La democratización de los medios, según #YoSoy132
Con luces y sombras, el Grupo de Trabajo por la Democratización de los Medios de #YoSoy132 presentó un primer planteamiento para este propósito con base en seis ejes fundamentales. La reflexión tiene elementos positivos sobre los que se puede construir pero también algunas ideas desafortunadas que han ocasionado severas y justificadas críticas.
Por Lado B @ladobemx
25 de septiembre, 2012
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Roberto Alonso*

Con luces y sombras, el Grupo de Trabajo por la Democratización de los Medios de #YoSoy132 presentó un primer planteamiento para este propósito con base en seis ejes fundamentales. La reflexión tiene elementos positivos sobre los que se puede construir pero también algunas ideas desafortunadas que han ocasionado severas y justificadas críticas.

En sus respectivas cuentas de Twitter, por mencionar un par de casos, analistas como Raúl Trejo y Gabriela Warkentin lamentaron lo dado a conocer por el grupo en el que participan 19 asambleas del movimiento. El ex presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI) opinó que la propuesta es “pobre, esquemática, tremendista, políticamente ineficaz”. La académica, por su parte, señaló que la afirmación “pudo haber sido un horizonte de desarrollo, y es un catálogo de revanchas”. No han sido los únicos.

Los seis ejes, que de acuerdo con lo expuesto por los universitarios orientarían la elaboración de un documento con exigencias mínimas para democratizar el sistema de medios de comunicación, son los siguientes: 1) establecer un modelo de medios con tres sectores: comercial, público y social-comunitario, limitando al primero, fortaleciendo al segundo y apoyando al tercero; 2) asumir la comunicación a través del espectro radioeléctrico como un servicio público, con un Estado capaz de evaluar los medios y sus contenidos; y 3) garantizar condiciones para el ejercicio de la libertad de expresión entre comunicadores y periodistas.

Asimismo: 4) favorecer presupuestal y jurídicamente proyectos de comunicación autónomos locales y comunitarios; 5) implementar en la legislación nacional los tratados internacionales en materia de derecho a la información y libertad de expresión, así como criterios jurisprudenciales de organismos multilaterales; y 6) promover políticas públicas para impulsar la alfabetización mediática y eliminar la brecha digital.

Ciertamente, las directrices difundidas junto con sus considerandos y puntos de partida son limitadas al mismo tiempo que ambiciosas y destilan de alguna forma aires de venganza con el escenario actual de concentración mediática. La crítica -a la que no le falta razón- es dura e incluso inclemente pero coincide, en buena medida, en un aspecto fundamental: la democratización de los medios de comunicación debe suceder, es una tarea pendiente y, por tanto, se espera más de este grupo de trabajo.

A tono con la discusión propuesta por uno de los integrantes de este equipo pongo sobre la mesa una hipótesis: el posicionamiento de #YoSoy132 es una respuesta reactiva, no proactiva, debido a la ausencia de reformas sustanciales en un sector en el que ciertos actores han acumulado tanto poder que su capacidad de influencia en la esfera política no sólo es real sino excesiva, desplazando al regulador e imponiendo sus reglas. Y aquí el legislador es deudor.

Desde este supuesto puede deducirse el ánimo “revanchista” que tiene el documento, llevándole a formular ideas disfuncionales como la del Estado responsable de dotar de presupuesto a medios comunitarios. Si el Estado ha avalado la consolidación del poder mediático mediante la concentración de frecuencias del espectro radioeléctrico, ahora debe hacerse cargo de nivelar la relación con la asignación de recursos económicos a los medios autónomos y comunitarios, pareciera ser la lógica que está detrás.

Esto no quiere decir que no haya que generar condiciones para que estos medios sean viables económica y jurídicamente, pero existen otras vías, como permitir la comercialización acotada de espacios de transmisión.

Una abusiva conjetura que atraviesa todo el planteamiento del grupo reconocido por la Asamblea General Interuniversitaria es aquella que sirve para argumentar su radicalidad, sosteniéndose, por ejemplo, que la televisión ha modificado “a una sociedad que sólo conoce y acepta lo que recibe de este medio.” Tampoco carecen de razón juicios de este tipo, sin embargo, se utilizan a conveniencia, con generalidades extremas que nutren posturas intolerantes y reducen a su mínima expresión la capacidad crítica de quienes están del otro lado de los micrófonos y las pantallas, como si se tratara de sujetos pasivos.

Por supuesto que es necesaria la democratización de los medios, que no quede duda, y claro que la propuesta del Grupo de Trabajo por la Democratización de los Medios es pertinente en más de un sentido. Como lo ha subrayado el consejero electoral Alfredo Figueroa, la democracia requiere frenar a los poderes fácticos y, en consecuencia, es prioritario desconcentrar el sector, fomentando la competencia y la pluralidad de voces, tantas como sean posibles y exigibles. Debe hacerse, no obstante, reconociendo la complejidad de la problemática y evitando posiciones maniqueas.

 

*@rialonso es secretario del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (AMEDI). Comunicólogo de formación, maestrante en Políticas Públicas y apasionado del derecho a la información y del periodismo. Participa en el Nodo de Transparencia de Actívate por Puebla.

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