La piel dura
Aquélla que se necesita para lidiar con la escena pública, con el escrutinio de quienes discrepan, con las opiniones divergentes o incluso las contrarias. Es el talante idóneo, pues, para quien decide subir a la palestra como figura pública o como servidor público; es uno de los rasgos necesarísimos para los aspirantes a la representación popular, toda vez que ésta implica por definición el aglutinamiento de una multiplicidad de voces y por ende de opiniones.
Por Lado B @ladobemx
29 de octubre, 2012
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Hugo León Zenteno*

@hugoleonz

Aquélla que se necesita para lidiar con la escena pública, con el escrutinio de quienes discrepan, con las opiniones divergentes o incluso las contrarias. Es el talante idóneo, pues, para quien decide subir a la palestra como figura pública o como servidor público; es uno de los rasgos necesarísimos para los aspirantes a la representación popular, toda vez que ésta implica por definición el aglutinamiento de una multiplicidad de voces y por ende de opiniones. Es así que la crítica y el disenso se constituyen como un mecanismo de construcción democrática.

Lo anterior suena tan sencillo y lógico que hasta suena paradójico que no se cumpla a cabalidad en el mundillo político de nuestro país. Aunque a fuerza de ser sinceros, tampoco se observa en el plano general que representa la propia cultura mexicana: no nos tomamos bien la crítica (aunque sea con afanes constructivos) y no somos proclives al ejercicio autocrítico. La gravedad de la anterior aseveración se infiere fácilmente, puesto que sin un adecuado cuestionamiento -tanto externo como interno- a nuestro devenir es imposible corregir los errores, y con ello el crecimiento es de igual forma inasequible.

Aún así, es menester que los ciudadanos, los periodistas, los tertulianos virtuales, los académicos y demás personajes sociales, sigan señalando y objetando las insuficiencias, traspiés y equivocaciones de quienes detentan el poder gubernamental en sus distintos niveles. Este deber civil y profesional tiene ahora más espacios mediáticos para su concreción, además de que se puede desarrollar con diferentes matices y profundidades.

Sin duda, un estilo para hacerlo es el humor. La sátira, la ironía, el sarcasmo, la mordacidad y la agudeza son armas muy eficientes para puntualizar ideas que de suyo resultan controvertidas y que bajo un manto burlón se cuelan más fácilmente al imaginario social. En ese sentido, la caricatura tiene un lugar privilegiado en el entramado periodístico actual, con una innegable presencia y una indiscutible efectividad en la labor de poner en la agenda temas de interés colectivo.

No obstante, en México la televisión sigue quedando a la zaga como creadora de espacios humorísticos de tinte político. Acaso por su hegemonía en la formación de las conciencias o quizá por la falta de atrevimiento o ingenio de quienes podrían consolidar el género de la comedia política. Seguramente el intento más consistente y notorio de este tipo de programas fue la primera versión de Cotorreando la noticia, emisión que seguía, durante el sexenio de José López Portillo, al noticiario nocturno del extinto Canal 13; y en el cual un recatado Chucho Salinas sufría para atenuar los perspicaces y jocosos comentarios de Héctor Lechuga. Es importante considerar, como un hecho inusual, que los comediantes contaban con el apoyo de Margarita López Portillo, hermana del mismísimo chipocludo (Lechuga dixit), en ese entonces directora de RTC, la dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación. Los torpedos iban muy cargados y bien dirigidos a toda la clase política, y por supuesto, en mucha menor intensidad al ocupante de Los Pinos. Cabe señalar que el guionista de la mencionada serie, Marco Antonio Flota, prosigue hasta la fecha, en el ámbito del periodismo impreso, con la labor iniciada en esos años.

En la actualidad, un caso revelador y significativo es el de Estados Unidos. Un reciente estudio del Pew Research Center fijó en un 12% el número de adultos de dicho país quienes acuden a los Comedy shows, no sólo en busca de entretenimiento sino como un medio efectivo de información (porcentaje similar, por cierto, al de los periódicos nacionales). Para conocer el contenido y el grado de desparpajo e irreverencia de los comunicadores estadounidenses es interesante acudir a dos de los espacios que despuntan en el género: The Daily Show, con Jon Stewart y The Colbert Report, conducido por Stephen Colbert. Una revisión de los segmentos que adjunto, nos permitirá percatarnos de que la calidad de la democracia también se puede medir por el espesor de la epidermis de los gobernantes o candidatos en turno.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Docente universitario en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y conferencista de Media y News literacy; consultor en gestión de información para cibermedios y en Calidad académica; editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Su línea de investigación académica es historia del deporte y del olimpismo. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo electrónico: hugoleonz@gmail.com

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