De cuando la confusión te mete en la piel de tu homónimo

De cuando la confusión te mete en la piel de tu homónimo

Foto: Jorge Ledezma

Marco Tulio Castro*

@tulioes

Las fotografías que acompañan al texto forman parte de la serie Genes iguales, vidas desiguales de Jorge Ledezma.

Si en el nombre se lleva la penitencia, en la confusión está el castigo. Y se sabe poco, pero llamarse igual es tan común como riesgoso: está el policía que detiene al confundir identidades y la secretaria que discrimina al quien se apellida como algún criminal. Está, también, el periodista que complica vidas cuando no corrobora información. Se sabe poco, pero 6.8 millones de mexicanos son homónimos. 

***

—Prieto, tú vienes para acá.

La voz del policía acompañó el brazo retorcido de Guillermo en el aeropuerto y fue llevado al diminuto cuarto de interrogaciones. Rodeado de policías, se le acusó:

—Eres Guillermo García Díaz y secuestras para Los Zetas.

—No señor.

—Cómo no, cabrón.

Sudado y no sólo preocupado por perder el vuelo de Monterrey con destino a Tijuana sino perder su libertad, Guillermo pensó que en su cartera podría estar la llave a su liberación.

—Oficial si me permite…

Los policías ya lo tenían esposado. Lo sentaron en una silla. Lo pararon frente a una mesa. Lo recargaron en una pared. Lo volvieron a sentar. Lo pusieron de frente a la pared y le hicieron una revisión precautoria. De su pantalón salió algo de dinero y una cajetilla de cigarros casi acabada. Le vaciaron la maleta. Volaron un par de encendedores, ropa y zapatos.

Un agente federal decía por la radiofrecuencia que había caído El Memo. Que quería huir a Tijuana. Que no iba cargado. Que se trataba del secuestrador del cártel que hasta hace poco, operaba Heriberto Lazcano Lazcano alias El Lazca. Otro policía sólo insultaba.

Faltaban minutos para que el avión saliera. Guillermo sospechaba con cierta razón que de quedar en libertad, los federales no repararían el daño ni le enviarían a Tijuana en otro vuelo pagado.

 Una ráfaga de preguntas que no le permitieron responder lo dejó mareado. Apenas titubeó.

—No secuestro. Tengo identificación en cartera. Guillermo tenía las esposas tan apretadas, que al cabo de minutos ambas manos comenzaron a tornarse rojas y luego amoratadas. Cuando le escucharon, sacaron de su bolsa trasera la billetera. Pidió que revisaran su credencial para votar. Los policías le respondieron con risa.

—Ésas las tramita cualquiera.

Afuera un par de amigos lo esperaban con el ceño fruncido. En las bocinas del aeropuerto se escuchó que su número de vuelo estaba por salir.

Con la esperanza perdida, Guillermo pidió que le dejaran hacer una llamada, pero los policías decidieron privarlo de todo y de la risa siguió el silencio.

Le vaciaron la cartera.

Guillermo recordó —porque siempre recuerda las cosas un minuto antes de la fatalidad— que en un compartimento poco visible de la billetera guardaba su Clave Única de Registro Poblacional. Le explicó al policía que escudriñaba sus pertenencias que detrás de la fotografía de Lorena Herrera que acababa de dañar había una pestaña apenas perceptible. Le pidió que forzara su apertura. De la ranura sacó un enmicado diminuto con la CURP de Guillermo García Díaz.

Después de analizarla, reportarla por radiofrecuencia y dictarla lo que Guillermo valora unas doce ocasiones, el semblante de los policías se volvió seco y terminaron las groserías.

Le quitaron las esposas y lo dejaron ir.

En realidad, Guillermo García Díaz no era un delincuente sino road manager de una banda tijuanense y esa mañana de marzo de 2012 conoció el problema que implica compartir su nombre.

Hoy, desde Tijuana pregunta muy serio:

—El estado tiene toda nuestra información y seguro hasta fotografías, ¿por qué no las usa a su favor y evita problemas como éste?

No piensa presentar una denuncia.

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Foto: Jorge Ledezma

La homonimia es tan común como poco explorada. Para algunos es tragedia y para otros «ningún problema». Pero como los testimonios, las cifras no son agradables. 6 millones 834 mil 351 personas comparten nombres y apellidos en México. ¿Cuántos son víctimas de la confusión?, ¿Cuántos saben que se llaman igual que otro?, ¿Cómo proteger la identidad de ese 6.1 por ciento de mexicanos? Y la pregunta cabe: ¿Cuántos son gemelos? Porque los 6.8 millones de homónimos también nacieron el mismo día. En el mismo estado.

