The times they are a changin; un minúsculo homenaje a Bob Dylan

The times they are a changin; un minúsculo homenaje a Bob Dylan

Alejandro González Gatica

Me piden que escriba un artículo sobre música; bueno, pues está reciente el reconocimiento de Barack Obama a Bob Dylan y su presencia en México; pero cómo escribir un artículo acerca de un tipo que bien merece un libro (por cierto, estoy leyendo la Autobiografía de Bertrand Russell: más de mil páginas. No menos merecería el buen Bob). ¿Repasar su trayectoria y mencionar su discografía? No. Ahí está Wikipedia.

¿Cómo escribir un artículo breve de un tipo que ha grabado más de 70 discos y escrito cerca de mil canciones con un nivel lírico que justifica su propuesta constante para el premio Nobel y que ha engendrado imitadores  en todas partes del mundo? Porque algunos son verdaderamente engendros, y algunos de éstos son imitadores inmensamente populares que arrastran la voz o imitan sus juergas o se montan una guitarra acústica al hombro o componen crónicas rimadas de borracheras sin sentido que luego hacen pasar por poemas inspirados.

 A HARD RAIN’S GONNA FALL

 Oh, ¿dónde has estado,

mi niño de ojos azules?

¿dónde has estado,

mi hijo querido?

He andado a los tropezones por las laderas

de doce brumosas montañas,

he recorrido y me he arrastrado

por seis autopistas serpenteantes,

he andado perdido

en siete bosques umbríos,

he estado frente

de una docena de mares muertos,

me he adentrado diez mil millas

en la boca de un cementerio,

y puedo decirte que será dura

 muy dura la lluvia que vendrá.

Oh, ¿y qué viste,

mi niño de ojos azules?

¿Qué viste,

mi hijo querido?

Vi un recién nacido

Rodeado de lobos salvajes

vi una desierta

autopista diamantina,

vi que de una oscura rama

 goteaba sangre fresca todavía,

vi una habitación llena de hombres

con martillos sangrantes,

vi una blanca escalera

cubierta de agua,

vi diez mil oradores

de lenguas truncadas,

vi pistolas y espadas

en manos de niños,

y puedo decirte que será dura

 muy dura la lluvia que vendrá.

¿Y qué oíste,

mi niño de ojos azules?

¿Qué oíste,

mi hijo querido?

Oí el sonido de un trueno,

que rugió sin aviso,

el bramar de una ola

que se tragaría al mundo,

oí cien tamboreros

con manos en llamas,

oí diez mil susurros

que nadie escuchaba,

oí que alguien moría de hambre,

mucha gente riendo,

oí la canción de un poeta

muriendo en la cloaca,

oí un payaso

llorando en el callejón,

y puedo decirte que será dura

 muy dura la lluvia que vendrá.

Oh, ¿Y a quién conociste,

mi niño de ojos azules?

¿Y a quién encontraste,

mi hijo querido?

Conocí un niño llorando

junto a un poni muerto,

conocí un hombre blanco

que paseaba un perro negro,

conocí una mujer joven

de cuerpo incendiado,

conocí a esa chica

que me regaló un arco iris,

conocí a un hombre

herido de amor,

conocí a otro,

herido de odio;

y puedo decirte que será dura

 muy dura la lluvia que vendrá.

¿Y ahora qué harás,

mi niño de ojos azules?

¿Y ahora qué harás,

mi hijo querido?

Regresaré

antes que la lluvia caiga,

caminaré hacia el abismo

del más profundo bosque umbrío,

donde la gente es mucha

y sus manos vacías,

donde el veneno

contamina sus aguas,

donde el hogar del valle

se desalienta en la sucia prisión,

y la cara del verdugo

es siempre bien escondida,

donde el hambre amenaza,

donde las almas se olvidan,

donde negro es el color,

y ninguno el número,

y lo contaré, lo diré, lo pensaré

y lo respiraré,

y lo reflejaré desde la montaña

para  que todas las almas puedan verlo,

luego me mantendré sobre el océano

hasta que comience a hundirme,

pero aprenderé bien mi canción

antes de empezar a cantarla,

porque puedo decirte que será dura,

Que será dura la lluvia que caerá.

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