Fernando Vallejo, un incendiario amante de la verdad

Fernando Vallejo, un incendiario amante de la verdad

Constanza Izquierdo

@sirenadeplata

«He querido escribir partiendo del principio de la verdad, no del principio de la ficción», aseguró el escritor colombiano-mexicano Fernando Vallejo en su Conversación con estudiantes y académicos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM con motivo de su nuevo libro, El cuervo blanco, biografía sobre Rufino José Cuervo, filólogo y paisano de Vallejo. Un nuevo santo, más auténtico que los otros, declaraba al inicio de la conversación.

Vallejo está enamorado de la verdad, no sólo para escribir, sino para la vida pues, como es sabido (y si no lo saben, aquí se los contamos), Fernando Vallejo es célebre, además de por su obra literaria, por sus comentarios y opiniones incendiarias, y hasta polémicas, que incomodan a más de uno, siendo blanco del vituperio y el rechazo por parte de ciertos grupos de políticos colombianos y homófobos.

El autor de La virgen de los sicarios se declaró abiertamente homosexual (palabra fea, según Vallejo, “como todos los cultismos que empiezan por homo o por auto, como autosugestión”). Incluso en este tema de la homosexualidad (o como se le pueda llamar, ya que tampoco está de acuerdo con la “colonización” del inglés) tiene una postura sencilla pero contundente, que quizá perturba a muchos:

Fernando Vallejo
Foto: Patricia López

“El tema no tiene importancia. La sexualidad, mientras no esté destinada a la reproducción y no se ejerza con violencia de ningún tipo, ni física ni moral, es inocua, y por lo visto inevitable porque está grabada en las redes neuronales con que nacemos o que se van formando en nuestra infancia como si se estuviera a su vez codificada en el genoma […] Con esa hemos nacido y con esa nos moriremos.”

Fiel a su personalidad polémica, Vallejo expresó los que a su juicio son los tres principios radicales, fundamentales para la vida de cualquier ser humano: la no reproducción, pues “nadie tiene derecho a reproducirse, nadie tiene derecho a imponerle la vida a otro, la vida es una desgracia”; respetar a los animales de sistema nervioso complejo y no comerlos, ya que “son como tú, porque sienten el dolor, el hambre, la sed, el miedo y por lo tanto son sus prójimos”; y no votar por “esos granujas de lo que llaman democracia, que democracia nunca ha habido».

Dentro de este último tema, Vallejo señaló, con cierto pesar, que la sociedad es inculta e inmoral, “empezando por la clase política que es la que habla, el presidente que se tomó el micrófono y que se lo tomó durante seis años», refiriéndose a la realidad actual de sus dos patrias.

En esta Conversación con Fernando Vallejo, como parte de la Cátedra Extraordinaria Juan Luis de Alarcón, a cargo de José Luis Ibáñez, el escritor externó también su punto de vista sobre el lenguaje, y es liberador escucharlo: “El idioma es de nosotros, es un río fuera de cauce”. Casi sin proponérselo crea una atmósfera de complicidad; dice lo que piensa y parece que nos estuviera leyendo un libro o, más aún, que nosotros estuviésemos leyéndolo a él mismo; así de real, de llano, así de claro cuando habla…

En medio de preguntas a veces ostentosas y otras de genuino interés, Vallejo y nosotros nos reíamos cada vez que lanzaba frases respecto a su obra literaria, de la que no suele hablar porque se siente “como si fuera un vendedor de libros”; mientras que acerca de su oficio de escritor, explicó que no sabe qué hacer con la vida y entonces escribe. Pero se queja de ser muy repetitivo y de que su obra se mezcla y se confunde, por lo que aconsejó: “no los compren”,  todo esto mientras levantaba una ceja, un gesto muy suyo.

Pero, entonces, ¿qué es para él la novela, la poesía, el teatro, la biografía (género en el cual está inscrito su último libro)? Es sencillo: la biografía es un género menor que puede ser actualizado, como quiso hacer en El cuervo blanco, pero la novela, en cambio, es el gran género literario; del teatro, sostuvo, nunca ha entendido la ausencia de la cuarta pared “no me cabe en la cabeza”; mientras que de la poesía afirmó que no debe de confundirse con los versos, ni los versos con los pedazos de frases que hay ahora, ya que “ahí no está la poesía”, es decir, que no está donde están los poetas y los que se llaman a sí mismos poetas, y preguntó:

«¿Es que alguna vez tuvo sentido la poesía, la hecha en verso? Los versos que valen la pena son los que uno conserva en la memoria y en el corazón. El que no se sepa versos en la memoria, pues no les está haciendo el homenaje porque los versos no son para leerse, los versos son para conservarse en la memoria, el corazón”. Y cerró el tema, diciendo: “No hablemos más de los poetas, no tienen razón de ser».