Aunque no hay regla, la mayoría se entera que comparte nombre con algún extraño cuando por azar, se cruza con su tocayo. O con sus delitos. Porque también los delincuentes tienen tocayos.

Armando Muñoz García es un delincuente originario del puerto de Ensenada que ha sido detenido por tráfico de drogas en México y por robar computadoras en San Diego, California. Armando es, al mismo tiempo, un respetable artista plástico, escultor y propietario de restaurante. El escultor obtuvo fama con su obra Tijuana III Milenio, —una gigantesca mujer desnuda y blanca que se erige en un cañón cercano a Lomas Taurinas, donde asesinaron al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en 1994—, y el delincuente, bueno, es un hombre que obtuvo fama en los medios por su carrera delictiva.

Además de la fama y el nombre, los Armando comparten problemas en sus vidas por un descontrol gubernamental.

Al escultor lo invitaron a impartir un curso de cerámica en Zacatecas y previendo problemas en los aeropuertos a consecuencia de su homónimo, decidió tramitar su carta de no antecedentes penales. Llegó de mañana a la barandilla donde iniciar el trámite. Posó durante medio minuto ante la cámara fotográfica y le avisaron que en cinco minutos estaría lista. Los cinco minutos se volvieron quince y los quince en media hora. Con el rostro duro, el artista preguntó a las secretarias porque la tardanza.

—Un momentito, por favor —dijo una de ellas, la misma que llamó a su compañera que incrédula, movía los ojos de la pantalla de la computadora, al rostro del escultor.

—Usted no puede tramitar su carta porque cuenta con antecedentes penales —le dijo la secretaria.

Después de reírse, el escultor les explicó la causa de la confusión.

—Si usted es Armando Muñoz García tiene antecedentes por robo vehicular, tráfico de drogas y robo a casa habitación —respondió la secretaria sin mover las cejas ni dejar espacio entre palabras. Mostró su Clave Única Registro Poblacional pero no fue suficiente.

—Así no podemos entregarle la carta nosotros, señor.

Le pidieron acta de nacimiento de sus padres y el acta de matrimonio.

Desde luego son documentos que no tiene.  Ya sabía a lo que se enfrentaba. Meses atrás, el escultor visitó a un amigo en San Diego y éste le enseñó un periódico donde se leía que Armando Muñoz García había sido detenido robando computadoras. Su amigo, que también era uno de sus clientes principales en el restaurante, le perdió confianza. La reputación del delincuente le ocasionó que varias personas cancelaran sus reservaciones pues conocían la historia del ladrón de las computadoras. Y si el diario sandieguino decía que se trataba del mexicano Armando Muñoz García, para los estadounidenses eran palabras que no dejaban duda.

No es la primera vez que los medios también le complican la vida del artista. En febrero pasado, asistió a un foro de líderes en el que fueron varias personas americanas al evento. Muñoz García fue presentado no como el creador, sino como la persona que vive en la escultura.

—El escultor de la obra ya murió pero tenemos la dicha de compartir mesa con el habitante de la obra —dijo la presentadora ante los invitados extranjeros.

La historia de la presentadora no fue invento. Al menos suyo no. Años atrás, un semanario publicó la noticia sobre la muerte de Armando Muñoz García en un accidente de auto. Aunque la noticia del semanal fue una pifia, para muchos era una realidad.

Según datos de la Clave Única de Registro Poblacional, sólo en el Distrito Federal hay 638 mil homónimos. Según el Instituto Federal Electoral, en Baja California hay 178 mil 19 homónimos.

El problema compartido está en comprobar que no se trata de la misma persona.

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Foto: Jorge Ledezma

Creada en 1996 por el presidente Ernesto Zedillo, la Clave Única de Registro Poblacional se diseñó pensando en resolver la vida de los ciudadanos de México. Y de sus burócratas. Con la CURP, se haría todo trámite en el país. Los hacendarios, de seguridad social y demás, pero a la fecha, el proyecto del presidente priísta no se ha logrado.

La Clave se compone de 18 caracteres y funciona así: Del primer apellido se toma la primera letra y la primera vocal. Del segundo apellido, se toma la primera letra. Luego el registro se ocupa del nombre: usa su primera letra. Después utiliza la fecha de nacimiento por año, mes y día. Sigue con el sexo: H para hombres, M para mujeres. Del lugar de nacimiento, toma las dos letras de la entidad donde nació. Regresa con los apellidos y primer nombre a través de sus primeras consonantes internas.

El último par de caracteres de la Clave son anotados por el propio Registro Nacional de Población para evitar duplicados.

Al final, queda una clave kilométrica así: CAQM831216HSLSZR05.

