Los medios olímpicos
Ignorancia, improvisación, gazapos, palabras insulsas, lugares comunes, intervenciones inoportunas, criterios editoriales anquilosados, excesiva comercialización, chovinismo exacerbado y una pulsión por el humor de pastelazo; todo ello en el evento mediático internacional más importante del año.
Por Lado B @ladobemx
13 de agosto, 2012
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Hugo León Zenteno*

@hugoleonz

Ignorancia, improvisación, gazapos, palabras insulsas, lugares comunes, intervenciones inoportunas, criterios editoriales anquilosados, excesiva comercialización, chovinismo exacerbado y una pulsión por el humor de pastelazo; todo ello en el evento mediático internacional más importante del año. La gallina de los huevos de oro dejó de producir por sí sola, la audiencia comenzó a romper muchas inercias y ante la nueva y variada oferta, las patrones de recepción se modificaron. Los Juegos Olímpicos, al igual que otros eventos de gran calado, son una prueba de fuego para los medios de comunicación que pretenden generar una cobertura de los mismos. No todos la pasaron.

Las mayores carencias estuvieron en las dos grandes televisoras nacionales. Tanto Televisa como TV Azteca basaron su propuesta en un resumen en horario estelar (para compensar la diferencia de horas entre México y Europa) que trató de seguir la fórmula implantada en 1986 por Los Protagonistas. No obstante, lo que en su momento funcionó como un completo programa de contenidos deportivos y socioculturales ahora ha devenido, en el afán de ser francos, un espectáculo más cercano a lo circense que a lo periodístico. El malabar, la parodia, la guarrada e incluso la falta de respeto han sustituido a la reseña, la crítica, el análisis y la contextualización. Merece mención aparte, por supuesto, la ridícula escenografía de TV Azteca, que semejaba una extraña mezcla entre Alicia en el país de las maravillas y La bella y la bestia. En cuanto a las transmisiones matinales, usualmente emparejaron a un integrante de su equipo de comentaristas (en su mayoría habituales en las transmisiones de futbol nacional) con un “especialista”, generalmente ex-atletas de cierto renombre; lo cual genera al menos tres problemas: el volleyball no se narra como el futbol, muchos deportes requieren una preparación técnica para su cobertura y alguien que pisó las canchas no necesariamente tiene facilidad de palabra y análisis. Las excepciones son pocas y acaso valga destacar un par: Pepe Segarra (comentarista de Televisa) quien usualmente demuestra una adecuada preparación y Luis Niño de Rivera (especialista en clavados de TV Azteca) cuya elocuencia y capacidad analítica son verdaderamente disfrutables.

En la televisión de paga, TVC Deportes, después de su éxito en Beijing 2008, volvió a ofrecer una cobertura razonablemente completa y con un mejor sentido periodístico; los analistas Juan Manuel Rotter y Nelson Vargas apuntalaron un equipo de comentaristas sobrio y diligente. En el caso de ESPN, la carencia de los derechos de transmisión decididamente mermó su impacto en la audiencia, aunque la otrora impensable dupla Jose Ramón Fernández-Jacobo Zabludovsky funcionó muy bien.

El parteaguas, sin duda, estuvo en los cibermedios. El planteamiento de Terra, con la posibilidad de tener acceso a más de una decena de canales simultáneos y con funciones interactivas sobre demanda (repeticiones, estadísticas, superimposición de canales, archivo de video, etc.), constituyó una nueva y mejor manera de acercarse a un espectáculo de esta magnitud. Además, fue un ejercicio pleno de recepción crítica: si me interesaba mirar la final de hockey sobre pasto femenil, podía hacerlo aunque las televisoras estuviesen siguiendo una competencia atlética con un connacional rezagado. Y para los mediana o altamente iniciados en el deporte y en los Juegos Olímpicos, la ausencia de comentaristas en la versión Plus de la multitransmisión de Terra, resultó un rasgo mucho más satisfactorio de lo que pudiera pensarse.

A final de cuentas, los números hablan. Las televisoras nacionales sufrieron una ostensible baja en sus nivelesdeaudiencia. Sus compromisos comerciales y editoriales, aunados a plantillas precariamente preparadas, acarrean mayores dificultades para generar un verdadero cambio en futuras ediciones de eventos de este tipo. Para esas pretenciosas empresas, Río de Janeiro 2016 quizá suponga un pan con menos azúcar.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y consultor en Media literacy, en Infonomía para cibermedios y en Calidad académica. Editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Otras de sus áreas de interés profesional son: hemerografía comparada, ciberperiodismo y arte moderno. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo Electrónico: hugoleonz@gmail.com

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