Vecinos de Lara Grajales temen represión cetemista

Vecinos de Lara Grajales temen represión cetemista

La construcción de un gasoducto en una calle de por sí en malas condiciones, junto a una acequia de aguas residuales, negras y pluviales activó un conflicto en el municipio de Rafael Lara Grajales. La opacidad con la que se conduce el presidente municipal Horacio Castillo y las acusaciones de amenazas de la CTM ponen a los vecinos de la calle Oaxaca en el dilema de exigir que se cumplan los acuerdos o callar porque sí, reconocen, «tenemos miedo»

Un vecino mira la acequia, foco de contaminación, en la calle Oaxaca del municipio Rafael Lara Grajales.
Foto: Marlene Martínez

Mely Arellano

@melyarel

“Vivimos atemorizados, espantados”, dice Samuel Huerta, vecino de la calle Oaxaca en Rafael Lara Grajales. Desde hace poco más de tres meses no deja de pensar en lo mismo: el ducto de gas que abarca siete cuadras y que quedará colocado a escasos seis metros frente a la puerta de su casa. Pero Samuel Huerta no le teme tanto al peligro que podría implicar el ducto, sino a las amenazas veladas que ha recibido por exigir que, a la par de la obra, adoquinen la calle. Otros vecinos se sienten igual que él.

Desde que iniciaron las excavaciones para el ducto, un grupo de más o menos 500 vecinos se opuso a la obra, primero porque no sabían de qué se trataba ni qué riesgos podría traer a la población; después, porque pese a una negociación con el Ayuntamiento y la empresa, mediada por la Secretaría General de Gobierno (SGG), el presidente municipal Horacio Castillo López rechazó su responsabilidad en los acuerdos establecidos. Los quejosos se sintieron burlados.

Hoy insisten una y otra vez: “no nos oponemos al progreso de la comunidad, sólo queremos un beneficio para todos”.

El gasoducto estará a 2.5 metros de profundidad, a unos 6m de las viviendas y junto a la acequia contaminada.
Foto: Marlene Martínez.

Rafael Lara Grajales y la CTM

Este municipio, a 58.5km de la capital poblana, tiene 14 mil habitantes y sólo 76 años de haber sido oficialmente reconocido.

El principal motor económico de Lara Grajales es “La Morena”, que Félix Ayala compró a Heinz en 1969 y la renombró así en honor a la Virgen de Guadalupe. Desde entonces la Confederación Nacional de Trabajadores (CTM) tiene el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) de los aproximadamente 2 mil empleados.

La relación entre la CTM y los gobiernos municipales –priistas- ha sido siempre muy cercana, como lo explican los propios habitantes.

-El problema es que hay unos líderes de la CTM que mangonean al presidente municipal. Ellos lo ponen y lo andan trayendo como títere nada más. De fantasma lo tienen. Él hace lo que los señores Soto ordenan. Entonces los habitantes tienen miedo, nosotros nos manifestamos pero no crea, también con temor, ya nos queríamos abrir por tanta amenaza.

Desde que surgió la inconformidad por el ducto, acusan los vecinos, comenzaron las amenazas a los trabajadores de La Morena y Empacadora San Marcos –cuyo CCT también controla la CTM-, ubicada en el municipio de Nopalucan, que limita con Lara Grajales.

-Éramos más de 500 personas, pero después se fueron abriendo por temor, porque dijeron “el que ande de chismoso y esté trabajando en la empresa La Morena vamos a tener que suspender sus actividades”.

-¿Quién hizo esa advertencia? –se le pregunta a Samuel Huerta.

-El presidente municipal en todo momento acalambró a las personas y sí, muchos se abrieron, dijeron “de que nos quite el trabajo, mejor ahí muere”. Nos fue debilitando. Hace quince días hizo una junta con un audio de altavoz a la hora que salen los obreros y nos puso en contra casi a 700, diciendo que de no dar oportunidad a que pasara el ducto de gas natural iba a cerrar la empresa, fue cuando la gente dejó de manifestarse. Nos dejaron como a 20 o 30 nada más.

