En la sierra norte el poder es cosa de familia

En la sierra norte el poder es cosa de familia

Foto: elimparcialsn.wordpress.com
  • En esta región es común ver cómo el poder se transmite a hijos, naturales y políticos, hermanos, tíos, sobrinos y demás parentela, para evadir el dique de la no reelección
Ernesto Aroche Aguilar

@earoche 

La sierra poblana guarda un rosario de historias relacionadas con los cacicazgos políticos tal que pareciera que ahí nació «don Perpetuo del Rosal», el personaje que Rius creó para mofarse de los caciques. Aunque, a diferencia del presidente municipal de San Garabato de las Tunas, acá el poder se hereda y se transmite a hijos, naturales y políticos, hermanos, tíos, sobrinos y demás parentela, para evadir el dique de la no reelección que nos heredó la revolución mexicana, sin soltarlo jamás.

Hace unos días el portal de noticias e-consulta puso reflectores sobre el tema al contar la historia de Benjamín Silva Cuevas, seis veces alcalde en Ahuazotepec —dos como interino y cuatro como constitucional—, municipio enclavado en la sierra Noroccidental.

Aunque si de cacicazgos se trata en Puebla uno de los que más se recuerdan es el de la familia Ávila Camacho, oriunda de Teziutlán –municipio ubicado en los linderos de la sierra negra—, que logró incluso ubicar a uno de los suyos, Manuel, en la silla presidencial entre 1940 y 1946; y a los otros dos Maximino y Rafael como gobernadores en Puebla.

Maximino además ocuparía una secretaría de estado durante el sexenio en que gobernó el país su hermano y construyó un grupo político que le permitiría mantener el control del estado durante varias décadas decidiendo sobre gubernaturas y alcaldías, el Congreso local y demás,  y colar a uno de los suyos: Gustavo Díaz Ordaz, en la Presidencia de la república.

Una línea que estirándola un poco llega hasta el actual gobernador Rafael Moreno Valle, nieto del médico militar nacido en la mixteca poblana que Díaz Ordaz impulsó como gobernador del estado entre 1969 y 1972. Durante su corto periodo al frente de la administración estatal el general Moreno Valle cobijó a Melquiades Morales Flores, quien a la postre se convertiría en gobernador también y, a su vez, cobijaría al nieto impulsándolo como su Secretario de Finanzas, lo que le permitiría llegar a Casa Puebla.

En su libro “Caciquismo y estructura de poder”, Luisa Paré escribió: “Frente a la imposibilidad legal de conservar ciertos puestos políticos por más de un periodo electoral, los caciques posrevolucionarios han tenido que desarrollar métodos más sutiles para conservar el poder. El continuismo o el poder del funcionario saliente de nombrar a su sucesor es una función directa de la ausencia de la participación política real de las masas”. La cita no necesita interpretación.

Dos dinastías políticas

Con el arranque de los ochentas asentó sus reales en la capital poblana el “huachi power”, el grupo político que traía consigo desde el municipio de Huauchinango, ubicado en la sierra norte, Guillermo Jiménez Morales, abogado de profesión que tras obtener en dos ocasiones una curul en la Cámara de Diputados se perfiló como candidato a gobernador. Eran los ochentas y la maquinaria priísta funcionaba como reloj suizo.

Tras concluir 1987 su periodo como habitante de Casa Puebla, Jiménez Morales amarraría una nueva curul en la cámara de diputados, esta vez como representante del Distrito Federal. Su hermano Alberto en cambio se colocaría como jefe de asesores, y poder tras el trono en el sexenio de Mariano Piña Olaya, no en balde le había gestionado una credencial de elector para que llegara como diputado federal por Huauchinango entre 1982 y 1985, dos años después sería electo gobernador del estado.

Para la década de los 90 los Jiménez Morales ensancharían su esfera de influencia a los tres ordenes de gobierno: el federal con la llegada de Guillermo a la Secretaría de Pesca en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el estatal con Alberto dirigiendo el estado tras bambalinas, y a nivel municipal con Pilar gobernando Huauchinango.

Foto: EsImagen

Pero dice el dicho que para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo, a la par en Huauchinango comenzaba a tomar fuerza Alberto Amador Leal, un joven universitario que alcanzó en 1998 una diputación federal, que suspiró por la gubernatura del estado sin conseguirlo, y que impulsó a sus dos sobrinos: primero Carlos Martínez Amador y más tarde Omar como presidentes municipales.

