En Siria se respira un ambiente de desesperanza e impotencia: MSF
 
Por Lado B @ladobemx
26 de noviembre, 2012
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Imagen: http://www.lmneuquen.com.ar

Lado B

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«Muchas de las poblaciones parecen ciudades fantasma, con edificios destruidos por las bombas, y en ellas se respira una ambiente de desesperanza e impotencia», comenta Paul McMaster, cirujano británico miembro de MSF que acaba de regresar de Siria.

A pesar que gran parte de la población del norte de Siria ha abandonado sus casas para dirigirse a los campos de refugiados en Turquía o Líbano, la violencia continúa asechando a mujeres, niños y ancianos, habitantes que no han podido emigrar de una zona que sufre diariamente el impacto de cohetes y bombas de ambos bandos.

«He trabajado con MSF en muchos lugares complicados: zonas en guerra de países como Sri Lanka, Costa de Marfil y Somalia, pero aunque allá era peligroso trabajar en el terreno, en Siria el peligro viene desde el aire. El saber que siempre hay un helicóptero volando por encima de ti es un tipo de amenaza mucho más opresiva. La mayoría de sus habitantes viven en sótanos y bodegas. Llevan ocho o nueve meses sin electricidad y los más vulnerables son los que lo pasan peor. Para la población civil, que trata de encender hogueras en los sótanos, éste va a ser un largo, peligroso y frío invierno», cuenta.

Este lunes, Reuters informó que cazas de la Fuerza Aérea siria bombardearon  una zona cercana a una base de los rebeldes en Atima, sin llegar a alcanzar su objetivo, lo que ha provocado que cientos de civiles hayan huido por la cercana frontera con Turquía.

Asimismo, grupos de activistas con personal dentro de Siria han denunciado la muerte de al menos ocho menores luego de bombardeos aéreos en la localidad de Deir al Asafir, ubicada en la periferia de la capital. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), grupo con sede en Londres, dio a conocer este incidente, que horas más tarde fue confirmado también por la Comisión General de la Revolución Siria, que elevó la cifra de víctimas a 10.

Ante esta situación, organismos internacionales como Médicos Sin Fronteras (MSF) han trabajado en la zona de conflicto de forma clandestina, incluso montando quirófanos en condiciones extremas, como en cuevas o granjas.

“Volé a Turquía y después subimos las montañas cerca de la frontera. Allí nos recogió un guía que nos condujo a través de bosques y colinas hasta Siria”, relata.

A su parecer, el peligro que vivió en Siria fue el más opresivo: “en el transcurso de cinco o seis semanas, practicamos unas 100 operaciones y tratamos a muchos heridos. También visitamos a diabéticos que se habían quedado sin medicación, a niños con asma, a mujeres que necesitaban cesáreas. Estas personas llevan más de un año sin acceso a atención médica efectiva. Algunos puede que logren llegar a Turquía atravesando las montañas y recibir tratamiento allí, pero muchos no cuentan con esa opción”.

“MSF cuenta con cuatro equipos quirúrgicos en la zona de conflicto al noroeste de Siria. Nuestro equipo trabajaba en una cueva en la que nos introdujimos por una entrada muy pequeña. En su interior había instalada una tienda hinchable que hacía las veces de quirófano y seis camas de urgencia. Trabajábamos en una zona que hervía de actividad, y resultaba difícil moverse. Aún así, hay que destacar el hecho de que logramos crear un entorno estéril con el equipamiento quirúrgico adecuado, en principio solo era una polvorienta cueva de yeso.

“Vivíamos en una pequeña aldea a 15 minutos de allí. La mayoría de nosotros dormíamos en el suelo del sótano de la mezquita. Los habitantes del pueblo estaban contentos de que estuviésemos allí. Cada día una señora de la aldea nos hacía unas tortas de pan, así que nos alimentábamos básicamente de pan y judías”.

Continúe leyendo el relato de Paul McMaster, de MSF, en el siguiente link.

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