-Acá en la esquina se hizo una junta –interrumpe otro vecino, Víctor Trinidad-, y vino el señor Arturo Soto Martínez, los secretarios de La Morena y la Empacadora en estado de ebriedad, venían agrediendo a la gente. Se invitó al presidente municipal para platicar con él y llegar a un diálogo, porque no nos oponemos al progreso de la comunidad, nos estamos oponiendo a la agresión que hay hacia los trabajadores y hacia la gente.

-Él no se hizo presente –retoma Samuel Huerta- porque nunca tuvo tiempo, queríamos quedar en buenos términos, pero no se quiso presentar. Arturo Soto trajo a la policía estatal, tenemos el video. Eran más de 80 personas. Nos humillaron. Pero mantuvimos la calma.

-Ellos empezaron a comprar a la gente, les ofrecieron 5 mil pesos, 10 mil pesos, despensas, para ir debilitando el grupo. No nos oponemos al progreso, sino a que estos señores, tanto el presidente municipal como los señores Soto están haciendo abuso de autoridad, abuso de poder –concluye Víctor Trinidad.

En febrero de este año, hubo un problema con características similares: la CTM trataba de llevar agua de un pozo hacia un fraccionamiento para trabajadores afiliados, lo que dejaría sin abasto a la colonia Ignacio Zaragoza. También entonces se dijo que Arturo y su hermano Leobardo Soto, líder estatal de esa central, amenazaron con despedir a quienes se opusieran a sus intenciones.

Leobardo Soto, ex diputado federal del PRI, lo negó. Después de la denuncia en varios medios de comunicación el problema se resolvió satisfactoriamente para ambas partes.

Acequia en calle Oaxaca, entre Rafael Lara Grajales y Nopalucan. Un foco de contaminación.
Foto: Marlene Martínez

La demanda

De un lado de la calle Oaxaca hay casas, del otro una acequia –que los vecinos llaman “barranca”- que hicieron las empresas hace unos 50 años para descargar sus aguas residuales. Antes era un camino vecinal.

La acequia es un evidente foco de contaminación. Huele mal y en algunas partes es posible ver el agua rojiza estancada y burbujeante, como si hirviera. Ahí –según declaración de los vecinos- se descargan además aguas negras y pluviales. Por si fuera poco, como se encuentra a cielo abierto, está lleno de basura.

La acequia divide a Rafael Lara Grajales del municipio de Nopalucan. Es un problema común.

-Son 6 mil habitantes de la colonia Obrera de Nopalucan, aquí es el límite de los dos municipios, el drenaje de los dos lados lo botan al caño de la Oaxaca y se hace una contaminación terrible, muchos niños se enferman, pero nadie dice nada –lamenta un vecino.

A las malas condiciones de la acequia se suman las de la calle Oaxaca: sin pavimentar, llena de vados y sin alumbrado público. Y, muy pronto, con un gasoducto a 2.5 metros de profundidad, a orillas de la acequia.

-Nosotros en todo momento hemos pedido conocer el permiso de uso de suelo, fueron 2 mil metros que tomó, él (presidente municipal) dice que desconoce la cantidad que le dieron, nunca nos dio un resultado de la cuenta, cuánto recibió de la empresa de gas natural, este recurso queríamos que lo aplicara en la calle para beneficio de la gente, de más de 220 vecinos de la calle Oaxaca, y que al menos la adoquinara –dice Samuel Huerta.

El 12 de septiembre, algunos representantes del comité vecinal, junto con funcionarios de la SGG, y de la Comisión Estatal del Agua y Saneamiento de Puebla (Ceasp) establecieron algunos acuerdos entre los que destacan:

  • Elaborar un proyecto para entubar las aguas residuales y una planta de tratamiento
  • Que los vecinos permitan la construcción del gasoducto
  • Y que la Subsecretaría de Asuntos Políticos y Protección Civil gestione ante empresa y municipio la obra de adoquinamiento.