Y aunque toda la información que contiene la CURP se puede utilizar en las dependencias gubernamentales, hay un problema: no todas las dependencias de gobierno se basan en la CURP para concentrar su información. Hay, de hecho, algunas que no lo consideran. En el Instituto Mexicano del Seguro Social existe el Número de Seguridad Social, en el Instituto Federal Electoral existe la Clave de Elector, en la licencia para conducir se tiene su propio número, en el pasaporte también, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se crea el Registro Federal de Causantes y así podríamos seguir.

—La cuestión es que las dependencias no están homologadas y cada una recaba información por su cuenta. Hay números por todos lados —dice Rogelio Aros Guzmán, que fue director del registro civil en Baja California y ahora es coordinador de subprocuradores de Derechos Humanos en Baja California.

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José Luis, Juan y María Guadalupe, son los nombres más comunes de México. Son tan usuales que al sumarse rebasan la población de 22 de los 32 estados del país. La república tiene 3 millones 127 mil 51 personas coexistiendo con esos nombres. De ahí siguen José, Miguel Ángel, Guadalupe, Francisco, Jesús, Antonio y Alejandro.

¿Y qué sucede con los apellidos? Los más repetidos son Hernández, García y Martínez. En el estricto sentido, suman 16 millones 366 mil 618.

Les siguen López, González, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Ramírez y Cruz.

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El problema de éstos César es con la correspondencia. Suena simple, pero no lo es. Sus problemas con el hombre encargado de la correspondencia se traducen en contratos de millones de pesos.

Es que uno de los César González Gama se acaba de mudar a León, Guanajuato donde vive en un apartamento en la torre Norte de unos condominios. En la torre sur, vive el otro César González Gama.

La diferencia entre ambos sólo es el punto cardinal y dos números. Dos números pues uno vive en el interior 301 y el otro en el 303.

—Trabajo en una industria bastante exótica. La empresa se dedica a hacer impresiones para la industria del calzado y la moda y distintivos para estos artículos —explica el César que recién mudó.

Éste César dice que para cualquier persona ajena a la industria, los envíos que recibe podrían considerarse basura o tráfico de materiales apócrifos: rollos de papel transparente con impresiones, etiquetas textiles de un sinnúmero de clientes: Levi’s, Puma, Adidas, etcétera. Y como ambos César González Gama viven en los condominios —incluso ambos viven en el tercer piso de las torres Norte y Sur—, el guardia de la caseta hace entrega de correspondencia equivocada.

Así es que cuando un César recibe la correspondencia que no le pertenece, termina tirando a la basura etiquetas y pruebas provenientes de Asia, Europa y Estados Unidos que se deben volver a procesar y con la tardanza peligran las ventas para la empresa.

Después de perder varios envíos, César descubrió a su homónimo.

Hoy han dialogado con el guardia de la caseta para que preste atención en la correspondencia. Han acordado no tirar correspondencia ajena.

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Foto: Jorge Ledezma

Aquí la pregunta central es: ¿Qué debe hacer el que tenga problemas por la homonimia? Si se tienen conflictos legales o sociales por llamarse igual que alguien más, la solución está en cambiarse el nombre. Para hacerlo hay que iniciar un procedimiento ante un juez civil donde se muestre por medio de testimonios, pruebas periodísticas, carta de no antecedentes penales, etcétera, que su tocayo no hace otra cosa más que acarrearle problemas. Se puede hacer mediante un escrito donde se argumente la necesidad de cambiar de nombre. Al procedimiento se le llama de jurisdicción voluntaria. Y se puede solicitar cambio de nombre por ser víctima de bullying.

No bromeo. Hagamos un ejercicio. Imagine que se llama Joaquín y se apellida Guzmán Loera. Es probable que sus vecinos se burlen de usted, que en Estados Unidos le nieguen su visa y que en México le comiencen a embargar propiedades. Tal vez, en el peor de los casos, que no sea sujeto de confianza para la obtención de créditos. Seguro será detenido cada ocasión que se identifique ante un policía.

O que se llame como algún hermano de los temibles narcotraficantes Arellano Félix. Porque ha sucedido. En el año 2000, Ramón Arellano Félix manejaba con el diablo en los pies. Conducía como si huyera de la policía en la carretera Tecate-Ensenada una imprecisa noche de verano. El sinuoso camino hizo que Arellano Félix perdiera el control, se volcara y muriera. Cuando los medios supieron que se trataba de Ramón Arellano Félix, la noticia se esparció como pólvora. En realidad, Ramón no huía, sólo conducía como endemoniado después de una fiesta. Tampoco era el narcotraficante. Cinco años después, la policía detuvo en Mexicali a Francisco Javier Arellano Félix. Viajaba en un auto compacto y discreto. No porque se ocultara, sino porque su trabajo lo requería: era un vendedor de seguros. Fue liberado horas después. Al siguiente año sucedió lo mismo con otro ciudadano. Se le confundió con el mismo integrante de la dinastía Arellano Félix. Sucedió también en Mexicali. Lo rodearon policías locales y lo sometieron. Después de dos días de interrogación en el ministerio público federal, lo dejaron ir. Era un vendedor de material de construcción al que el estado le jodió la existencia.

