Ciudad de las ideas: idiotas, ideillas e ideotas
A México le falta creatividad, innovación, criterio, dice Roemer
Por Lado B @ladobemx
12 de noviembre, 2012
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Foto: Es Imagen

Adrianísima Errevé

@theadrianisima

He estado en cuatro de los cinco festivales de mentes brillantes y puedo decir con seguridad que éste, “The Magic of if…” no fue el mejor. Eso no quiere decir que haya sido peor que los anteriores o el peor. Pero si algo enoja -sobre todo en un encuentro cuyos ponentes hablan de progreso, creatividad y hasta de iconoclasia- es que los procesos que deberían hacer que el cliente quede satisfecho sean todavía mediocres. Don’t get me wrong: Me encanta La Ciudad de las Ideas y por eso querría su perfeccionamiento.

IDIOTAS…

No hay por qué asustarse, por cierto, si se llama a los asistentes clientes, antes que ideastas. Quizá si el festival se manejara, por ejemplo, como un restaurante con tres estrellas Michelin, no seguiría fallando en detalles básicos, como:

1) Eficiencia durante la llegada de los clientes: Títulos confusos en las taquillas (“Grupo Salinas”, “Poder Cívico”, “Registro” … ¿por qué no uno para todos?) e incapacidad del equipo que atendía para solucionar problemas, hicieron del registro una tortura, pues se hacía esperar a la gente por su boleto inmerecidas cuarentenas de minutos, bajo el rayo del sol o el acoso de los mosquitos. Quien recibe una “beca”, boleto como premio o paga miles de pesos merece un trato mejor; merece que el registro se haga en línea; merece la opción de recibir su boleto en casa, si así lo desea.

Un chico que ganó el premio Gifted Citizen no pudo recibir su boleto y se la pasó de “ilegal” porque, pese a aparecer en listas, la burocracia se impuso.

2) Estacionamiento: El CCU (Complejo Cultural Universitario) no está preparado para el éxito. Pese a que podría optimizar su espacio para eventos como éste (tiene todo un año) no lo hace. Sin ni siquiera viene-vienes en los alrededores, varios sufrieron cristalazos y robo de autopartes.

3) Fallas técnicas durante las ponencias: De los momentos idiotas e imperdonables estuvieron a cargo quienes operaron las diapositivas, videos y controles remotos de los speakers. Con un tiempo tan reducido para cada uno de éstos, lo mínimo exigible es que corrigieran lo del día anterior. Pero no; fueron constantes. Lo que el viernes le pasó a Neil Harbisson (min. 3:40) le pasó el sábado a Lisa Randall (min.12).

IDEILLAS…

1) Los doce minutos por speaker: Según estudio citado por Andrés Roemer, creador del festival, el cerebro ya no se concentra por más de doce o quince minutos con facilidad. Pero la resolución de dar a los conferenciantes ese límite, por más que Roemer la justifique, no deja de verse como un truco para aumentar la cantidad y no la calidad de las exposiciones. Cuando se ponía más bueno, los expositores debían detenerse; algunos incluso se quejaban en escena sobre el tiempo. Y no era para menos, pues ello ponía en riesgo el juicio que la gente hiciera de sus ponencias. ¿Cómo no quedar medio mal al tratar de explicar “la partícula de dios” en doce minutos, cinco de los cuales se vieron afectados por fallas técnicas?

2) Asientos: Que haya orden para que alguien no agandalle mi lugar, sobre todo si pagué más de 5 mil pesos, tiene sentido. No lo tiene mover a la gente de Galería para abajo o regresarla a su guetto, sólo para que cuando pase la cámara se vea llenecito. Ni los asistentes son borregos, ni es difícil numerar asientos o dividirlos en “General” y “VIP”. En Twitter no pasó desapercibida, por cierto, la otra chulada para la que nos pintamos solos en México: el apartado de lugares, como en las luchas.

3) #CDIdeas: Con este hashtag y desde la cuenta @fer_manzanilla perteneciente a Fernando Manzanilla, Secretario de Gobernación del estado, salieron tuits predecibles sobre cada speaker, con efecto retardado y cuyo contenido asemejaba más bien a las descripciones para un sordo, no las apreciaciones críticas de un funcionario. Él, o quien maneje la cuenta, debe aprender a tuitear. Y a responder tuits que no sean sólo felicitaciones.

IDEOTAS

Sin duda, de no ser por este evento (considerado por Joe Castillo, uno de los speakers de este año, como el TED latinoamericano), muchas de las personalidades invitadas estarían lejos de venir al estado y, de no ser por la curaduría de Andrés Roemer, quizá no conoceríamos tan fácilmente a las menos famosonas. Tras el sampler intelectual, uno puede servirse con la cuchara grande en internet y con los libros de los ponentes. Y aunque el formato espectacular, definido por Roemer mismo como “tipo Las Vegas y el Cirque du soleil, pero con carácter y contenido” es de los detalles más criticados, esa es quizá la causa de que tenga tanto éxito ahora; de que, pese al precio (que ha ido bajando), la gente quiera asistir y se esté volviendo uno de los eventos más esperados del año. Quizá es una buena forma de “vender” la cultura en el país.

A México le falta creatividad, innovación, criterio, dice Roemer: ¿quién podría contradecirlo? ¿cómo no aplaudir que las ideotas de #CDIdeas, pese a errores, copetonas apartalugares y funcionarios que sólo se paran el cuello, lleguen a cada vez más personas?

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Lado B
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