Norten y su impronta en Puebla
El monumento emblemático del 5 de mayo, el museo Amparo y un centro comercial llevarán su firma
Por Ernesto Aroche Aguilar @earoche
13 de abril, 2012
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Ernesto Aroche Aguilar

@earoche

Un monumento emblemático que no tiene monumento, una intervención arquitectónica a los espacios vacíos de un museo y un centro comercial que hasta el momento sólo existe en papel, son los tres proyectos arquitectónicos que han puesto a Enrique Norten, uno de los star arquitec mexicanos, a caminar por las baldosas de la angelópolis.

Norten, uno de los responsables de la renovación arquitectónica de la colonia Condesa, del hotel Habita en la zona de Polanco y de la Escuela Nacional de Teatro del Cenart –Centro Nacional de las Artes—, sumó a su cartera de clientes al gobierno del estado, a la Fundación Amparo y a Liverpool para dejar en la ciudad la huella de su trabajo.

Una huella que a decir de especialistas si bien puede tener un componente de mercadotecnia urbana –sin llegar a binomios como el Guggenheim-Bilbao— también debe servir para abrir la ciudad a una arquitectura que sin olvidar el pasado y la tradición comience a mirar al futuro.

Emma Morales García de Alba, directora del departamento de Arte, Diseño y Arquitectura de la Universidad Iberoamericana, sostiene que existe una tendencia mundial a contratar a “arquitectos icónicos, que puede ser válida o no, pero en que términos de venta de las ciudades como espacios de inversión o centros turísticos ha resultado exitosa”.

Aunque puntualiza: “es importante que más allá del valor del nombre, tiene que haber mucha responsabilidad en las intervenciones porque cuando la obra es más importante que la sociedad que la habita entonces hay ahí una falla, lo que tenemos que tener claro que haya ese diálogo entre la sociedad que la habita, el espacio y la arquitecta que se propone”.

Un monumento sin monumento

El corazón del Centro Cívico 5 de mayo será una obra monumental, emblemática del 150 aniversario de la batalla, vestida en madera con líneas ondulantes que suben y bajan hasta llegar a algunos arenales lúdicos, con una cafetería mirador que servirá también de salón de usos múltiples y zonas de reposo.

Lo único que no tendrá será un monumento o escultura u objeto similar celebratorio porque el planteamiento que presentó a concurso el despacho TEN Arquitectos –que dirige Enrique Norten— fue intervenir la zona para transformarla en un espacio público, en una escultura horizontal que impulse “la convivencia a través de los intersticios que surgen de la elevación premeditada de niveles”.

Pero aunque el planteamiento es llamativo es un asunto que ya se trabaja desde hace algunos años en otras partes del mundo, sostiene Alejandro Hernández Gálvez, crítico, arquitecto y curador, responsable de la exposición retrospectiva de la obra de Norten que ofrece el museo Amparo.

“Es algo a lo que México llegamos tarde, acaba de cumplir 30 años el monumento a los caídos de Vietnam de Maya Lin en Washington, uno de los primeros, o al menos el más notorio, en donde la monumentalidad se transformó en otra cosa, es otra idea de monumentalidad que se acerca mucho a estrategias de intervenciones artísticas. En México nos habíamos resistido un poco, y no tanto por arquitectos y en general la gente sino desde el gobierno, que buscan un monumento grande, que los haga reconocibles a la distancia. Por eso tal vez el éxito irrefrenable que tiene el trabajo de Sebastián”.

Por lo pronto la obra, que deja de lado lo simbólico con apenas unos guiños como el que se hayan plantado 150 árboles, uno por cada año transcurrido desde la batalla que dirigió Ignacio Zaragoza, y que se haya colocado 11 tubos de luz uno por cada batallón, está presupuestada en 44.4 millones de pesos.

Aunque para Hernández Gálvez ese simbolismo minimal es también un reflejo de la sociedad actual:

“Lo simbólico lo debemos entender como algo que se construye y reconstruye continuamente, ya no vivimos en una época en que las ideas se quedan fijas y nos unen como mexicanos, o como poblanos, nos entendemos simbólicamente porque compartimos afinidades en algunas cosas pero hay otras 30 en que no, ya no hay una unidad fija como lo simbólico que nos une a todos, y si eso ya no existe sería a mi juicio pretensioso o inútil que arquitectos o productores de símbolo se sintieran responsables, incluso capaces de dar una respuesta simbólica por todos”.