Pero volvamos al tema. Una vez que el juez resuelva que hay afectación moral o jurídica, emitirá una resolución y le notificará al Registro Civil que Joaquín Guzmán Loera, —el que comprobó no tener antecedentes penales— ahora se llamará Juan Guzmán Loera, o Nicanor. O Gumersindo. O Arnoldo. O Salomón Guzmán Loera y en el registro civil se tendrá que rectificar el acta de nacimiento con una leyenda en cualquier espacio posible del documento sin borrar jamás el nombre con el que fue registrado inicialmente.

A partir de ahí, le corresponde al individuo de nombre nuevo, tramitar el resto de sus documentos. No hay otro camino.

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No es exageración. Todo humano tiene derecho a la identidad y ello implica ser registrado al nacer y tener nacionalidad. La Convención Sobre los Derechos del Niño dice que los estados que participaron en la firma del acuerdo deben preservar la identidad, el nombre y las relaciones familiares.

—Es un derecho universal y peligra sólo cuando para el estado no eres reconocido —explica Aros Guzmán en su oficina para los Derechos Humanos.

La cuestión es que en México, el que se llama igual a otro, en algún momento padece las consecuencias del descontrol de información en el gobierno.

Ese es el peligro que preocupa al coordinador de subprocuradores de derechos humanos.

Sucedió con el escultor Armando Muñoz García. No se le reconoció su identidad. O más bien, se le confundió con un delincuente. Lo que corresponde en casos como ese es presentar un recurso administrativo al titular del departamento explicando la situación. Y si en el sentido común del funcionario público está aceptar la Clave Única de Registro Poblaciónal —y si ésta no tiene problemas de homonimia con la Clave del delincuente—, es probable que logre tener una carta de no antecedentes penales.

La clave para el ciudadano en un sistema de gobierno de procesos barrocos, está en la resistencia.

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¿Cuántos Daniel Zamudio hay en latinoamérica? Un día, un Daniel Zamudio recibió una invitación por medio Facebook de otro Daniel Zamudio. El propósito de la amistad era crear confusión en común acuerdo.

Lo que parecía diversión de dos, se volvió mayor. Cuando otros Daniel Zamudio descubrieron que había un par de tocayos que bromeaba, decidieron crear un grupo en la red exclusivo para hombres que compartieran el nombre y apellido. El grupo llegó a tener quince integrantes de nombre idéntico. Al grupo se sumó gente de México, Argentina, Colombia, Chile y Estados Unidos.

—En realidad creamos un ejército cuyo propósito era provocar caos y confusión entre todos los contactos —explica un Daniel Zamudio.

Es que no siempre se lee un estado en la red que sea del gusto de la misma persona por quince ocasiones.

—No creerás la confusión que puede provocar ver que «a Daniel Zamudio, Daniel Zamudio y Daniel Zamudio les gusta esto» —dice un Daniel Zamudio.

Pero llegó el caos. En marzo pasado, un diario chileno publicó la noticia de un ataque discriminatorio en contra de un Daniel Zamudio por sus preferencias sexuales.

La noticia, desde luego, llegó a Facebook.

En la red, los amigos de todos los Daniel Zamudio preguntaban si el atacado era el Daniel Zamudio que ellos conocían. Recibieron mensajes y llamadas de conocidos pensando que su amigo era la víctima de la que hablaban las noticias.

—Fue un momento que ningún Daniel Zamudio podrá olvidar, y aunque no resultó un problema más serio, fue una de las experiencias más desagradables que se pueden experimentar —dice un Daniel Zamudio.

Aquel Daniel Zamudio falleció comatoso en el hospital.

Un Daniel Zamudio dice que su tragedia no será olvidada. Al menos no para ese grupo de homónimos que, por un instante, fueron la misma persona.

*Marco Tulio Castro. Dirige la Revista Diez4 de periodismo narrativo contra toda circunstancia. Acá todos los textos de Marco Tulio en Diez4. En esta investigación participó el estudiante Cesar Pérez. Este texto fue publicado originalmente en Diez4 el 19 de octubre de este año.

Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx

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