-Antier tuve la suerte de dialogar con el presidente municipal un poco, porque vinieron los de Ceasp que van a entubar, ellos sí nos están cumpliendo, están haciendo el proyecto, y le pregunté por el adoquinamiento y dice “no, no, no, voy a bajar los recursos y a ver si es posible hasta febrero, ahí veremos, porque yo no hice ningún trato con ustedes, y ahí lo dice en la minuta, vayan allá (a la Secretaría General de Gobierno) a que les gestionen”.

Samuel Huerta y sus vecinos de la calle Oaxaca sienten que “nos dieron gato por liebre”.

“La obra de adoquinamiento –explica Armando Cañedo Solares, coordinador de Consultoría de la Subsecretaría de Asuntos Políticos y quien también estuvo presente en la reunión del 12 de septiembre- es responsabilidad del Ayuntamiento, debe realizarla en coordinación con la empresa transportadora de gas. La empresa será la responsable de comprar el adoquín y las autoridades municipales de colocarlo”.

Vía correo electrónico, Cañedo Solares dice a Lado B que “la fecha en la que se colocará el adoquín no es de nuestro conocimiento, ya que este fue un arreglo directo que realizó el Ayuntamiento con la empresa”.

-Sí se va a cumplir el compromiso –promete Patricio Hernández, secretario de Gobierno municipal en entrevista telefónica-, sí se va a adoquinar la calle, pero primero se coloca el gasoducto y se tiene que hacer un estudio para evitar deslaves.

-¿Qué avance lleva la construcción del gasoducto?

-Del 50 por ciento.

Minuta de la reunión del 12 de septiembre. Rafael Lara Grajales.
Foto: Marlene Martínez

En un recorrido hecho por Lado B el pasado jueves 27 de septiembre, a simple vista la obra no parecía tan avanzada, todavía continuaban excavando para meter el ducto. Por cierto, los trabajos son vigilados por la Policía Municipal que, durante nuestra visita, patrulló dos veces la calle Oaxaca.

Y sobre los permisos para otorgar la licencia de construcción Cañedo Solares aclara que “existieron de por medio un estudio ambiental y uno del área de Protección Civil del Ayuntamiento”.

Lo confirma Patricio Hernández:

-Se hizo un estudio de Protección Civil, y de todas las dependencias involucradas por la cuestión de seguridad, hay un expediente completo.

-¿Podría verlo?

-Tendría que preguntarle al presidente (Horacio Castillo López), pero no está, anda en unas reuniones en Puebla.

Según Patricio Hernández los quejosos fueron disminuyendo conforme llevaron a expertos en medio ambiente, salud y hasta de Pemex para explicarles que no hay riesgo y asegura, también, que siempre se ofrecieron las obras a cambio del gasoducto y que “sólo quedan unos 5 o 6 agitadores, por un trasfondo político, son gente del PRD y del PAN”.

Los vecinos niegan tener alguna afiliación partidista, aunque reconocen que  “trajeron a una geóloga y a una química, pero fue puro diálogo, dijeron que ya tenían todos los permisos para hacer el trabajo, pero nunca dijeron estos son o los enseñaron”.

-Nosotros entendimos que el gas no es peligroso –dice Pedro López Cruz, presidente del comité de la calle Oaxaca-, a la mejor suena repetitivo pero no nos oponemos al progreso del municipio, el presidente nunca quiso dialogar, lo único que pedimos son obras a beneficio de la comunidad.

Y a punto de terminar la entrevista, una vecina que había estado en silencio agrega:

-Tenemos miedo. Si nos pasa algo hacemos responsables a Horacio Castillo, a Arturo Soto y a Leobardo Soto, a los tres.

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