Bordando por la paz: historias que deben ser contadas

Bordando por la paz: historias que deben ser contadas

Mely Arellano

@melyarel

La aguja atraviesa la tela y va arrastrando el hilo que, con cada puntada, va formando una letra, una palabra, un nombre, una historia que debe ser contada.

Foto de Rosa Borrás, tomada del muro de FB de Bordados por la Paz.

Y con ello no se hará justicia, ni desaparecerá la impunidad ni cambiarán los hechos, pero así Guadalupe no será sólo un número en una estadística, o el número de un expediente, sino una niña de 13 años que fue asesinada a golpes en la colonia Zaragoza, en Puebla, en octubre de 2010.

El crimen es uno más de los que han sucedido en el sexenio que termina en este país cada vez más violento. Su muerte no tuvo que ver con fuegos cruzados o narcotráfico, pero eso no lo hace menos importante. Su tío, un bolero que trabaja en la zona del centro, lo sabe. Él pidió que se bordara ese pañuelo, este domingo lo vio por primera vez.

En un Estado donde se ha aprendido a vivir con exceso de precauciones y miedo, contar esas muertes, bordarlas en pañuelos es, además de un acto de amor, un ejercicio de conciencia, un esfuerzo de visibilización, es recuperar el espacio público, hacer comunidad sin tener delante una computadora. Es sentarse con otros desconocidos que se van haciendo conocidos cada domingo, es compartir unas horas y hablar, también, de la vida.

La de este domingo fue una jornada especial para Bordados por la Paz en Puebla, que se unió a los 10 días por la paz y los derechos humanos. Hubo música, un pequeño taller de bicimáquinas que dieron integrantes del colectivo Acción Directa Autogestiva (ADA), y muchas agujas arrastrando hilos que, con cada puntada, formaron letras, palabras, nombres…

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