La reinvención

Albergado en una serie de casonas de los siglos XVI al XVIII que alguna vez fueron hospital y escuela en varias etapas, el museo Amparo lanzó en 2010 una convocatoria para renovar el espacio.

El concurso fue ganado por una propuesta que ofrecía el uso de cajas de cristal que rebasan la altura del inmueble aprovechando los patios interiores, la intervención del vestíbulo para hacerlo funcionar como un espacio público más y el uso del techo del inmueble como una quinta fachada pero también como una terraza para la interacción de los visitantes.

La propuesta venía firmada por el despacho TEN Arquitectos, y a decir del propio museo en un cuestionario que fue contestado a Lado B “cumple con criterios de funcionalidad y servicios al público, además de que su propuesta enfatiza la transparencia, el aprovechamiento de la luz y la posibilidad de redescubrir el paisaje poblano”.

La obra, a la que se asignó un presupuesto de 200 millones de pesos –de los cuales 25 serán entregados por Conaculta y 5 más saldrán del erario estatal–, cuenta con los permisos correspondientes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y sólo removerá lo que se hizo en la intervención arquitectónica de los años 90, “todo lo demás se conserva y actualiza”.

En ese sentido, Francisco Vélez Pliego, presidente del Consejo Ciudadano del Centro Histórico y Patrimonio Edificado, cuestionó que el museo no cuidara la intervención que se hizo al inmueble en ese primer momento, no se generó una memoria técnica de la intervención, ni se documentó el proceso.

Pero calificó de correcto y no agresivo el trabajo que se está haciendo en la nueva intervención, incluso en lo que se está haciendo en la azotea que sobrepasa la altura del inmueble, pues se ha cumplido con las recomendaciones de los organismos consultores como el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos por sus siglas en inglés).

 Organismo que por cierto criticó el trabajo de intervención que el arquitecto hizo en el Museo del Chopo.

En ese sentido, Hernández Gálvez sostiene que a diferencia de lo sucedido con el museo ubicado en la colonia Santa María la Ribera en la ciudad de México, en donde se llenó un espacio vacío con una estructura de cristal que atraviesa transversalmente el museo. acá el proyecto busca “aprovechar los vacíos para dar consistencia a un proyecto que se arma de pedacitos, es una manzana completa armada de proyectos distintos y los vacíos de los patios en lugar de rellenarlos les está dando más aire (con las cajas de cristal) y con eso reorganizar la manera en que se conecta lo ya construido”.

Un espacio comercial

De los tres proyectos, Galerías Serdán es el que menos se conoce aunque se incluyó como obra en proceso en el boletín que manejó el museo Amparo durante la inauguración de la exposición “Los Límites de la Forma” –montaje del mismo nombre del libro que publica la editorial Arquine y que recorre los 26 años de carrera de Norten–.

La maqueta del centro comercial, que estaría o estará ubicado en el bulevar Hermanos Serdán, también forma parte de las más de 100 maquetas expuestas en las salas del museo.

Al respecto el curador de la exposición especula que Galerías Serdán podría ser un proyecto impulsado por la tienda Liverpool.

“Ahí hay una apuesta que está haciendo la empresa de contratar arquitectos con mucho reconocimiento, en el DF acaban de hacer uno con Michel Rojkind, con Iñaki Echeverría tienen otro proyecto otra ciudad de la república, están apostándole al branding, partiendo de la idea  de que un arquitecto conocido va a hacer que mi tienda sea más reconocida”.

Aunque en foros dedicados a la arquitectura como los que se organizan en el sitio skyscrapercity.com hay escepticismo sobre el desarrollo de dicho proyecto, sobre todo porque existen antecedentes de proyectos del despacho que se han quedado sólo en maquetas como el malogrado Guggenheim Jalisco que no llegó a desarrollarse.

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Ernesto Aroche Aguilar