Come frutas y verduras
Nada con exceso todo con medida; Aliméntate con leche... Leyendas todas, que aparecen marginalmente en diversos anuncios publicitarios y que de alguna forma pretenden fomentar mejores hábitos nutricionales o bien la moderación en el consumo de alimentos o bebidas.
Por Lado B @ladobemx
09 de abril, 2012
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Hugo León Zenteno

@hugoleonz

Nada con exceso todo con medida; Aliméntate con leche… Leyendas todas, que aparecen marginalmente en diversos anuncios publicitarios y que de alguna forma pretenden fomentar mejores hábitos nutricionales o bien la moderación en el consumo de alimentos o bebidas. Se trata, sin duda, de un tibio llamado a modificar cuánto y qué comemos y bebemos, ante el innegable fenómeno del incremento de la obesidad, tanto en adultos como en niños, tanto en México como en el resto del mundo. La necesidad de una dieta balanceada es, pues, evidente e impostergable.

Hace unas décadas, Abraham Moles, destacado teórico de la comunicación, introdujo la idea de una dietética comunicacional como mecanismo de enfrentamiento ante lo que llamó la opulencia de la comunicación: frente al creciente exceso de la oferta mediática, un claro y razonado proceso de elección y descarte de los mensajes que recibimos, de forma que seamos capaces de absorber más eficazmente su contenido y nutrir así nuestro conocimiento y nuestra personalidad.

Más allá de la cotidiana exuberancia de propuestas mediales y cibermediales, actualmente los espacios televisivos, radiofónicos, periodísticos, cinematográficos y electrográficos (internet y las redes sociales) se hallan aún más saturados. De igual forma, los ámbitos urbanos y paisajísticos. Se trata de las incomparables campañas políticas. Se trata de 20 millones de spots “propagandísticos” (en realidad, en su mayoría son publicitarios puesto que no promueven ideas sino a candidatos como si fuesen un producto de consumo). Se trata de un sinnúmero de impresos tapizando el mobiliario citadino con la efigie del aspirante a diputado, senador, gobernador, presidente y demás. Se trata, claro, de un dispendio del dinero de los contribuyentes; se trata, también, de un atropello que busca convertirnos en votantes voraces; en adiposos glotones de tal exageración.

Así, querido lector, en aras de construir nuestra dieta para los próximos tres meses, conviene imaginar que:

  • Los pendones, banderines, espectaculares, carteles y vallas son como las frituras y otros grasientos antojitos.
  • Los artículos promocionales, despensas y demás regalos o dádivas son equivalentes a las bebidas gaseosas y repletas de azúcares industrializados.
  • Los mitines, los acarreados, los discursos triunfalistas y las promesas ocurrentes son semejantes a las harinas procesadas que son ingredientes de un sinfín de piezas de panadería y bollería.
  • Los insulsos y poco imaginativos comerciales que vemos, escuchamos o leemos son parecidos a un irrefrenable flujo de bebidas etílicas que tienden a nublar nuestro juicio.
  • Los acartonados y limitados debates televisivos que presenciaremos son similares a las innumerables sustancias artificiales que se adicionan a los alimentos que consumimos.
  • Las plataformas electorales detalladas, consultables en los sitios de internet de candidatos, partidos y del Instituto Federal Electoral, pueden semejar a una buena ración de frutas.
  • Las propuestas de integrantes de gabinete, la visualización de coaliciones legislativas y otras prácticas que denotan madurez política son comparables a una abundante mixtura de vegetales.
  • El reconocimiento manifiesto de que los gobernantes de todo tipo son servidores públicos que están a nuestras órdenes (en términos llanos, son nuestros empleados) y que por ende deben transparentar el uso y gestión de todos los recursos públicos, asemeja a una adecuada cantidad de vitaminas y antioxidantes naturales.
  • El notorio y constante manejo de cifras, datos y un cúmulo de información de calidad que contribuyan a diseñar las estrategias resolutivas de la multitud de problemas que hunden a nuestro país (el cómo se pueden concretar las promesas), se equipara a las porciones diarias de proteína requeridas por nuestro organismo.
  • La autocrítica, tan poco frecuente en los políticos – y también en los ciudadanos- es simplemente como el agua. Infaltable para que la vida sea posible.

Buen provecho.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Escuela de Periodismo de la UPAEP y en la Universidad de las Américas Puebla. Sus áreas de interés profesional son: recepción crítica de medios, hipermedios y noticias; análisis del mensaje periodístico en diarios nacionales e internacionales; ciberperiodismo; análisis y consultoría sobre arquitectura de información, usabilidad y calidad semántica en websites. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del arte, el beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo Electrónico: hugoleonz@gmail.com

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