¡Que nos gobiernen los sacerdotes!

¡Que nos gobiernen los sacerdotes! [o cómo lidiar con funcionarios persignados]

Tuss Fernández

@ituss79

“Necesito soñar antes de comenzar a dormir…”

Yo confieso [y supongo que no es muy bueno iniciar con una confesión] que los golpes de la vida y mis fracasos sentimentales, me han hecho abandonar muchos ideales en el camino. De un tiempo para acá he intentado hacer del pragmatismo un aliado, y de a poquitos [muy, muy poquitos] he dejado a un lado la cursilería y el romanticismo. Eso no quiere decir, en ningún momento, que no tenga la versión hollywoodesca  de [un día de] mi vida. Ya saben: la luz de la luna, una mesita en los portales de un céntrico restaurante, música de violines, mi querer y yo, un plato enorme de espagueti a la boloñesa… ok, La Dama y el Vagabundo no es el mejor ejemplo pero así es mi imaginación.

La verdad es que aunque en términos personales no deberíamos descartar este tipo de escenarios reales o fantásticos, en términos colectivos, nuestras aspiraciones deberían ser muy distintas. Tengo la seguridad de que quiero un planeta así, pero me conformo con una ciudad [ésta que habito, Puebla] donde pueda caminar de la mano [o no] con mi pareja y pueda besarla [o no] y que el hecho pase total y completamente desapercibido. Sí, así como sucede con la gran mayoría de parejas heterosexuales.

El problema [y vaya que es un problema] es que casi puedo asegurar que si las probabilidades matemáticas de elegir el mismo espagueti nos hicieran finalmente coincidir para terminar la escena con un beso, la música de violines se convertiría instantáneamente en un thriller de terror y, de pronto, tendríamos encima la mirada de alguno o varios incómodos. Ya por no decir que, muy probablemente, llegarían los inspectores del Ayuntamiento a pedir que nos retirásemos del lugar por lo menos hasta no haber tramitado el permiso correspondiente para demostrarnos nuestro afecto. Deben saber que besarse en una mesita ubicada en los portales, es un acto público [según el artículo 380bis del Coremun al que nos hubiera referido la Segob].

De la misma manera nos hubieran perseguido las patrullas como en la película de ET si por nuestra cabeza hubiera pasado tomar nuestras bicis para recorrer el Paseo de San Francisco con nuestr@s amig@s del Colectivo [LGBTTTIQ] porque, ash, el artículo 380 [sin bis] también lo considera un acto público.

Imagínense si, altruistas como somos, nos pasara por la mente repartir chocolates en el Zócalo para darle a la gente su dosis mínima de dopamina y contribuir un poquito a combatir la depresión. No, pues también se necesita permiso porque así lo dice el artículo 480 [sí, ya no es el 380 ni tampoco el 380 bis] del Coremun.

Y ¿si nos registramos para el Consejo Ciudadano de Derechos Humanos? ¡Seguro que ese no es un acto público y no necesitamos permiso! Ah, pero olvidaba que un par de regidoras dicen que los de preferencias sexuales ‘diferentes’ [a las heterosexuales] no tenemos calidad moral para andar en rollos de esos.

¡Demonios, gente! estamos en problemas. Bueno, ni tanto, porque hasta eso que como nuestros funcionarios son bien buena onda y súper tolerantes, si les pedimos que nos den chance, igual y se tardan 15 días en dar respuesta a nuestra solicitud, pero seguro que nos la dan. Su moral y su abiertísimo criterio jamás les impediría censurarnos en ninguno de los casos anteriores, bueno, al menos no mientras contáramos con su aprobación.

Tomada del TL de @pmontiels

¡Y que nadie se atreva a dudarlo! Ni lo intenten y empiecen de ‘revoltosos’ porque los funcionarios podrán ser distraídos al citar los artículos a los que tenemos que ajustarnos, pero siempre, siempre tendrán a la mano una imagen de los ‘permisos’ que nos otorgan con toda la buena voluntad del mundo mundial.

Tristemente, y sin los toquecitos de ácido humor de estas líneas, esta es la situación en Puebla. Así es como las autoridades municipales tratan a los integrantes de la comunidad LGBTTTIQ.

Nuestras marchas y manifestaciones ya no son derechos constitucionales sino ocurrencias nuestras que requieren de un permiso. El trabajo que activistas realizan para prevenir el VIH-Sida se redujo, de una campaña que opera con recursos internacionales [y que debería ser chamba de las propias autoridades], a un meritito ‘acto público’ que debe ser autorizado por el Ayuntamiento.

Si el Secretario de Gobernación sospecha que detrás de nuestra inconformidad ante la ridiculez de sus planteamientos hay un trasfondo político [y que no le interesa cuál es, también dijo], yo le digo que no. Que lo que hay, es un trasfondo social.

No somos alborotadores ni nos tiramos al piso, señor Secretario, y aunque haya declarado que no le interesa saberlo [el trasfondo], me permito recordarle que Puebla ocupa el 5º. lugar a nivel nacional en casos acumulados de VIH-Sida y el 13º en casos de incidencia. Si a usted como funcionario no le preocupa, a nosotros como comunidad, sí.

Pero sobre todo, me permito recordarle que Puebla fue residencia y está a muy pocos kilómetros del lugar en donde fue arteramente asesinada la activista Agnes Torres Hernández, víctima de la homofobia-transfobia que muchas veces promueven, solapan y de la que se enorgullecen quienes deberían estar para protegernos: los servidores públicos.

Puedo renunciar a muchos de mis ideales, pero jamás al de exigir, ejercer y proteger mis derechos ciudadanos. Pedir permiso para recibir un trato igualitario y equitativo al de la población heterosexual, no. Yo no.

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