Y de acuerdo con el columnista Mario Alberto Mejía, la familia entera se perfila a buscar nuevamente la alcaldía del lugar y entre los apuntados está el hermano del varias veces diputado, Juan Manuel y, claro, los sobrinos.

Amador Leal ha sido hasta el momento cinco veces diputado, alternando curul entre la Cámara de Diputados y el Congreso del Estado. Lo más cerca que ha estado de Casa Puebla fue cuando despachó como Secretario de Desarrollo Social en los últimos años del sexenio de Melquiades Morales.

Un café de altura

A mediados de junio, ya en la recta final de campaña electoral, el entonces candidato al Senado Javier Lozano Alarcón tuvo que salir por piernas de Xicotepec, uno de los municipios más cercanos a Necaxa bastión del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

En su apresurado escape de un grupo de electricistas cesados durante su paso por la Secretaría del Trabajo dejó detrás a su equipo de seguridad y los dos vehículos con los que llegaron hasta ese municipio serrano. El alboroto causado por los manifestantes que se percataron que dentro de las camionetas de Lozano había dos rifles AR15 llevó a la escena serrana no sólo a varios agentes de seguridad estatal y municipal sino incluso al propio secretario de Seguridad Pública en el estado, Ardelio Vargas Fosado.

Foto: EsImagen

Su presencia en el lugar no fue del todo casual, Vargas Fosado, diputado federal con licencia y ex titular de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), fue presidente municipal de Xicotepec entre 1987 y 1990 y forma parte de una de las familias políticas de la región, por el ala Vargas: cafetaleros, por el ala Fosado: ganaderos.

Dos de sus tíos, Emigdio y Marco Antonio Fosado Ortiz fueron presidentes municipales y diputados locales, el segundo de ellos durante el sexenio de Jiménez Morales.

Alfonso Lechuga Fosado, otro de los integrantes de la familia Fosado, no sólo es uno de los ganaderos más prósperos de la región, sino que fue diputado local entre 1990 y 1993 y presidente municipal de Zihuateutla, municipio colindante con Xicotepec, al igual que su hermano Hugo y su cuñado Armando Garrido.

Según escribió en 2006 Mario Alberto Mejía, la presidencia municipal de Xicotepec que obtuvo Ardelio Vargas Fosado se debió, en gran parte, al apoyo de la familia Esquitín, otra de las familias políticas que controlan la región.

Y aunque Vargas Fosado se mantuvo lejos de su tierra, en 2012 logró imponer a su hija Guadalupe Vargas como candidata del PRI a diputada federal por ese distrito serrano –dejando en el camino a René Lechuga Fosado dirigente de la CNOP en la región–, sobra decir que se quedó con la curul. Y ahora busca llevar a la presidencia municipal a Benito Vargas, su primo.

“Palacio en venta”

Aunque el caso que puso los reflectores sobre la región y sus jefes políticos es el de Benjamín Silva Cuevas, alcalde en seis ocasiones de Ahuazotepec. Una historia que de acuerdo con el portal poblano comenzó desde 954 cuando Félix Cuevas, tío de Benajmín, se encaramó en la presidencia de ese municipio. Aunque sería en su segundo periodo como alcalde de la localidad entre 1963 y 1965 cuando consolidaría su cacicazgo.

Impondría primero al entonces gerente de la empresa Materiales y Materias Primas de Ahuazotepec –empresa subsidiaria de Grupo Monterrey que controla la extracción de feldespato en la región– Agustín Viscaíno, y luego a otras dos personas afines más: Amado Alderete y Encarnación Trejo, tras ellos llegaría Marciano Cuevas, su hermano, y al final de ese periodo que concluyó en 1978 llegaría Benjamín.

Silva Cuevas despacharía como presidente municipal en cuatro ocasiones entre 1979 y el actual periodo 2011-2014, aunque en el inter ha logrado imponer a sus familiares, como su sobrino Gerardo Silva o sus ahijados Bernardo Gustavo Ramírez y Raymundo Olvera.

“Postuló a su esposa como candidata a la alcaldía y ya impulsa a su hijo, quien ha comenzado a ‘trabajar’ para ser candidato a edil en el próximo ejercicio” que durará extraordinariamente 4 años y 8 meses. Pero mientras eso sucede Silva Cuevas ya se prepara para vender la planta baja del palacio municipal.

Texto publicado originalmente en el portal AnimalPolítico.com

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