse sola.

Joss Gámez
Foto: @ELTALLER_AC

En los casos más extremos, los crímenes de odio por lesbofobia son prácticamente inexistentes para las autoridades según la activista y representante de las lesbianas ante el Comité Orgullo: “La lesbofobia no existe –para las autoridades–… al menos en los crímenes siempre se trata del homosexual, el gay”, comenta que incluso cuando se trata de asesinatos contra mujeres transexuales que son muestra evidente del odio al ser femenino, el criterio que se aplica por parte de las instituciones es que se trata de “hombres vestidos de mujeres pero al final de cuentas, hombres” con lo que termina por invisibilizarse de nuevo a las mujeres aún cuando estos deberían ser considerados como feminicidios.

Por ello es que el empoderamiento de las mujeres resulta urgente para el lesboactivismo y por ello también, que una de las prioridades en su postura política ha sido la de desmarcarse del movimiento homosexual en la búsqueda de refrendar esta autonomía.

La disidencia contra la homosexualidad

Una de las posturas más marcadas dentro del lesboactivismo es la visibilización a través del uso del lenguaje. Quizá la primera aclaración que hace una lesbiana para reivindicar su movimiento es que no se trata de una mujer homosexual: “Soy una lesbiana, no me hacen ningún favor en decirme homosexual. Ser lesbiana nos da nombre y reconocimiento porque tenemos necesidades específicas. Es bien fácil decir que en una sola palabra ya estamos todos incluidos pero no se trata sólo de eso”, dice Joss con énfasis.

Y es que la lucha de las mujeres lesbianas vive bajo la sombra de una sociedad dominada por los hombres que se extiende incluso, al ámbito de la diversidad sexual: “te puedes encontrar a hombres que están en contra del feminismo y se dicen muy activistas… te pueden decir que el feminismo ya es obsoleto, que es una palabra que se debe cambiar; yo jamás me atrevería a decir que los gays son obsoletos y que se deberían de cambiar el nombre por respeto a su postura política” comenta Gaby, quien al mismo tiempo reconoce que este posicionamiento ha llevado en muchas ocasiones a que el movimiento lesbofeminista sea tachado de radical y separatista pero agrega que tanto el machismo como la homofobia son prácticas con las que no se puede ser tolerante pues históricamente han dañado tanto a hombres como a mujeres: “Si ser radicales es decirte crudamente cómo son las cosas, entonces sí lo somos”.

No estamos todas las que somos

Entrevistadas por separado, ambas activistas coinciden en que las lesbianas son un grupo numeroso en Puebla, que sin embargo sólo tiene presencia en actividades de tipo social; la visibilidad de las mujeres a las que les gustan las mujeres es clara en los antros o en las fiestas pero pocas se interesan por actividades que tengan que ver con el contexto político: “Aquí en Puebla no hay una marcha lésbica, pero no se juntaría tampoco, ¿cómo vas a ir a una marcha a pedir que los demás te acepten si a ti misma no te reconoces?” critica la odontóloga de 42 años.

Gaby por su parte, asegura que en Puebla la mayoría de las organizaciones trabajan con hombres “pero a nosotras que estamos trabajando con mujeres nos cuesta muchísimo trabajo convocarlas… es bien difícil que se dé este activismo en las mujeres lesbianas”.

El señalamiento más severo lo hace Joss y dice que aún cuando las mujeres lesbianas deciden participar en una marcha, suelen hacerlo a escondidas, camuflándose entre la gente: “Yo buscaba a mis amigas pero no las veía. Al llegar al zócalo las vi escondiéndose entre los árboles y los postes”; en tanto que Gaby expone: “Yo no las juzgo porque también hay como una condición que nos han dado y no hay un miedo gratuito del por qué no quieras exhibirte o no quieras exponerte. No puedo criticar porque al final estamos en una pinche sociedad mocha”.

1a marcha del orgullo en Atlixco.
Foto: @ELTALLER_AC

Otras luchas

En cuanto a la convergencia-divergencia del lesboactivismo con otros movimientos políticos como el de las mujeres transexuales, Gaby reconoce que existe un choque entre las causas que persigue cada uno: “A pesar de que yo soy sumamente aliada de las mujeres trans, hay compañeras lesbianas que me dicen ‘Gaby, es que las trans a veces buscan como algo de lo que nosotros queremos romper de lo que nos han enseñado de ser mujeres’”, pero confía en que más allá de la separación que pueden provocar los conceptos de femineidad establecidos por la heteronorma –maquillaje, cabello largo y zapatillas– ambos movimientos pueden trabajar en conjunto: “Yo todavía sigo creyendo que sí va a haber algún momento en que surja una alianza chida y que vamos a entender que si decides ser mujer es porque realmente estás consciente de todo lo que se viene arrastrando”.

La activista poblana señala además la importancia de que el lesboactivismo se sume a otros movimientos políticos de causa social para la generación de sinergias, pues en su opinión todo está conectado con la exigencia de respeto a los derechos humanos.

El futuro del lesboactivismo

Pese a que en el corto plazo no se vislumbran grandes alcances del movimiento en Puebla, el lesboactivismo se prepara para convocar a la Marcha Lésbica en marzo del próximo año y para entonces, señala Gaby, “debemos tener un posicionamiento claro y una exigencia política, debe ser algo consciente porque no sólo se trata de desmadre y de carnaval”, y agrega que desde ahora ya hay mujeres ‘interesantes’ trabajando en el discurso.

Entre tanto existe una demanda clara dirigida a la comunidad homosexual: “Las mujeres lesbianas hemos apoyado mucho las luchas de los hombres gays, la lucha contra el VIH-Sida y el resto de sus causas pero hace falta que ellos apoyen las luchas de las lesbianas”

–¿En algún momento levantarás la mano para que sea una lesbiana la vocera, la figura visible, la representante hacia afuera de la Comunidad LGBTTTI y el comité Orgullo en Puebla? –se le preguntó a Gaby.

–Yo creo que sí. Mi lucha no nada más va a ser feminista y por las mujeres, tiene que ser por los y las Zapatistas, por la lucha con los hombres gay, por la lucha contra el VIH y por muchas otras luchas, porque las demás luchas son algo que a veces se nos olvidan y consideramos que la nuestra es la única importante cuando hay tantas otras por las cuales debemos aliarnos.

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