Las palabras
Tantas se dicen, tantas vuelan, pocas se quedan, pocas nos quedan. Las palabras, desde siempre y hasta ahora, nos ayudan a nombrar el mundo, a entender la realidad, a transmitir las tradiciones, a preservar lo valioso. Su carácter elocuente las hace imprescindibles para nuestro quehacer individual y social.
Por Lado B @ladobemx
30 de abril, 2012
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Hugo León Zenteno*

@hugoleonz

Tantas se dicen, tantas vuelan, pocas se quedan, pocas nos quedan. Las palabras, desde siempre y hasta ahora, nos ayudan a nombrar el mundo, a entender la realidad, a transmitir las tradiciones, a preservar lo valioso. Su carácter elocuente las hace imprescindibles para nuestro quehacer individual y social.

Las palabras, cuando acertamos a escribirlas, toman fuerza y se transforman en indelebles; son susceptibles de ser historia, noticia y claro, poesía. Su lectura nos asocia con quien las concibió y nos traslada hasta su cercanía para convertirnos en interlocutores. Así, gracias a ellas, dialogamos con las mentes de hoy y de antes, con quienes forjaron nuestra nación, nuestro pensamiento y nuestra estirpe.

Las palabras, entretejidas cabalmente, nos revelan las ideas humanas, de tantas mujeres y tantos hombres que reflexionan sobre el estado de las cosas, sobre nuestros vínculos con la naturaleza, sobre las interrelaciones con nuestros congéneres, sobre nuestra esencia y nuestra existencia.

Las palabras, afirma el periodista Alex Grijelmo, conllevan un gran poder de seducción, dadas sus posibilidades simbólicas y comunicativas. De manera que nos pueden atraer, convencer o incluso fascinar, llevarnos a la acción, al compromiso e igualmente a la pasión.

Las palabras también suelen ser denuncia. Nos ayudan, en tanto sean agudas y críticas, a sensibilizarnos acerca de las desigualdades, las inequidades, las injusticias, los abusos, las inquinas, los cinismos y los autoritarismos. Duelen, ciertamente, al mostrarnos todo ello, pero su tarea es sembrar en nosotros el enojo y la indignación que puede -y debe- llevarnos a levantar la voz, a actuar organizadamente y a ser partícipes de una construcción social democrática.

Las palabras, pocas veces, sobre todo en este país, nos llevan a meditar, a mirarnos, a una ineludible introspección. A una necesarísima autocrítica, mecanismo indispensable para la corrección de errores y por ello para la evolución, tanto en el plano personal como en el colectivo.

Las palabras, cantaba hace ya tiempo Mocedades: “si no tienen alma, aunque brillen como el sol, que se vayan con el último adiós”. En tu caso, Regina, tenían mucha alma, fibra, valentía, vocación y corazón. Por eso no se irán ni se olvidarán. Ante el intento de silenciarlas, se engrandecerán y nos recordarán que de este lado somos más y que tenemos la razón, el derecho y, principalmente, el poder de decisión.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo Electrónico: hugoleonz@gmail.com

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