Respecto al lenguaje, al estudio y la compresión de un universo tan inabarcable “que no cabe en ninguna gramática, en ningún diccionario”, Fernando Vallejo deploró la anglisación del español en estos tiempos y su paulatina desaparición, debido a que estamos en un mundo con más de siete mil millones de habitantes, en el que las lenguas desaparecen como especies y se les impone el inglés. “No crean que me quejo de esto, por mí, que se acabe”, manifestó entre risas y aplausos, no sin asegurar que “las palabras son las que lo revelan a uno, uno conoce a los demás, ante todo, por la forma como se expresa».

Respecto del mundo, Vallejo dijo que estamos en pleno desastre y que, quizá, ya rumbo al final, “la muerte del español va a ser la muerte común del planeta, si es que nos acabamos todos juntos salvo que, si duramos un poco más, antes lo acabe el inglés”; pues, incluso, a pesar de la cantidad y belleza de los géneros musicales en español, nos trajeron «el ruido anglosajón» y «nos colonizaron hasta el alma».

Fernando Vallejo
Foto: Patricia López

Ya puesto a hablar de música, Fernando Vallejo reveló que no tiene mucho aprecio por los escritores, pero sí por los músicos, sobre todo por José Alfredo Jiménez, a quien consideró como el más grande artista de México, porque “escribió unas letras delirantes, marcianas, una música que me llega directamente al corazón. A ustedes ya no les llega y ustedes están en su país, a lo mejor es que este país es más mío que de ustedes», nos provocaba. De esta forma transcurrió la tarde al lado de Fernando Vallejo.

De su obra, podemos decir que dos novelas suyas, El desbarrancaderoLa virgen de los sicarios, figuran entre los 15 primeros lugares de la lista de 2007 como los mejores 100 libros en español.  Barbet Schroeder realizó la adaptación cinematográfica de La virgen de los sicarios, que deja ver la violencia característica de Medellín en los años noventa y que recibió el premio del Senado de Italia además de ser galardonada en el Festival de Venecia de 2000 como la mejor película latinoamericana, y en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en ese mismo año.

Recibió en 2011 el Premio Juan Rulfo que concede la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Sin embargo, más allá de los numerosos reconocimientos que ha recibido, de su amor a los animales, su declarado ateísmo y su abierta oposición a la política en Colombia, lo que resalta de él es que es un hombre inteligente y profundamente crítico que no tiene problemas al momento de decir las cosas que piensa.

Así, el efecto de escucharlo es doble: por un lado, uno se pone a pensar en todas las situaciones que rodean nuestra vida cotidiana para, entonces, observarnos a nosotros mismos  y darnos cuenta de que el mundo está peor de como lo pensamos (y lo pensamos feo), que nosotros no estamos tan bien como creemos y que hay algo de congruencia que nos anda haciendo falta. Y, por otro lado, aprender (y/o aplicar o reaprender) el hecho de que las palabras lo construyen a uno y uno, a su vez, construye así el mundo, de tal forma que ¿por qué no decir las cosas que uno piensa?

Si algo les puedo decir es que salí de la Conversación con Fernando Vallejo casi (casi) decidida a dejar de comer carne y a dejar de decir cosas como stalkear y postear, además prestar mayor atención a las diferencias como oír/escuchar. Lo de la no reproducción ya lo pensaba, por no hablar de los políticos.

Les dejo ahora una lista no exhaustiva de algunas obras de Vallejo, por si es de su interés:

Novelas

La virgen de los sicarios (1994), El río del tiempo (1999), El desbarrancadero (2001), La rambla paralela (2002), Mi hermano el alcalde (2004), El don de la vida (2010).

Biografías

El mensajero (1991), sobre Porfirio Barba-Jacob; Almas en pena, chapolas negras (1995), sobre José Asunción Silva; El cuervo blanco (2012), sobre Rufino José Cuervo.

Sobre filología, lingüística y literatura

Logoi: una gramática del lenguaje literario (1983).

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